Sí, la estamos perdiendo. Tengo la fuerza para afirmarlo pero no la convicción para creerlo; aunque las evidencias lo ratifiquen una y otra vez ante mi perplejidad absoluta. El marco que recuadra la situación que nos acontece no deja lugar a dudas de la crueldad con la que trabajamos las personas; si es que es así como podemos llamarnos.
Estamos perdiendo la igualdad en la que se basa nuestra existencia. Más que perdiendo, abandonando, porque en ciertos momentos siempre reaparece una pequeña esencia de la misma. Quizás nunca nos hemos planteado seriamente qué significa en realidad que todos somos iguales. Quizás debamos leer una y otra vez las palabras de Martín Luther King para ver si así a lo mejor conseguimos darnos cuenta. En algunas ocasiones, desde las clases medias o altas se escucha decir: "nos puede pasar a todos, nadie es mejor que nadie" o "todos los hombres somos iguales"; pero siempre desde la distancia, creyendo realmente que a ti no te puede pasar y que lo que tú crees que has conseguido en tu vida es porque realmente te lo has ganado por tu esfuerzo y tesón. Aunque es curioso que cuando nos ocurren cosas que no entran dentro de nuestro catálogo de "buena vida" nunca pensamos que nosotros seamos los responsables.
A la vez que alimentamos el convencimiento de que si tenemos una gran casa o un muy buen puesto de trabajo es porque somos más inteligentes, hemos trabajado, estudiado o esforzado más que otro; damos por hecho que aquél que tiene que trabajar doce horas al día por ochocientos euros (partiendo de la base de que tiene trabajo, que tal cual están las cosas es un logro por sí mismo) no ha conseguido nada mejor porque no se lo ha currado lo suficiente. ¿En serio?
¿Realmente crees que todo lo bueno que consideras que tienes en tu vida es fruto de tu sacrificio y no influye ningún otro factor, y que además, el que está en una posición socialmente desfavorable ante la tuya es porque no ha puesto empeño por conseguir algo mejor?
Para no irme lejos, voy a poner como ejemplo mi actual situación. Vivo acomodadamente, me mantienen mis padres que, sin dejarme ser una chica caprichosa, siempre me han dado todo y más de lo que realmente he necesitado. Me han educado mirando hacia el contexto universitario, poniendo todas sus expectativas en mis capacidades, aceptando mis errores y dándome mil oportunidades para que en un futuro pueda terminar la carrera que he empezado. Sería una estupidez por mi parte que en dentro de un tiempo dijera que tengo estudios universitarios gracias a mi trabajo y esfuerzo. No: tengo estudios universitarios porque el entorno en el que me he desarrollado me ha llevado a ello y ha sido capaz de pulirme para que así sea.
Las personas que no son capaces de labrarse un futuro socialmente bien visto y aceptado no es porque no quieran hacerlo, ni porque no tengan las facultades, el tesón o la inteligencia para ello. Es porque su contexto no se lo ha permitido. Porque todos los logros de nuestra vida se basan en situaciones que no tienen nada que ver con tus capacidades ni con tus características personales. Todo depende del marco en el que te encuentres. Todo depende de si tus padres saben lidiar con tu carácter o no han podido con el adolescente rebelde, de si tuvieron medios suficientes para lanzarte al mercado con un título universitario o de si estaban o no en buenas facultades para poder educarte como persona.
Así que no se puede frivolizar diciendo "todos somos iguales"; porque el que se encuentra en el umbral de la pobreza, como miles de familias en España, ve que ante los ojos de cualquier Gobierno ellos no son iguales. Ellos no tienen privilegios económicos, ni sociales, ni administrativos. Y además, debemos aceptar cómo millones de personas viven en el mundo esclavizados por las grandes multinacionales, con esos contratos basura donde trabajas todo el día por una miseria, donde vives con la incertidumbre de que en cualquier momento te pueden echar sin explicación (y muchísimo menos indemnización), simplemente porque "al menos esas personas tienen trabajo". ¿A eso nos ha conducido el capitalismo, el afán por el crecimiento? ¿Quién ha crecido, nada más que los banqueros, los políticos y las multinacionales?
Aún con este asqueroso desarrollo de la historia, por la cual vamos haciendo y deshaciendo estupideces constantemente, siempre existe algún momento en el que aflora el verdadero sentimiento de igualdad. Un momento en el que nadie juzga al prójimo por su estatus social o por su raza; y es justo entonces cuando esta sensación brota y resurje en cualquier persona de forma involuntaria: la simple presencia de un recién nacido. Nadie es capaz de someter a juicio a un bebé, da igual su procedencia o la pobreza de sus padres. Todo el mundo es capaz de amarlo por su mera existencia, por su fragilidad y por la paz que ofrece gratuitamente.
Es ahí donde se demuestra que todos somos iguales, es entonces cuando podemos entender que lo que en el futuro le ocurra a ese bebé será fruto únicamente de un cúmulo de circunstancias, y que todos y cada uno de nosotros vivimos en base a las nuestras. Entonces, ¿por qué no aprovechar ese sentimiento de igual para trasladarlo a todos los momentos de nuestra vida? ¿por qué empeñarnos siempre en la pelea con el otro?
Me encantaría mandar una gran respuesta de unidad a todos esos grandes magnates y a la clase política que una y otra vez intenta aprovecharse de la mala situación que sufren sus iguales. A esos que no se dan cuenta que hacen daño indiscriminadamente con sus falacias y sus atropellos. No se trata de que tengamos que aceptar SU realidad, sino de darnos cuenta de CUAL ES la realidad de nuestra existencia. Y podemos dar por hecho que sus cimientos no tienen nada que ver con esta situación a la que quieren conducirnos, estamos viviendo en un escenario que han provocado ellos porque es a ellos a quienes les interesa. ¿Dónde está la democracia? ¿Dónde está el poder de decisión del pueblo? Necesitamos un sistema que nos garantice que lo que hemos elegido electoralmente se va a llevar a cabo, necesitamos gente que realmente crea que todos somos iguales y que todos tenemos derecho a las mismas oportunidades, independientemente del contexto de nuestra vida.
A veces tengo la sensación de que es cierto en lo que siempre me insiste mi padre: "no muestres tus convicciones políticas, nunca se sabe si esto puede dar una vuelta". Y ahora siento que esa vuelta se está dando, y que bajo el falso nombre de democracia hacen con nosotros todo lo que les apetece. Nos cuentan que tenemos libertad de expresión, que podemos alcanzar el sueño que tengamos, pero todo aquél que dice alguna verdad que no está dentro de lo que algunos quieren oír, es retirado sutilmente de su cargo. Hemos empezado diciendo "si no fuera por esos contratos basura, esa gente no tendría trabajo". Dentro de poco, cuando alguien comience a incomodar por sus ideas quizás tengamos que decir "al menos sólo lo han despedido".