Extiende los brazos. Cierra los ojos.
Abre tu alma, sube el pecho
respira y... VUELA.
Vuela, amor mío, sin temor,
a caer,
sin miedo,
a fracasar.
Atrévete a volar, déjate disfrutar de las montañas y el mar,
del olor a azahar, de las dunas templadas.
Y si caes en picado sentirás el roce del viento,
tu corazón bombeando, sentirás tu cara ardiendo.
Y quizás en el último momento seas capaz de planear,
de volverte a elevar, de controlar tu cuerpo.
Pero si la realidad atraviesa con una estaca tu pecho y te desangras moribundo,
quedarán,
para siempre,
en este mundo,
tus grandes ansias de volar.