Llevo mucho tiempo acordándome de ti, dándome cuenta del miedo que tengo a perderte. Recordando viejos tiempos, añorando tu fuerza y tu mal carácter. Eres de esas personas que a veces odias tener cerca, por tu terquedad y tus ganas de tener la razón siempre, pero tienes un corazón y una simpatía natural que hacen que me enganche a ti.
Siempre me pregunto por qué nunca fuimos capaces de abrir nuestros sentimientos, tú con esa manía de no querer demostrar nada. Sé que me quieres, sé que lucharías por mí llegado el momento, pero tengo miedo de que algún día pierdas esa fuerza y tu energía hacia mi se desvanezca. Tengo miedo de que por no darnos todo lo que tenemos dentro acabemos como muchos, ausentes el uno del otro.
No sé, yo creo que las cosas deberían ser fáciles, debería poder decir te quiero sin sentir tu incomodidad o sin que la vergüenza me invadiese. Debería poder abrazarte y sencillamente sentir como tu abrazo se impregna también en mí y, sobre todo, debería poder hablar contigo de todo esto que me preocupa, sin tener que darle mil y una vueltas antes de hacerlo. Y a pesar de que la realidad es la que es, eclosionan como pétalos al abrirse en mí muchos recuerdos que me dicen que no puede ser así, que ya tuvimos muchos años de distancia y es el momento de un acercamiento más profundo, más entero. Sin ese contrato del que hablaba el otro día. Dejarlo pasar y centrarnos en querernos, porque, en realidad, es lo mejor que sabemos hacer.
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