9 de diciembre de 2013

AQUÍ ESTÁ TU MOMENTO

   Quiero que sepas, tú, cabeza insolente que me dices como debería sentirme en lugar de ayudarme a abrirme a la experiencia del sentimiento; que te abandono. 

Quiero que sepas que es normal lo que ocurre mientras ocurra. Cualquier otra teoría es la extraña en esta única realidad y en esta única experiencia, en éste; el verdadero momento existencial. Dime si no, cuál es la razón de que acontezca lo que inevitablemente acontece, si no es porque simplemente es lo único que podría suceder; y eso lo envuelve en un aura de perfección que aún no hemos sabido valorar.

Tú o tu alrededor puede inventar una vida para ti, quizás planear cuán perfecto será todo en tu futuro inexistente, tu felicidad, tus coches o tus viajes. Tu pareja. El tiempo que dedicas a estudiar, a trabajar, a comer o a lavarte los dientes. El hecho de que no vas a morir joven, o de que tienes toda la vida para hacer aquéllo. 

Voy a decirte algo: nada de eso depende de ti, así que no te esfuerces; porque cuanta más esperanza deposites, cuanto más esperes recibir a cambio de tu esfuerzo, cuanto más insistas en lo que tú o lo que cualquier cosa debería ser; más te alejas de aceptar el momento y, por tanto, más te acercas a la infelicidad.

No hablo de conformidad. Hablo de aceptación, de abrirse al espacio y a la experiencia sin juzgar. Si te sientes triste, siente la tristeza. Si te sientes enfadado, siente el enfado. El sentir está disponible para ti; ¿lo estás tú para él?

24 de noviembre de 2013

DE MAYOR QUIERO SER RAPERA O ESCRITORA DE POEMAS

   De mayor quiero ser rapera o escritora de poemas, poeta. 

Pero el flow no llega. Dicen los dichos que "nunca es tarde" pero mi prosa es mejor que mi verso y aquí está el arte del versículo díscolo y descompuesto, que no rima y desentona, el que es imposible recordar, el que nunca será canción del verano o del invierno. 

Leí a Neruda y a Benedetti, y el último me descubrió lo que decía Schopenhauer: "el amor es la compensación de la muerte, su correlativo esencial". Aceptemos a la muerte, a la vida y al amor, y fluyamos en armonía entre el triángulo de nuestra composición, entre las aristas que separan el área de lo esencial, de lo trascendental; aunque flotemos en el espacio de la pirámide que forma el vértice del miedo. El miedo a la muerte, el miedo a la vida y el miedo al amor.

De mayor quiero ser rapera o escritora de poemas, poeta.

El arte del desastre, del desorden o del caos en orden. El arte de entenderte o comprenderte, o quizás aborrecerte. El arte o el descarte. Todo depende del ojo que observa; todo depende del cuerpo que mira; de si algún loco entiende la locura que imaginas. 

Ya no hay tiempo para el dolor. No queda tiempo para el recuerdo. Dicen que las cosas cambian y que nada es eterno, pero sí etéreo como la belleza que se esfuma. Como la inocencia que se pierde o la juventud que se merma. Vamos a hacer verso de prosa, vamos a contonear nuestras formas ante el ojo que asoma o esconde, que limpia o que ensucia, al que envuelve este aroma a frescura temprana, este aroma a siete de la mañana.

                                   

18 de noviembre de 2013

PINTAUÑAS DE TODO A CIEN

   Estoy harta de las etiquetas. Literalmente. Son imposibles de arrancar. En serio, las únicas que terminan saliendo son las de los vasos de Nocilla y después de unos cuantos días de remojo y a base de frotar. 

Mientras no sabía sobre qué escribir comencé a intentar despegar las pegatinas de una laca de uñas, que para mi sorpresa no resultó muy costoso; pero el resultado fue extrañamente inquietante: El envase pasó de ser alguien, a ser nadie. Tan sólo de quitarle la etiqueta se convirtió en una pintura que igual podría haber comprado en los chinos como en una gran superficie, o quizás en una perfumería. Pero más bien se volvió rancio, desconocido, inapetente. Da igual lo que hubiese pagado por él, sin su etiqueta no valía absolutamente nada. De haberlo conocido sin ella yo habría apostado por unos de esos bazares, que ahora se llaman "XINXUAN" en sustitución al clásico "Casi TODO a 150".

De ahí la siguiente pregunta: ¿Somos algo sin nuestras etiquetas? 

Cuando vas a una entrevista de trabajo, o te presentas a un concurso, o conoces a alguien; el guión exige que que hables sobre ti o sobre tus pegatinas. Y mientras tú cuentas lo que crees que eres, mientras dices cosas que a nadie le interesan, la gente va creando su propia historia mental sobre ti, hasta que ya tienen listo su rectángulo mental con tu definición: "Gilipollas" -por decir algo-. Y entonces da igual las etiquetas que tú quieras ponerte, el otro ya te ha asignado la suya propia.

Por eso, porque queremos creer que le gustamos a la gente, insistimos en la idea que tenemos de nosotros mismos y no descartamos eliminar todos esos buenos adjetivos que hemos dejado en nuestro muestrario para tratar que el mundo no nos quite la razón. Actuamos como buenos comerciales y vendemos nuestro producto estrella continuamente; hasta que nos convencemos de que es así como somos: tal y como hemos escrito en nuestra etiqueta. Ahora ya sólo falta plastificarla y pegárnosla en la frente; porque tenemos un miedo terrible a quedarnos como mi pintauñas: despojados de nuestra identidad y vendidos en el todo a cien.

24 de octubre de 2013

"A PARTE DEL OLOR A ALCOHOL Y DE ALGÚN BABEO OCASIONAL..."

   A lo mejor el mundo se ha vuelto loco y a mí ya me aburren las personas interesantes. O quizás tú, particularmente común y socialmente previsible no eres todo lo interesante que te piensas; y los extraños soñadores nos preguntamos por qué lo normal es raro y difícil de encontrar.

Puedo quejarme y hablar de lo que realmente sería lo normal, pero eso es caer -y caigo- en hablar bajo mi propio entendimiento, que para ti, persona que se siente normal, sería una autentica locura. Por eso digo que quizás el mundo esté chiflado, quizás yo no deba hacerme caso, y en verdad "lo normal" son todas estas tonterías a las que nos dedicamos. 

Sigamos con nuestra normalidad, en nuestras estructuras inventadas y nuestro estrés auto-inculcado, queriendo alcanzar no sé cuántas metas con no sé qué finalidad, no vaya a ser que alguno de nosotros se vuelva un poco raro y los demás empiecen a contagiarse de nuestra extraña genialidad...

"...Algunas veces dices cosas muy interesantes..."

