27 de agosto de 2009

HOY, UNO DE ESOS...

Hoy es uno de esos días que quieres ver la cara buena del mundo, de los que enciendes la tele y pones el programa divertido, el de los niños que dicen disparates. Uno de ésos en los que te gusta pensar que nada es en balde, que es necesario y justo luchar por tus principios, por los de los demás. Y quieres leer todos los derechos humanos, para asegurarte que ni uno sólo se deja de cumplir. Uno de ésos en los que te encanta creer que los sueños se cumplen, que las utopías son mentira, que todo lo bueno nace. Y con tantas ganas y tantas fuerzas, y tanta moral alzada, comienzas el camino.

Pero antes paras y piensas. Si hay una cara buena es porque existe otra mala, y detrás de ésta, una peor. Y no puedo evitar preguntarme si todas esas cosas buenas lo son realmente, o se tratan del producto de comparaciones entre lo malo y lo no tan malo. La base de la conformidad, del existir por no llevar la contraria. Al valorar los problemas de cada cual y mirar los del resto es muy fácil entender que lo bueno es bueno por comparación.

Aún así, hoy es uno de esos días. Hoy los recuerdos se vuelven sonrisas y la melancolía felicidad. Cada canción lleva consigo algo por lo que vale sufrir todas las penas posibles. Es el momento de salir al balcón para chillar alto y claro que nada importa, que dejen de inculcarnos deseos por estupideces, que olviden por una vez la doble moral que rodea nuestras vidas y se atrevan a darlo todo por las personas que aman. Que ignoren al pequeño ser que nos incita al odio, ¡estamos cansados de él!

Hoy sabes que quizás vas a lidiar en ruedos complicados, y que es posible que tus esfuerzos se queden sólo en eso. Pero también sabes que hoy es el día en el que todo lo puedes. Hoy nada se interpone entre tú y tus demencias, porque hoy te has levantado con los ojos más abiertos y a la vez más cerrados que nunca. Porque hoy, por fin, eres feliz.

23 de agosto de 2009

ENSÉÑAME

Súbeme a un rascacielos y
llévame a ver el océano, libre.
Vamos a contar baldosas al parque
y a montarnos en columpios viejos y cansados.
Construye un castillo con hadas y duendes.

Tráeme chocolate y fresas.
Regálame cosquillas de azúcar
y hazme caricias con sabor a café.
Juguemos al escondite para que no te encuentre
y vuelve cuando te haya olvidado.

Rescátame de la rutina,
atravesemos la ciudad corriendo,
por medio de la gente.
Llena mi cama de caramelo y aceite.
Escúrrete por mi cuerpo poco a poco, fúmame.

Ordena mi desorden y dibuja nubes blancas.
Vamos al cielo a contar estrellas y
a saltar a la comba en Saturno.
Siéntate conmigo en un banco, miremos qué hace el mundo.
Dejemos que pase el tiempo sin sentir que se va la vida.

Explótame en cada segundo al mirarme,
arrópame después de la leche caliente,
un beso en la tripa… dulces sueños.
Conquístame con nada y olvídame con todo.
Acaríciame despacio en el balcón, mientras pienso.

Ayúdame a ver el mar en el horizonte.
Corramos desnudos por el desierto
hasta alcanzar un paraíso de arena mojada,
con diosas azules y música cálida.

Retózame, cántame y ríe.
Caliéntame, sofócame, déjate hacer.
Enséñame a soñar…

MAÑANA SERÁ OTRO DÍA

Hay días que mejor no levantarse. En los que da igual con qué pie comiences. Días en los que tienes un estado por defecto, sin posibilidad de modificar su configuración. Diriges al baño tus primeros pasos, mirada perdida e inconsciente, aún te duelen los ojos. Subes la vista hacia tu reflejo y ahí te encuentras: hinchada, enfadada, ojerosa y triste. Y entonces pronuncias tus primeras palabras: “vaya mierda”.

Se te han secado los ojos. Te has cansado de pensar y de luchar. Te has resignado a escuchar lo que no te gusta y a aceptar tu destino momentáneo. Así que, ausente de tus principios, sin demasiados ánimos para gritar en tu nombre, te rindes por unas horas ante tu adversario, confiando que en algún punto, se aburra de competir sólo.

Dentro de ti, a la altura del estómago, bichos que te comen te atormentan. Han formado una pelota gigante que te absorbe poco a poco y te han convertido en prisionera de su existencia. A pesar de tu inapetencia, decides llevarte algo a la boca, deseando que el desayuno sea el remedio. Tras un par de intentos, la leche se va por el sumidero y el pan al cubo de la basura. Otra vez los bichos ganan.

Tu yo gris no está por la labor de negociar, se ha enrabietado y ha cogido una pataleta de niño malcriado que no piensa abandonar tan fácilmente. Intentas hablar con él y le preguntas qué le pasa, y a mitad de la historia te aburres y te olvidas. En realidad no te interesa conocer su versión, sólo quieres que te deje en paz y desaparezca. Total, que después de debatir contigo misma durante un buen rato, empíricamente deduces y afirmas que, tarde o temprano, mañana será otro día.

