Vuelvo a las noches de escritura. Con los ojos enrojecidos e hinchados y la mente aturullada de estúpidos pensamientos. Y vuelvo a plantearme mil cosas. Si estoy preparada para continuar, si soy capaz de hacerlo. Me interesa tan poco lo que en teoría me servirá para encauzar parte de mi vida, que la motivación cada vez es menor. No veo recompensas apetecibles que alimenten mis ganas. Soy consciente de lo que he hecho mal, pero también de lo que hice bien sin resultados, observación que me ayuda a comprender mi pasividad desesperada y que no aporta nada bueno. Ya llevo casi cuatro años fuera de casa y han pasado como pequeños momentos fugaces. En teoría todos fueron decisivos, pero en práctica nunca lo han sido, no sé si ya le tocará a éste.
Me son indiferentes los juicios ajenos; ellos no saben que soy víctima de los míos propios, que son los que me atormentan hasta la saciedad. La palabra "capaz" me persigue, y su antónimo le precede. Los miedos y la inseguridad pueden con mis fuerzas, hay épocas en las que creo que los he superado, pero en ciertas fechas me vuelven a temblar las piernas y me escondo entre las sábanas de mi cama durante horas, condenándome al fracaso. No me veo aquí, pero tampoco en ningún otro lugar, en ningún aspecto de mi vida. ¡Qué mal me ha sentado salir de la isla! Intento ser objetiva conmigo misma pero es tremendamente difícil, siempre surge un aire victimista que creo que nunca tuve, que me justifica y consigue que me comprenda y me perdone. Quizás antes no lo conocí porque ninguna situación llegó a superarme así.
Quiero terminar de forma algo optimista, ser capaz de sacar la garra que siempre me caracterizó, la forma de pelar por todo. Fuerte, independiente y libre, con capacidad para la autocrítica y la rectificación, con la motivación simple. Con la de hacer las cosas bien porque así es como se deben hacer, no por una obligación ajena a mí.
Me son indiferentes los juicios ajenos; ellos no saben que soy víctima de los míos propios, que son los que me atormentan hasta la saciedad. La palabra "capaz" me persigue, y su antónimo le precede. Los miedos y la inseguridad pueden con mis fuerzas, hay épocas en las que creo que los he superado, pero en ciertas fechas me vuelven a temblar las piernas y me escondo entre las sábanas de mi cama durante horas, condenándome al fracaso. No me veo aquí, pero tampoco en ningún otro lugar, en ningún aspecto de mi vida. ¡Qué mal me ha sentado salir de la isla! Intento ser objetiva conmigo misma pero es tremendamente difícil, siempre surge un aire victimista que creo que nunca tuve, que me justifica y consigue que me comprenda y me perdone. Quizás antes no lo conocí porque ninguna situación llegó a superarme así.
Quiero terminar de forma algo optimista, ser capaz de sacar la garra que siempre me caracterizó, la forma de pelar por todo. Fuerte, independiente y libre, con capacidad para la autocrítica y la rectificación, con la motivación simple. Con la de hacer las cosas bien porque así es como se deben hacer, no por una obligación ajena a mí.
Piensa por ti y para ti. Recuerda que tu satisfacción depende de tu propia actuación. Es la única forma de volver a confíar y lograr que todo se vuelva sencillo.