21 de octubre de 2013

DALE AL MUNDO CHOCOLATE

   "Las endorfinas son péptidos opioides endógenos que funcionan como neurotransmisores. Son producidas por la glándula pituitaria y el hipotálamo en vertebrados durante el ejercicio físico, la excitación, el dolor, el consumo de alimentos picantes o el consumo de chocolate, el enamoramiento y el orgasmo, y son similares a los opiáceos en su efecto analgésico y de sensación de bienestar".

No sé cuál fue el momento en el que comenzó la curiosidad por verse a uno mismo, pero estamos totalmente diseñados para percibir al mundo y para sentir lo que ese mundo nos provoca; no para vernos como terceras personas ante un espejo que nos cuenta sólo lo que nosotros mismos queremos ver, porque al fin y al cabo es el único momento en el que crees conocerte físicamente. Pero nunca ante un reflejo podrás saber cuál es la forma en la que el resto te percibe; y por mucho que lo intentes, eso no está en tus manos. Da igual cuánto maquillaje o la cantidad de laca que uses, tu belleza florece por sí misma cuando sonríes, cuando haces deporte, cuando practicas sexo, cuando disfrutas con la comida o abrazas a tus seres queridos. Tu cuerpo comienza a liberar endorfinas y una sensación de bienestar aparece en cada órgano, se abre a la plenitud y a la belleza ante la tranquilidad de la existencia, cuando por un instante olvidas que eres una persona, un cuerpo, una materia palpable.

La vida te ama tal y como eres. No necesita ni un sólo cambio en ti, y tú no debes darle ni un mínimo valor a tu apariencia, porque si realmente el tamaño de tus pechos o el brillo de tu pelo fueran algo importante o trascendental, estarías diseñada o diseñado para poder verte a ti mismo como un cuerpo, como una persona, con pechos hermosos y un fantástico cabello. No es un tópico, simplemente el mundo no necesita eso de ti. No es lo primordial, ni lo necesario, ni siquiera ocupa un tercer puesto en el podio. La belleza física es ínfima y subjetiva, y su vida útil diferencial con respecto a nuestras expectativas. 

El mundo necesita que liberes sus endorfinas, como lo hace tu cuerpo cuando comes chocolate. Dale placer, ofrécele tu mejor versión, desata todo tu potencial y emite esa onda de bienestar que todos a tu alrededor necesitan. 

Despierta y deshazte de lo que crees ver en tu reflejo, porque no nos hace falta gente guapa, sino personas que nos abran las puertas de la belleza.

18 de octubre de 2013

TÚ, ESPECTRO INANIMADO

   Distancia física pero no emocional provista de una comunicación continua. Algo que no te deja descansar, que te ata a una persona que no existe en verdad, porque no puedes tocar, ni ver, ni escuchar en una realidad física. Pero ese ser ficticio, algunas veces consigue que tu móvil suene con algún tono ridículo que has asignado especialmente para él, porque te has descargado una aplicación inventada para que conocidos ausentes puedan seguir enamorándote aunque vivan en el puñetero Polo Norte; intentando convencerte de que siguen vivos en alguna parte. ¿Cómo? Me pregunto. ¿Cómo narices vas a existir, si ni uno de todos mis sentidos consiguen percibirte?

Y aquí yo, mientras tanto, imaginando que tendremos niños guapísimos con tu nombre y mi apellido. Depositando la confianza en que el karma va a devolverme todos estos años de tu ausencia y va a regalarnos una vida plena algún día, cuando quizás se alineen los planetas y el ser humano por fin haya encontrado su felicidad.

En serio, ¿cómo voy a conseguir querer a otro Tú que exista de verdad? Si cada tres semanas en mi móvil se produce la gran tragedia de que sé algo de ti desde un lugar remoto en el que te encuentras disfrutando de la vida, y algunas veces me echas de menos. Justo en el momento en el que yo me fijo en alguien, ahí es cuando Tú resurges de tu no existencia y vuelves a mi vida como un espectro inanimado, con forma de caracteres y emoticonos, que me hacen olvidar que no existes en ésta, mi única realidad.

25 de septiembre de 2013

CORAZÓN DE CELOFÁN

   Flotan como barcos de papel, que se hunden poco a poco mientras el agua los inunda. Sobreviven un tiempo y se colapsan de pronto sin razón aparente. Es una especie de pulso entre tú y la vida, tú y la gente, tú y tú.Y entre tanta lucha ahí está un pequeño corazón de celofán, color turquesa como el mar cálido de aguas tranquilas, que aún no están preparadas para embestir contra la orilla y recibir los golpes de las rocas.

Un pequeño corazón apuntalado para evitar el derrumbe por el peso de tus juicios, que no haces más que encargarle proyectos para que tú estés contento, y lo atormentas siempre que no lo consigue.

Un pequeño corazón, retorcido entre la inseguridad y el miedo, que no sabe que él mismo es todo amor; que él mismo es quien puede repartirlo aunque nunca lo haya recibido; que no sabe que las personas no dañan, ni sus palabras, ni sus actos, sólo su propia coraza.

¿Cómo estás mi Pequeño Corazón? ¿Cómo te encuentras para que siempre estés a la defensiva, para que todo sea una ofensa, un acoso, un ataque? ¿Qué te has hecho,  Corazón? ¿Cómo te tratas a ti mismo para hacerte tanto daño?

No renuncien, no terminen. No lo dejen a la espera, ni se paren ante el miedo, mis pequeños corazones de papel...

5 de agosto de 2013

ADÓPTAME, QUE DIRÍA ERIC...

    Llevo fatal las relaciones humanas. Cuando se trata de profundizar, de abrirme a alguien o expresar mis pensamientos, noto una especie de tensión interna que me impide actuar libremente. Puedo percibir cómo me contraigo a nivel físico y mental. Una sensación amarga en la que no me encuentro cómoda. 

Siento cómo tengo que justificarme con mi propio entorno, y vivo una lucha constante entre lo que debería ser y lo que es la realidad en las relaciones. No es tanto la reacción del otro, sino la mía propia antes de que ésta suceda. Dejaré de sentirlo así cuando me de cuenta de que no necesito que me comprendan, que me quieran, que me acepten... 

Adóptame, que diría Eric.


19 de julio de 2013

CON LOS CERDOS AL MATADERO

   Viajando por la autopista dirección Barcelona adelantamos al menos a cuatro camiones que transportaban cerdos. Cerdos hacinados que por su gran tamaño me supuse que iban directos al matadero, y recuerdo especialmente a uno, que intentaba sacar el morro entre los barrotes con unos ojos que parecían salirse de las órbitas. Estaban en un estado parecido al de los hombres que trabajan en esas impresionantes construcciones millonarias de Dubait, que son transportados en guagua y están enlatados como si de un momento a otro fueran a estallar los cristales.