NO SÉ

No me limpian las lágrimas ni me curan el dolor. No se me duermen los labios y no me preocupa, por suerte. Pero la mente se me ahoga en un mar gigante, que no tiene ni fin ni principio. Y el cuerpo es un acomodado del vicio, no hace más que pedir sin dar nada a cambio. No quiero no saber, y últimamente no sé ni qué no sé, y en el mar nado y nado y no llego a ningún puerto, y todos saben que odio nadar, mucho mejor flotar y dejar que a algún sitio me lleve la corriente. Pero, mientras tanto, no paro de pensar un mejor método para encontrar la costa, y sólo se me ocurren disparates. Desencadenantes que, para variar, no sé si me benefician, aunque tampoco creo que lo haga estar en medio de la nada, tumbada bocarriba sobre un mar ficticio intentando no hundirme. A veces siento cómo tiemblan ondas en mis oídos, y creo ver un pequeño barco a lo lejos, me remuevo y grito pero nadie escucha, así que supongo que no es más que fruto de mi imaginación, que me da tantas alegrías como tristezas cuando me doy cuenta de que sólo estoy pensando, que no es cierto. Y por eso en mi asquerosa y desesperante espera, cambio de formas repentinas de la risa al llanto, del sufrimiento a la felicidad en distancias tan infinitamente cortas que en muchas ocasiones se me cruzan todos los sentimientos a la vez y comienza el caos. El principio de lo difuso e incoherente.

No es posible negar lo evidente, pero la obviedad a veces queda tan lejos de lo que uno quiere ver, que se vuelve ciego ante ella. Y yo, de nuevo, no sé si me han puesto una venda o si lo que ocurre es que los axiomas juegan conmigo al escondite, pero está claro que yo siempre me la quedo y pierdo, porque todavía no he gritado un dos tres por ninguno de ellos. Aún me cuestiono, y no tiene nada que ver, por qué negamos afirmando, y por qué nadie me entiende cuando lo pregunto. Supongo que para alagar al oído, que si no se disgusta. Aunque yo odio que lo elogien porque sí. Cuando te lo regalan todo sólo con sonidos y te dibujan la mejor música que jamás escuchaste, luego tropiezas, te partes los dientes, levantas a duras penas y, aún así, quieres creer que lo que ocurre es que estás sorda. Por eso siempre mejor que vengan antes las bofetadas, para enjaular tus órganos y protegerte del posterior miedo.

Cuando no sé decir lo que quiero decir, los pensamientos se me aturullan y mezclan, y aunque desee sacar algo a relucir, cualquier resto de facilidad de palabra y muestra de diálogo coherente que pudiera yacer en alguna parte de mi cuerpo, mente o espíritu, se esfuma, se evapora. Como el agua del mar sobre el que floto. Es triste cuando comienzan a reproducirse imágenes en tu cabeza, recuerdos de personas, voces, caras, manos, de gente que estuvo en tu vida y ahora son sólo eso. Las relaciones humanas no hacen referencia al nombre. En ocasiones nos muestran las caras y las cruces, y a veces, incluso lo que ni siquiera el dueño de sí sabe sobre él. Y es increíble cómo, a pesar de los golpes, seguimos creyendo que cada ser nuevo, cada personalidad diferente nos va a dar todo lo que nos faltó, o lo que echamos de menos en algún momento de nuestra vida. Ponemos toda la carne en el asador confiando que por fin todos los fracasos serán recompensados, y que de verdad existe una relación cósmica en la que lo que perdiste un día lo recuperarás de alguna forma en otro. Joder con el optimismo…

Piensas y piensas y crees que en algún momento llegarás a una conclusión satisfactoria y merecedora de llevarla a cabo, pero después de todo el vaivén que te acompaña con la marea, sólo te has dado cuenta de la simplicidad de las cosas, y de cómo te empeñas sutilmente en complicarlas, engañándote sin enterarte. Pero así es más divertido, aunque me reitero en lo que tantas veces a mi misma me repito: no sé si…

22 de agosto de 2009

DE MUDANZA

Soy nueva. Me acompaña una mezcla de curiosidad y despiste, vienen y van ideas absurdas que aún no entiendo. Me balanceo en mis propias críticas sintiéndome idiota e incoherente, y aquí estoy, luchando contra eso. Sosteniendo un rincón anónimo y vacío, como una mudanza. A veces tonteo con la necesidad de abrir las ventanas que sujetan el aire, pero nunca termino la faena. Y hoy, con un grado de timidez y vergüenza, he decidido subir las persianas, para que sea más fácil leer en mi habitación.

Y por eso, después de todo,
se apagan las luces y se acaba la función.
Y en la entrada un cartel distinto,
otra historia por contar,
una nueva obra maestra...