19 de julio de 2013

CON LOS CERDOS AL MATADERO

   Viajando por la autopista dirección Barcelona adelantamos al menos a cuatro camiones que transportaban cerdos. Cerdos hacinados que por su gran tamaño me supuse que iban directos al matadero, y recuerdo especialmente a uno, que intentaba sacar el morro entre los barrotes con unos ojos que parecían salirse de las órbitas. Estaban en un estado parecido al de los hombres que trabajan en esas impresionantes construcciones millonarias de Dubait, que son transportados en guagua y están enlatados como si de un momento a otro fueran a estallar los cristales.

Quitando la idea de que iban a matarlos y de que seguramente habían vivido en circunstancias deplorables, lo siguiente que me vino a la mente fue una comparación en la que los pobres cerdos salen bastante mal parados. No sé de dónde viene esa semejanza que hacemos ni por qué los tenemos en tan baja estima, pero sólo pude pensar en el cochino de Rajoy y sus secuaces. 

Evidentemente los cerdos nunca irían al matadero por sí mismos. Son cerdos, no idiotas. Pero como especie evolucionada que somos, creamos un sistema de transporte en el que no tienen escapatoria y, aún sin quererlo, terminan en nuestros supermercados envasados en forma de longaniza, chorizo, salchichas...; porque simplemente queremos comérnoslos. ¿Y qué pasa entonces con la granja porcina que tenemos montada en el gobierno?

Me baso en el principio de igualdad, esto no es nada más que una defensa de los derechos de los animales. Porque ya que nos negamos a otorgárselos, al menos que se les trate a todos por igual. No es justo que a unos pobres cochinitos que el único mal que nos han hecho ha sido querer revolcarse un poco por el barro los condenemos a una muerte inminente; mientras que los chorizacos que nos roban, nos mienten y nos estafan viven en plan "Brave el cerdito valiente", en una granja donde a los animales nadie se los come, se mueren de viejos y tienen hierba fresca para almorzar.

No me entiendan mal, no pretendo que degustemos a nuestros señores gobernantes, sólo que ejerzamos la misma influencia para que dimitan y terminen en la cárcel pagando por sus fechorías, que la que hacemos cuando queremos comer un poco de salchichón. Así que sigamos nuestro método a raja tabla: Limpiemos nuestra granja porcina y metamos a todos los cerdos en el camión, directos al matadero.

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