Quitando la idea de que iban a matarlos y de que seguramente habían vivido en circunstancias deplorables, lo siguiente que me vino a la mente fue una comparación en la que los pobres cerdos salen bastante mal parados. No sé de dónde viene esa semejanza que hacemos ni por qué los tenemos en tan baja estima, pero sólo pude pensar en el cochino de Rajoy y sus secuaces. 

Evidentemente los cerdos nunca irían al matadero por sí mismos. Son cerdos, no idiotas. Pero como especie evolucionada que somos, creamos un sistema de transporte en el que no tienen escapatoria y, aún sin quererlo, terminan en nuestros supermercados envasados en forma de longaniza, chorizo, salchichas...; porque simplemente queremos comérnoslos. ¿Y qué pasa entonces con la granja porcina que tenemos montada en el gobierno?

Me baso en el principio de igualdad, esto no es nada más que una defensa de los derechos de los animales. Porque ya que nos negamos a otorgárselos, al menos que se les trate a todos por igual. No es justo que a unos pobres cochinitos que el único mal que nos han hecho ha sido querer revolcarse un poco por el barro los condenemos a una muerte inminente; mientras que los chorizacos que nos roban, nos mienten y nos estafan viven en plan "Brave el cerdito valiente", en una granja donde a los animales nadie se los come, se mueren de viejos y tienen hierba fresca para almorzar.

No me entiendan mal, no pretendo que degustemos a nuestros señores gobernantes, sólo que ejerzamos la misma influencia para que dimitan y terminen en la cárcel pagando por sus fechorías, que la que hacemos cuando queremos comer un poco de salchichón. Así que sigamos nuestro método a raja tabla: Limpiemos nuestra granja porcina y metamos a todos los cerdos en el camión, directos al matadero.

13 de julio de 2013

SÍ, DEFINITIVAMENTE DAIS ASCO

    Las mujeres han tenido que luchar años y años por ganarse algo que ya era suyo, han tenido que trabajar y demostrar en una medida desproporcionada en relación con los hombres el valor de su simple existencia. 

No voy a entrar a valorar las diferencias de salarios, las sociales, el estatus... porque todo se reduce a una cuestión mucho más simple, a un nivel casi prehistórico que me horroriza y me genera un rechazo absoluto hacia los hombres. Y es que ser dueñas de nuestra libertad nunca ha querido decir que otros tengan la libertad de ser nuestros dueños. Porque cuando por fin fuimos libres y poseedoras únicas de nuestro cuerpo y tuvimos la capacidad para decidir que podíamos usarlo como nos viniese en gana: disfrutarlo, enseñarlo y, al fin y al cabo, liberarlo; nunca jamás quisimos decir que por ello ustedes, hombres de las cavernas que de ningún modo nos veréis como a un igual, podríais utilizarlo a vuestro antojo.

Nada, absolutamente nada de lo que hagamos con nuestro cuerpo os da ni el más mínimo derecho a tocarlo.  Porque no me puedo imaginar ese momento en el que estando en una manifestación una mujer se queda sola y un grupo de energúmenos deciden que la van a violar hasta casi quitarle la vida. Como tampoco puedo comprender cuál es el derecho que posee ese mismo grupo a manosear los pechos de una mujer en San Fermín. Exactamente lo mismo me ocurre cuando estando en un bar un desconocido te toca el culo, o por la calle te hacen gestos obscenos con palabras malsonantes.

Por supuesto que es comparable lo primero con lo último, porque la falta de respeto hacia la mujer, hacia un ser que es un igual y que además es el género que te lleva en el vientre, es la base de la actitud que tienen los hombres que degradan nuestra existencia. Recuerden ustedes, pobres señores que no pueden reprimirse, que la provocación está en vuestro pensamiento y que son ustedes los que se sienten incitados. Nosotras no "vamos por ahí provocando" ni aunque fuésemos desnudas. Son ustedes, señores maleducados y faltos de moral, los que se inventan que una mujer sale a la calle para complacerles. Y son ustedes, señores machistas condenados a la infelicidad, a los que las personas que reclamamos igualdad, queremos erradicar de nuestra especie.

4 de julio de 2013

FACEBOOK: ME GUSTA QUE TE GUSTE

   Yo, inexperta en cinema, voy a hacer una comparación que seguramente los forofos del cine odien y la encuentren más que vulgar. Pero aún así, me arriesgo, porque la red social es igualita que un anillo de poder. Una vez que la pruebas te ciega, te invade y te crea adicción. 

Cuando paras un poco y eres algo consciente, te das cuenta de que estás limitando todos los momentos a la red social. Incluso tu intimidad o tu libre albedrío se disuelven y parecen no tener importancia. No te puedes ir de vacaciones sin que se enteren todos tus contactos porque el GPS les cuenta desde dónde estás conectado, y publicar dónde naciste, creciste, estudiaste, trabajaste, tu edad, los lugares que frecuentas, el teléfono, portal, piso o número de DNI... nada tiene importancia. Menos mal que en este mundo todas las personas tienen buenísimas intenciones (...)

Porque lo de las fotos, pues bueno, ahí estás tú, tumbado en la playa y dices: voy a dar un poco de envidia a esos amigos de facebook de los cuales conozco a la mitad. Y todos se enteran de que estás en unas supervacaciones en la playa. 

Lo que no sabes es que te va a crear una adicción a nivel de anillo de poder, porque cuando la gente le empiece a dar a "me gusta", tú querrás más y más, y cada cinco minutos tendrás que abandonar el gustito del sol y el sonido del mar para comprobar si a alguien más le gusta.

- "¡¿Por qué!? ¡¡¿Por qué no hay más "me gusta"?!!

Bueno, al fin y al cabo estás en la playa, tampoco es para tanto.

Pero no. Con eso no basta. Quieres que a todo el mundo le guste. Quieres acumular un récord de "me gusta" y ser el que más tiene dentro de tus amigos de face. Entonces comienzas a hacer todo tipo de fotos y a colgar todo tipo de historias que te van ocurriendo. Visites lo que visites, estés donde estés, hagas o no hagas absolutamente nada. Llega el punto en el que el simple hecho de levantarte por las mañanas es un acontecimiento en sí mismo, y tienes que hacer una foto y publicarlo:

- ¡Hola, estoy despierto! (Foto recién levantado)

Pero en un determinado momento te das cuenta de que con las fotos no es suficiente: la gente es más exigente de lo que tú creías. Entonces empiezas a probar con las frases ingeniosas, las críticas mordaces, los mensajes bonitos... y muchas más publicaciones que lo único que buscan son muchos "me gusta".

