Quiero que sepas, tú, cabeza insolente que me dices como debería sentirme en lugar de ayudarme a abrirme a la experiencia del sentimiento; que te abandono.
Quiero que sepas que es normal lo que ocurre mientras ocurra. Cualquier otra teoría es la extraña en esta única realidad y en esta única experiencia, en éste; el verdadero momento existencial. Dime si no, cuál es la razón de que acontezca lo que inevitablemente acontece, si no es porque simplemente es lo único que podría suceder; y eso lo envuelve en un aura de perfección que aún no hemos sabido valorar.
Tú o tu alrededor puede inventar una vida para ti, quizás planear cuán perfecto será todo en tu futuro inexistente, tu felicidad, tus coches o tus viajes. Tu pareja. El tiempo que dedicas a estudiar, a trabajar, a comer o a lavarte los dientes. El hecho de que no vas a morir joven, o de que tienes toda la vida para hacer aquéllo.
Voy a decirte algo: nada de eso depende de ti, así que no te esfuerces; porque cuanta más esperanza deposites, cuanto más esperes recibir a cambio de tu esfuerzo, cuanto más insistas en lo que tú o lo que cualquier cosa debería ser; más te alejas de aceptar el momento y, por tanto, más te acercas a la infelicidad.
No hablo de conformidad. Hablo de aceptación, de abrirse al espacio y a la experiencia sin juzgar. Si te sientes triste, siente la tristeza. Si te sientes enfadado, siente el enfado. El sentir está disponible para ti; ¿lo estás tú para él?