Así que hay quien te saluda todas las mañanas con una publicación en facebook, otros que te enseñan los divinos de la muerte que se visten para ir a comprar el pan, otros que publican todos los rolletes que van teniendo a lo largo del año, otros que se quejan continuamente de los políticos, los que están aburridos, los que tienen que estudiar mucho, los que terminan los estudios... Y los que publican cada una de sus nuevas entradas en su blog para reclutar más lectores y subir las visitas.

Yo soy de unos cuantos de esa lista, y me doy cuenta de que soy igual de pesada (o más) que mis contactos de facebook.

1 de julio de 2013

LA ECLOSIÓN DE LOS RECUERDOS

   Llevo mucho tiempo acordándome de ti, dándome cuenta del miedo que tengo a perderte. Recordando viejos tiempos, añorando tu fuerza y tu mal carácter. Eres de esas personas que a veces odias tener cerca, por tu terquedad y tus ganas de tener la razón siempre, pero tienes un corazón y una simpatía natural que hacen que me enganche a ti.

Siempre me pregunto por qué nunca fuimos capaces de abrir nuestros sentimientos, tú con esa manía de no querer demostrar nada. Sé que me quieres, sé que lucharías por mí llegado el momento, pero tengo miedo de que algún día pierdas esa fuerza y tu energía hacia mi se desvanezca. Tengo miedo de que por no darnos todo lo que tenemos dentro acabemos como muchos, ausentes el uno del otro.

No sé, yo creo que las cosas deberían ser fáciles, debería poder decir te quiero sin sentir tu incomodidad o sin que la vergüenza me invadiese. Debería poder abrazarte y sencillamente sentir como tu abrazo se impregna también en mí y, sobre todo, debería poder hablar contigo de todo esto que me preocupa, sin tener que darle mil y una vueltas antes de hacerlo. Y a pesar de que la realidad es la que es, eclosionan como pétalos al abrirse en mí muchos recuerdos que me dicen que no puede ser así, que ya tuvimos muchos años de distancia y es el momento de un acercamiento más profundo, más entero. Sin ese contrato del que hablaba el otro día. Dejarlo pasar y centrarnos en querernos, porque, en realidad, es lo mejor que sabemos hacer.

28 de junio de 2013

aMOR CON MINÚSCULA

   Te echo de menos, amor. Echo de menos la calidez de un abrazo, de ésos que resultan tan difíciles de encontrar.  Porque hace tiempo que ya nadie abraza, y no hay nada mejor, nada más placentero en este mundo, que un abrazo al levantarte de la cama. Un abrazo que te envuelva y embriague, y te recomponga de tus sueños y pesadillas.

Echo de menos el amor con minúscula, el amor simple, el cariño profundo que se expresa naturalmente entre gente sencilla, entre amigos, familia o simples desconocidos. El de ir por la calle y encontrar miradas dulces que sonríen alegremente y te brindan un momento especial en tu jornada, que te aísla del caos social o de tu estrés mental por unos breves segundos. Cuando limitamos la expresión del amor, cuando la coartamos y controlamos,  aparece una carencia de algo esencial, se esfuma esa energía positiva que nos ayuda a activarnos corporal y sensorialmente.


Te echo de menos, amor. O al menos echo de menos a la expresión de ti. Lo echo de menos en todas las personas que van entrando y saliendo en mi percepción, en mi entendimiento de la vida. Porque las relaciones cada vez más me resultan de una superficialidad absoluta, como si hubiésemos anulado nuestra capacidad para comunicarnos más allá de palabras vacías, más allá de un interés comercial que practicamos continuamente cuando son nuestros intereses superfluos los que nos guían. Comerciamos con simpatías o antipatías según nos convenga, vendemos, compramos o pactamos relaciones siempre que de alguna manera nos beneficie. Algo así como un contrato entre partes que no hace falta escribir ni verbalizar, pero que ambas conocen.

No me canso de decirlo: somos unos pesados. Tenemos esa incomprensible manía de hacerlo todo difícil, anteponiendo nuestro ego, nuestras ideas, nuestras intenciones, a las de los demás, porque siempre somos más importantes, siempre nuestros pensamientos tienen la razón y es el resto quien se equivoca.

Hoy le doy paso a la simplicidad, le concedo un instante a la sencillez y doy por anulado el contrato. Prefiero el amor desinteresado con abrazos y sonrisas gratuitas, porque es ese amor al que echo de menos, al que puede o no ser recíproco y del que no esperas nada a cambio; un aMOR con minúscula que pasa desapercibido.

27 de mayo de 2013

UNAS PALABRAS CON PERFUME

   "El mejor aprendizaje, el de la exploración. Sentir qué es lo que se produce en ti, cómo afrontas el examen. Estoy nerviosa, siento la ansiedad, estoy atenta, estoy agobiada. ¿Qué es lo que se presenta? El estrés es algo que te cierra, que te contrae, que elimina tus capacidades y tu funcionalidad. Te sentirás feliz de hacer un examen, porque es un gran regalo para la exploración; y poder explorar es algo maravilloso. Probablemente sea un gran momento para resolver un problema desde el mundo creativo.

Siempre sin intención, porque el resultado de la prueba no tiene ninguna relevancia. A nivel momentáneo puede que te impida alcanzar un objetivo concreto, pero quizás, quién sabe si dentro de diez años gracias a fallar en esa prueba obtienes algo realmente bueno para ti. El éxito no es éxito, el fracaso no es fracaso. Ninguna de estas dos cosas existen. No hay nada de importante en ello, y lograrlo o no, no cambia nada en ti. Cuando juegas al ajedrez, da igual quién gana o quién pierde, lo importante es lo que has experimentado durante la partida."

Esto es un breve resumen, un pequeño recuerdo, de una gran respuesta a una pregunta aparentemente sencilla: "¿Cuál es la mejor forma de realizar un aprendizaje cuando tienes que demostrar lo que has aprendido, cuando de alguna forma tienes que demostrar lo que sabes?" He querido compartirla, aunque las palabras no tienen sentido separadas del perfume con el que el maestro las impregna.

Siempre un poco más conscientes, un poco más en la escucha, tras estos encuentros con el gran Eric Baret.

20 de mayo de 2013

TOXICÓMANOS DEL ÉXITO SOCIAL

   A partir de un vídeo muy acertado acerca del éxito y contando uno a uno todos mis fracasos, llega la inevitable pregunta: ¿Qué es el éxito? Otro concepto más que añadir a la lista.

Habitualmente se presenta de manera permanente en mí la sensación de que no necesito nada, de que no existe un imprescindible en mi vida, de que con poco puedo adaptarme y ser feliz. Digo habitualmente, porque en ocasiones soy absurdamente injusta o caprichosa, y tomo a los objetos como algo verdaderamente importante. Pero analizando esta cuestión, me pregunto para qué nos sirve ser personas exitosas, y cual es el contexto de realización.

Existe una tendencia a relacionar el éxito con el terreno laboral, con cuánto ganas, cuánto has ascendido y cómo de importante es el puesto de trabajo que desarrollas. Y entonces, en base a eso, tienes éxito en el ámbito social si tienes opción a comprar una casa espectacular, si puedes ir a cenar al restaurante más caro de tu ciudad o si te permites comprar ropa de marca italiana. ¿Es eso la realización personal? ¿Todo se basa, al fin y al cabo, en ganar dinero para obtener cosas mejores que las del resto? Demasiado superficial para ser verdad. 

Supongo que estaremos de acuerdo en que si haces realmente lo que te gusta, si consigues vivir de desarrollar tu talento, tu trabajo supondrá algo reconfortante que te reporte satisfacción, pero ¿cuál es el fin de hacer crecer esta semilla? ¿Qué pretendes conseguir explotando todo tu potencial? ¿Ser feliz haciendo aquello que te llama, o generar un beneficio del mismo? Porque si se trata de lo último, si te pones una meta fija que debes alcanzar de cualquier forma, si el objetivo se basa en tener éxito; serás infinitamente infeliz, aunque utilices a tu talento como parte de la estrategia.

Porque no hay nada más satisfactorio que hacer lo que te gusta porque te gusta, sin intenciones. Sólo de esa manera y con un poco de suerte podrás tener éxito. El verdadero éxito, el único, el de ser feliz. Ése que realmente buscamos y anhelamos todas las personas. Y te darás cuenta de que es tu talento y tu trabajo desinteresado el que te conduce a él, sin que él sea el fin que quieres encontrar. Algún día alguien comenzará a poner atención en lo que haces, por el amor que pones en ello, por el valor intrínseco que sólo tú puedes aportar a esa actividad; y poco a poco irá creciendo la semilla sin que tengamos que desintoxicarnos de la adicción al éxito social.

12 de mayo de 2013

LAS PERSONAS, COMO LOS TENIS

   Igual que cuando te acabas de comprar unos tenis: los cuidas, los proteges, los admiras... y un día se pone a llover intensamente y tus adorados tenis, compuestos de una tela especial, que te ha llevado mucho tiempo conseguir, que a fin de cuentas te han costado una pasta; se quedan hechos un bodrio. Y tú te lamentas y lamentas: ¡Ohh mis preciosos tenis! 

Por mucho que los limpies, les des brillo, les quites el barro, les apliques mil productos para esa puñetera tela, hagas lo que hagas, al verlos lo único que percibes es una copia barata de lo que antes eran. Aunque nadie más note la diferencia, aunque en el fondo entiendas que no tiene importancia y que al fin y al cabo son unos tenis y siguen conservando su funcionalidad; en el fondo no es lo mismo. Pero es que en realidad, no son los tenis los que han cambiado, sino tu forma de mirarlos. A lo mejor tienen algún que otro desperfecto, pero siguen siendo los mismos de antes, los mismos, pero con una historia diferente.

Pues, a veces, con las personas me pasa igual que con mis tenis. Al principio eran una cosa, y luego, algunas veces se me atragantan, y ahí empiezan a parecer distintos, aunque lo único que ha cambiado es mi forma de mirarlos, porque voy acumulando el dolor de atragantarme y al final, por mucho que lo intento, sólo de pensarlo ya me duele la garganta. Y te dices a ti mismo: "¡pero qué necesidad! ¡voy a acabar con esto!". Pero es que por alguna razón sabes que coger los cuernos del toro supondrá un vapuleo que no estarás dispuesto a aguantar y no quieres ser el torero que mata al toro. Así que decides que es mejor seguir atragantado. Por eso de evitar daños colaterales.

Pero como digo, los tenis siguen siendo los de antes, y también las personas. Es mi mirada la que cambia, la que me irrita, y la que, en definitiva, se me atraganta.

10 de mayo de 2013

SI ME ACEPTAS, NO SOY PERFECTA

   Te doy un tiempo, uno que sea razonable, dos, tres semanas quizás. Más sería desproporcionado, inapropiado, incluso falto de dignindad. Tres semanas y dos días a lo sumo. Ésa es mi oferta. 

Un tiempo para digerirme después de que descubras que en realidad no soy perfecta. Sí, me quejo mucho, soy a veces irritante y desinquieta, pero puede que mi desorden te llegue a parecer sexy... No, supongo que mi desorden no. 

Está bien. Apúntalo, valóralo, piensa y reflexiona. Tres semanas y dos días, ni uno más. Anque a mi favor has de saber que no canto en la ducha, es algo a tener en cuenta sabiendo lo mal que lo hago.

Eso sí, no esperes que cambie si me aceptas. Quizás, a lo mejor, sólo si te veo sufrir demasiado, podré mejorar en algo. Pero sin presiones ni reprimendas. ¡Ah! Y no vale recriminarlo, si lo aceptas.

Pero si no me aceptas, si no puedes con mi inmadurez o con mi cabeza terca, te aviso y advierto de que, seguramente ninguna muñeca flaca, rubia, alta y de ojos angelicales, callada, responsable y complaciente; seguramente, nunca, nunca, nunca, podrá quererte más que yo.

9 de mayo de 2013

BRUCE LEE - "BE WATER MY FRIEND"


 Hay vida. Siempre, en cualquier situación, bajo cualquier circunstancia. Y nosotros la vemos pasar mirando las agujas del reloj de ese tiempo que no existe. La vemos pasar y pasamos con ella sin percatarnos de la quietud, de la paz, del silencio. De las oportunidades que desperdiciamos y cada día se nos brindan.

La vemos pasar sin darnos cuenta de que en realidad no pasa, sin abrir los ojos para observar cómo todo se conserva, se transforma, se adapta, evoluciona, pero nunca desaparece, y nos inventamos cosas como el tiempo o la velocidad, para añadir nuevos imposibles a nuestra existencia. Quizás me llamen loca, quizás me miren con cara rara, pero de verdad que nada de esto tiene sentido. Todas las ecuaciones que dependen de unas variables que sólo son conceptos, que no existen, que se definen únicamente por argumentos de la mente humana, no pueden tampoco existir.

¿Qué es el tiempo? Sé lo que es un árbol, sé lo que es el amor, o la amistad, o una de esas figuras de un gato chino de la suerte. Pero, ¿qué es el tiempo? Sólo un buen instrumento para realizar actividades en el conjunto de la sociedad, nada más que una manera de organizarnos y desarrollarnos. Sólo un concepto, una invención, una gran idea para medir... no sé muy bien el qué. Y esta estúpida idea nos ata sobremanera, nos impide vivir el momento presente, el único momento, el único "tiempo" que realmente existe.

Reducimos nuestra libertad, planeamos nuestro futuro inexistente, recordamos el peso de nuestro pasado y le damos vueltas a eso del tiempo sin dejarnos descansar. Ve a la montaña. Mira la vida. Observa su quietud. Y entonces mira cómo cae el agua de la montaña y nace el río, y el agua del río sale al mar y la del mar entra en el río. Y vuela a los cielos para descender y volver a subir una y otra vez, repitiendo el mismo ciclo sin cesar, siendo sólo agua, omnipresente. ¿Qué narices pinta ahí el tiempo?

El agua siempre está en movimiento, en cambio, en transformación, pero nunca deja de existir; y es que el tiempo, simplemente, no pasa.



30 de abril de 2013

COMO SIEMPRE, EL AMOR

Y de pronto el amor. 
Porque es tan fácil quererte 
en este mundo incierto. 
Porque resulta tan sencillo 
acurrucarme en tu vientre, 
que me aporta el calor de tu existencia. 
Y recorrer los caminos del camino 
y despejar la maleza que lo impide. 
Como jóvenes hambrientos de futuro, 
de esperanzas.

Vi tantos cielos contigo, 
vi tantos mares distintos 
que reflejaban tus ojos verdes, 
y los azules, 
y los grises, 
y el reflejo como único recuerdo. 
Porque no importa donde, 
contigo o sin ti 
siempre estás presente, 
como la ola que rompe y vuelve al mar,
como el olor a azahar que invade y embriaga.

Como siempre el amor.
El que me das en la distancia, 
en la cercanía,
en el enfado y la sonrisa. 
Siempre el amor. 
Ya habrá tiempo para la melancolía. 
Ya habrá momentos para
el recuerdo y para el dolor.
Para soñarnos en sueños, 
para anhelarnos en vida.

29 de abril de 2013

REGRESO AL FUTURO IV. Dirigida por Gallardón. PP Producciones. Con la colaboración de Rouco Varela.

   Se están montando el peliculón y nosotras somos las protagonistas. Nosotras y nuestro no-derecho a decidir, con la imposición de su ética y su moral, que desahucia familias y deja a niños en la calle, pero que defiende el derecho del que aún no ha nacido a nacer, a toda costa. Da igual que luego no puedan alimentarle, cuidarle o amarle. Da igual que no vaya a recibir la ayuda de la dependencia que ellos, los de la moral, han recortado si el niño que nace tiene discapacidad, porque lo que importa es la obligación a la vida.

Te obligo a nacer, a sabiendas de que tu vida será miserable. Porque mi ética manda sobre la de tu madre, sobre la que te lleva en el vientre, sobre la única que puede sentirte dentro, sobre ésa que sufrirá al pensar que pudo tenerte y no lo hizo, y la única razón que la condujo a ello fue la certeza de que no podría darte todo lo que tú, como pequeño indefenso ante el mundo, necesitas. 

Me cortan las manos, me tapan los ojos y me cierran la boca para no dejarme decidir sobre mi cuerpo, mi futuro y el de mi hijo. Si te quiero, te querré. Asumiré todas las consecuencias de alumbrarte. Si no te quiero pero me obligan, también te querré, y también seré yo quien asuma las consecuencias de alumbrarte. No son ellos quienes van a mantenerte, ni quienes te educarán para que seas mejor persona, sólo yo. Yo, madre soltera o acompañada, rica, pobre, negra o blanca. Yo soy quien estará ahí, pero sin embargo, son ellos los que por mí deciden.

¿Cuándo van a parar las imposiciones? ¿Cuándo seremos realmente libres? Mujeres, mujeres del mundo, llevemos el mundo. Porque me importa un pepino lo que diga la Iglesia, el PP o la madre que los trajo a este mundo y no tuvo el derecho a decidir. Me importa una mierda si te parece bien o mal, y al resto tampoco les importa si mi cuerpo embarazado aborta o continúa. Lo que sí me importa es que de una puta vez nos dejen actuar en base a nuestras propias convicciones, y no bajo el yugo de las suyas. 

21 de abril de 2013

LA VUELTA A LA TORTILLA


   Ahora nos toca a nosotros. Ya ni siquiera nuestra tierra que antes tenía cabida para tantos, tiene capacidad para ofrecernos lo que en su día nos había prometido, y nos marchamos. No lo hacemos a la deriva en alta mar, no mueren nuestros compañeros de viaje y no llegamos desnutridos ni sedientos. Incluso en eso somos afortunados. Pero sí que llegamos a un país desconocido, del que poco o nada manejamos el idioma y para el cual no somos nada más que un inmigrante. 

Ser español ya no mola: Resulta que estamos invadiendo lo que a otros pertenece. Queremos tener seguridad social, poder abrir una cuenta en el banco, pasear por la calle sin que nos miren como a extraños en un lugar que no es nuestro... Y aunque aún tenemos la posibilidad de volver a casa, porque nos queda algo de dinero para poder rendirnos y regresar derrotados, no queremos aceptarlo. No queremos darnos cuenta que sólo somos inmigrantes, ilegales, sin papeles, robasueños, robaderechos y, por tanto, ladrones. 

¿No te reconoces en ese contexto, en esa descripción? Ah claro... Tú no eres inmigrante, eres español, has vivido una época de bonanza que muchos querrían, has conducido coches de lujo y vivido en casas con piscina. ¡¿Cómo te pueden ver, a ti, español, como inmigrante?!

Pues sí, parece que por fin se ha dado vuelta la tortilla, y la poca empatía que hemos demostrado para con el inmigrante en nuestro país, el karma nos la está empezando a devolver en pequeñas dosis. Ese rechazo que sufrimos es una nimiedad. Porque los viajes los hacemos en tren o en avión, porque no nos extorsionan ni nos estafan. Porque a las mujeres no nos prostituyen al llegar a nuestro destino. Aún con dificultades, tenemos más suerte que la gran mayoría de las personas que habitan este planeta. No me alegro de nuestro mal, entre otras cosas porque soy o seré una afectada directa, pero las lecciones hay que aprenderlas de alguna forma en esta vida. 

No me resulta fácil publicar esto. Sé que quizás no estés de acuerdo, a lo mejor te genera rechazo o no entiendes la reflexión expuesta. Pero parece que algo nos preocupa sólo cuando nos afecta directamente, si no, simplemente hacemos valoraciones sin conocimiento, juzgamos un color, un bolsillo o una apariencia, sin tener ni idea de lo que hay detrás. De verdad me gustaría que no tuviésemos que ver cómo caemos para darnos cuenta de nuestro alrededor, para entender que no somos tan distintos, para ser conscientes de que también nos puede pasar. Pero la realidad no nos deja otra alternativa.

11 de abril de 2013

LLAMADA AL TALENTO

   Es como un niño que de pronto deja que la creatividad fluya y comparte su virtud. Es como el momento en que te ahogas y necesitas coger aire profundamente, tu diafragma se expande, tu pecho se abre y la inmensidad entra en ti. Es la expresión pura de la conciencia, es estar abierto a la experiencia, desprenderse de lo más vanal. Es extraordinario y fantástico dejarse llevar.

Cuando la inspiración aparece, cuando todo tu talento se desplega lo sientes dentro intensamente, como un gran aguacero que limpia el alma, que te remueve, que recoge en ti todo lo bueno. Acoges la necesidad de desarrollarlo, de pintar, esbribir, estudiar o reparar coches; y encontrarse en disposición de hacerlo supone la mayor cercanía a la felicidad del ser. Esa llamada se produce, y sin darte cuenta, cuando no tienes presión, cuando te sueltas, cuando la tensión se desvanece y te entregas por completo a sentirte, de pronto todo se vuelve sencillo. De repente mis dedos escriben sin ser dominados por mi mente y mis sentidos abrazan todas las maravillas que eso provoca.

No nos hace falta buscar nuestra vocación, no necesitamos encontrar qué nos hace especiales. Mientras te centres en la búsqueda, te desvías de la atención en ti mismo, y si persigues un fin no serás capaz de disfrutar plenamente. Nunca huyas de aquéllo que te llama, actívalo cuando se te presente.

8 de abril de 2013

TU LADO DE LA CAMA

   Territorialidad. Como todo, sólo un concepto, pero hacemos de ella nuestra forma de vida. Nos agarramos a lo que tomamos por propio y lo queremos como si a nivel existencial su valor fuera incalculable. Tu taza del desayuno, tu toalla color pastel, tu sitio perfecto del sofá... ¡Que nadie lo toque!

Pero no nos queda otro remedio que compartir. Incluso el más aferrado y tacaño sin darse cuenta lo hace, porque la existencia no se concibe sin ello. No se trata de regalar objetos, no se trata de ceder tu lado de la cama por complacer al otro, es cuestión de entender que todo y nada es nuestro. Que tú eres yo y yo soy tú, y seremos mucho más felices si bebemos del mismo tazón de vez en cuando, porque conseguiremos deshacernos de esa idea de propiedad que nos persigue. Cuando soltamos el lastre y los objetos toman un segundo plano, querernos es lo más fácil y sencillo que se nos presenta. 

"El que da, da y recibe, el que recibe, sólo recibe. (...) Como cuando un niño pequeño te regala un dibujo horrible, y tu lo recibes como si fuera la cosa más bonita" Las palabras exactas no están en mi recuerdo, pero sí la sensación de regalar dibujos horribles y sentirme infinitamente feliz. Cuando das, recibes doblemente. Si amamos sin intención, si nos alejamos del proyecto, nuestro lado de la cama carece de sentido.

14 de marzo de 2013

QUE VIENE EL LOBO. Y EL LOBO VINO.

     Me planto. No tengo interés en aportar ni un sólo grano de arena, ni un segundo de mi tiempo en un modelo político que convierte en pirámide la justicia social. Hace tiempo lo escribí, y hoy de nuevo lo reitero: somos esclavos del Estado de Derecho, con el que colaboramos, para el que trabajamos, adaptamos nuestro enfoque y el cual no nos ofrece nada a cambio. Bueno sí, nos ofrece unos derechos que nos se nos garantizan y que en cualquier circunstacia se nos arrebatan.

Es la historia de la humanidad: alcanzar la cúspide para recaer luego en la decadencia. Para qué cotizo si no voy a recibir mi pensión, y cómo cotizo si vivo en un sistema que no me ofrece la oportunidad de hacerlo. Las normas, las leyes y las modificaciones de éstas, deben ajustarse al cambio de la sociedad, no al contrario. Si este modelo no nos sirve hay que cambiarlo, pero no en perjuicio de las personas que lo ejecutan. Dicen que no es posible, que sólo se trata de echar cuentas y que los números no cuadran: hay demasiados mayores para tan poco dinero. ¿Dónde está ese dinero, en vuestros sueldos vitalicios y finiquitos millonarios?

Trabajar más y cobrar menos, pensionistas que necesitan un minijob para llegar a fin de mes porque las generaciones que deberíamos estar pagando su jubilación no tenemos dónde trabajar... éstas son las propuestas de los que dictan las normas. Para cobrar tu pensión sólo te salvarán dos cosas: ser político o discapacitado. Aunque me temo que nos referimos a estos dos sectores con los términos intercambiados, porque aún espero encontrar la capacidad de los políticos que manejan este puto mundo. Bueno, ahora se dice que en realidad los políticos tienen las manos atadas, que los que mandan son los mercados, que el Congreso Alemán está plagado de lobbys que se mueven a sus anchas... !No sé entonces para qué les estamos pagando esos voluminosos sueldos si luego resulta que no pueden hacer nada¡ Políticos sin capacidades para lo que no les interesa.

Que no. Que no puedo colaborar con una comunidad que limita el derecho sanitario, que pide a los mayores que se mueran más pronto (así sería más fácil), que ofrecen como gran alternativa una esclavitud camuflada, que ha transformado el mundo desarrollado en un mundo desarrollado sólo para los ricos que viven en él. Que se olvida de que la cooperación es la única solución, el bien común la mejor salida y la educación la base para sostener a una sociedad.

Me tendré que ir a vivir a una comunidad hippie, o al campo a alimentarme de mis propios cultivos. Quizás al Polo Norte a congelarme en un iglú o a algún lugar en el que no me traten como a una puñetera mujer estúpida. Porque encima eso, no nos basta con tantas absurdeces, que además tenemos que mantenernos en nustras diferencias sociales: de sexos, de raza, de riqueza, de países, de comunidades, de provincias, pueblos, vecindarios e inclusio de habitaciones dentro de nuestras casas.

Que no aguanto ya con tanta tontería, con tantas falacias y buenos términos para malas acciones. No voy a esconderme más del lobo, y no voy a seguir alimentándolo para que cuando venga pueda comernos.

2 de marzo de 2013

NO TE REPRIMAS, NO SUFRAS, NO TE CALLES: ¡ACTÚA!

   Difícilmente lo conseguiremos, si inevitablemente nos lanzamos al abismo. Algunos días al despertame quiero negar al mundo: lo que me rodea no puede estar ocurriendo realmente. Todo depende del punto de vista, pero últimamente existe una visión común de desesperación y cabreo, mezclada con un desdén impulsado por el no actuar. Damos por echo que el cambio no es posible, que los gritos son vacíos y que nuestras voces cada vez más mudas. Porque nadie nos hace caso.

Ése es el problema: esperamos que nos hagan caso. Y al no conseguirlo generamos esa idea de que no tenemos poder. ¡Sí lo tenemos! Tenemos todo el poder del mundo, y aunque algunos quieran negarlo, viciarlo o arrebatarnoslo, debemos mantener presente la ceterza de que es imposible que lo hagan, porque tu fortaleza, la nuestra, la de todos, no se puede mermar ni es función de unas personas que creyéndonos tontos sólo demuestran su ignorancia.

Colectivamente los logros pueden ser infinitos, pero también individualmente, sólo con tu actitud ante estas situaciones que nos desesperan. Porque si os pasa como a mí algunas veces, que queréis negar lo que ocurre, odiáis toda esta mierda que nos está salpicando por culpa de unos irresponsables que nos quieren hacer responsables a los demás,  que sepáis que éste no es el camino. No, porque nos centramos en nuestro malestar, en nuestra desdicha y en el pésimo comportamiento de unos idiotas; en lugar de buscar la forma de salir adelante.

Sí, estamos hasta los cojones. Estamos indignados, cabreados, exaltados y profundamente dolidos mirando esta situación desde la barrera, con la sensación de que no podemos hacer nada. Basta ya de recordarlo. Lo estamos, ahora es el momento de cambiarlo.

Ahora se trata de ser funcionales, ser conscientes de cómo nos maneja todo este sistema de intereses y conseguir darle la vuelta con cada pequeña acción del día a día. Reclama hasta el último derecho que te corresponda, hasta el último céntimo y alza la voz ante cualquier mínima acción que te parezca mal, injusta, inadecuada o incompetente. No lo dejes pasar, no pienses que vas a perder el tiempo, que se enteren de que no somos mudos, y de que somos capaces de chillar y de remover hasta el último grano de arena para salirnos con la nuestra. El poder sólo es actitud. Los demás reflejarán un comportamiento hacia ti en función del tuyo hacia ellos. Mejor o peor en función de tu fuerza. Y tu fuerza no es de su propiedad. 

¿Algo te enfada? Manifiéstalo. Revienta la bandeja de entrada de Cospedal si hace falta. Cuelga carteles mostrando tu desacuerdo, hazte un blog, grita por la ventana y vete a todas las manifestaciones con las que te identifiques. Actúa individual y colectivamente dentro de tus posibilidades. Sé consciente de las injusticias, pero no dejes que las injusticias tomen parte en tu consciencia.

11 de febrero de 2013

SENTIR

    Rebuscando entre los espacios virtuales he encontrado viejas historias. Con nombres, imágenes y palabras. Los recuerdos reaparecen y, tendiendo a la idealización te conducen a esa famosa frase de que cualquier tiempo pasado siempre fue mejor.

La mente juega su papel maquillador y dibuja las realidades que crees haber vivido de una manera intensa, como si el presente no fuera lo suficientemente apetecible. Juventud, inquietudes, ingenuidad y nuevas oportunidades. Eso veo en mis fotos, y una ligera sensación de que a veces desaprovecho el momento, de que no soy lo suficientemente valiente para dar los pasos firmes mientras veo la vida pasar. Y así, la mente, continuando con su función, difumina y absorbe tu experiencia.

Añoranza. Echo de menos la amistad tal y como la conocía entonces. Desinteresada y absoluta, sin preocupaciones, con la seguridad de saber quién eres tú y qué son ellos para ti. Más idealización. Ahora ya sólo queda algún ¿qué tal? de vez en cuando y la poca confianza que logro depositar en los demás, pendiente de cómo reaccionarán ante mis "extraños" pensamientos, partiendo de la base de que no me comprenden. ¿Y de qué me sirve? ¿Qué busco en las actitudes ajenas? ¿Qué espero y por qué? Resumiendo: el cambio del mundo. Dejando espacio a mi ego no paro de analizarlo todo, queriendo controlar lo que no puedo. Debo darme cuenta de mis intenciones más allá de mi propio argumento, que sólo viajan en contra de mí misma y de mis relaciones con el resto.

Si dejo para mañana lo que puedo hacer hoy, quizás no exista mañana. El conocimiento empírico nos enclaustra y nos hace ser perezosos y cobardes, además de quitarle todo valor al momento. No existe la certeza. No hay conocimiento verídico que te confirme que mañana seguirás vivo, ni siquiera que mañana saldrá el sol. Dan igual las estadísticas, los estudios científicos o las generalidades, pero aún así nos agarramos a ellas de tal manera que nos volvemos estúpidos e ineficaces. Sobre todo estúpidos. Porque incluso cuando lo que acontece nos coloca ante esta realidad evidente, poniéndonos ante situaciones que nos llevan al estado último, sólo somos capaces de valorarlo por un tiempo. Tras un suceso impactante sólo por un período valoramos este momento, éste en el que escribo ahora mismo. Luego volvemos otra vez a pensar que tenemos toda la vida por delante. Pues no somos eternos.

Sentir cada experiencia como nueva, dejar de recordar. Dejar de recordar cómo es la nieve, su textura y su color, verla cada día que se ofrece como algo extraordinario, porque verdaderamente lo es. A fin de cuentas, dejar de vivir en el recuerdo, sin querer dejar el presente para mañana. Porque quizás mañana vuelva a nevar, o quizás nunca más lo haga. O a lo mejor aunque nieve intensamente tú no estés en disposición de poder admirarlo.

Simplemente, sólo hoy existe. Sólo ahora. Sólo este instante. Lo demás, en tu imaginación.

5 de enero de 2013

ALGO MENOS, ALGO MÁS

    Son miles de kilómetros. Los sentimientos quieren recorrerlos pero están sujetos al mecanismo, te avisan en el estómago, en el pecho, en el corazón, y hasta en tu cabeza de que quieren más, y tú no suples la necesidad que reclaman. No te quieren a ti. ¿Pero cómo luchas contra la distancia? Ella siempre gana. Tiene esa capacidad del convencimiento y del engaño, como la telaraña que te atrapa y es imposible despegar se impregna en ti, y te recorre de la garganta al estómago sintiendo como quema más cada vez.

Al final absorbe todas tus ganas, te vacía y tienes la continua sensación de que nada podrá llenarte. De que te lo están quitando todo sin que nadie se dé cuenta, y entonces la incertidumbre. ¿Qué necesitas? ¿Qué quieres? ¿Cuánto será suficiente? Y, lo más importante ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuándo serás capaz de aguantar vacía sin que tu cuerpo se desplome?