27 de mayo de 2013

UNAS PALABRAS CON PERFUME

   "El mejor aprendizaje, el de la exploración. Sentir qué es lo que se produce en ti, cómo afrontas el examen. Estoy nerviosa, siento la ansiedad, estoy atenta, estoy agobiada. ¿Qué es lo que se presenta? El estrés es algo que te cierra, que te contrae, que elimina tus capacidades y tu funcionalidad. Te sentirás feliz de hacer un examen, porque es un gran regalo para la exploración; y poder explorar es algo maravilloso. Probablemente sea un gran momento para resolver un problema desde el mundo creativo.

Siempre sin intención, porque el resultado de la prueba no tiene ninguna relevancia. A nivel momentáneo puede que te impida alcanzar un objetivo concreto, pero quizás, quién sabe si dentro de diez años gracias a fallar en esa prueba obtienes algo realmente bueno para ti. El éxito no es éxito, el fracaso no es fracaso. Ninguna de estas dos cosas existen. No hay nada de importante en ello, y lograrlo o no, no cambia nada en ti. Cuando juegas al ajedrez, da igual quién gana o quién pierde, lo importante es lo que has experimentado durante la partida."

Esto es un breve resumen, un pequeño recuerdo, de una gran respuesta a una pregunta aparentemente sencilla: "¿Cuál es la mejor forma de realizar un aprendizaje cuando tienes que demostrar lo que has aprendido, cuando de alguna forma tienes que demostrar lo que sabes?" He querido compartirla, aunque las palabras no tienen sentido separadas del perfume con el que el maestro las impregna.

Siempre un poco más conscientes, un poco más en la escucha, tras estos encuentros con el gran Eric Baret.

20 de mayo de 2013

TOXICÓMANOS DEL ÉXITO SOCIAL

   A partir de un vídeo muy acertado acerca del éxito y contando uno a uno todos mis fracasos, llega la inevitable pregunta: ¿Qué es el éxito? Otro concepto más que añadir a la lista.

Habitualmente se presenta de manera permanente en mí la sensación de que no necesito nada, de que no existe un imprescindible en mi vida, de que con poco puedo adaptarme y ser feliz. Digo habitualmente, porque en ocasiones soy absurdamente injusta o caprichosa, y tomo a los objetos como algo verdaderamente importante. Pero analizando esta cuestión, me pregunto para qué nos sirve ser personas exitosas, y cual es el contexto de realización.

Existe una tendencia a relacionar el éxito con el terreno laboral, con cuánto ganas, cuánto has ascendido y cómo de importante es el puesto de trabajo que desarrollas. Y entonces, en base a eso, tienes éxito en el ámbito social si tienes opción a comprar una casa espectacular, si puedes ir a cenar al restaurante más caro de tu ciudad o si te permites comprar ropa de marca italiana. ¿Es eso la realización personal? ¿Todo se basa, al fin y al cabo, en ganar dinero para obtener cosas mejores que las del resto? Demasiado superficial para ser verdad. 

Supongo que estaremos de acuerdo en que si haces realmente lo que te gusta, si consigues vivir de desarrollar tu talento, tu trabajo supondrá algo reconfortante que te reporte satisfacción, pero ¿cuál es el fin de hacer crecer esta semilla? ¿Qué pretendes conseguir explotando todo tu potencial? ¿Ser feliz haciendo aquello que te llama, o generar un beneficio del mismo? Porque si se trata de lo último, si te pones una meta fija que debes alcanzar de cualquier forma, si el objetivo se basa en tener éxito; serás infinitamente infeliz, aunque utilices a tu talento como parte de la estrategia.

Porque no hay nada más satisfactorio que hacer lo que te gusta porque te gusta, sin intenciones. Sólo de esa manera y con un poco de suerte podrás tener éxito. El verdadero éxito, el único, el de ser feliz. Ése que realmente buscamos y anhelamos todas las personas. Y te darás cuenta de que es tu talento y tu trabajo desinteresado el que te conduce a él, sin que él sea el fin que quieres encontrar. Algún día alguien comenzará a poner atención en lo que haces, por el amor que pones en ello, por el valor intrínseco que sólo tú puedes aportar a esa actividad; y poco a poco irá creciendo la semilla sin que tengamos que desintoxicarnos de la adicción al éxito social.

12 de mayo de 2013

LAS PERSONAS, COMO LOS TENIS

   Igual que cuando te acabas de comprar unos tenis: los cuidas, los proteges, los admiras... y un día se pone a llover intensamente y tus adorados tenis, compuestos de una tela especial, que te ha llevado mucho tiempo conseguir, que a fin de cuentas te han costado una pasta; se quedan hechos un bodrio. Y tú te lamentas y lamentas: ¡Ohh mis preciosos tenis! 

Por mucho que los limpies, les des brillo, les quites el barro, les apliques mil productos para esa puñetera tela, hagas lo que hagas, al verlos lo único que percibes es una copia barata de lo que antes eran. Aunque nadie más note la diferencia, aunque en el fondo entiendas que no tiene importancia y que al fin y al cabo son unos tenis y siguen conservando su funcionalidad; en el fondo no es lo mismo. Pero es que en realidad, no son los tenis los que han cambiado, sino tu forma de mirarlos. A lo mejor tienen algún que otro desperfecto, pero siguen siendo los mismos de antes, los mismos, pero con una historia diferente.

Pues, a veces, con las personas me pasa igual que con mis tenis. Al principio eran una cosa, y luego, algunas veces se me atragantan, y ahí empiezan a parecer distintos, aunque lo único que ha cambiado es mi forma de mirarlos, porque voy acumulando el dolor de atragantarme y al final, por mucho que lo intento, sólo de pensarlo ya me duele la garganta. Y te dices a ti mismo: "¡pero qué necesidad! ¡voy a acabar con esto!". Pero es que por alguna razón sabes que coger los cuernos del toro supondrá un vapuleo que no estarás dispuesto a aguantar y no quieres ser el torero que mata al toro. Así que decides que es mejor seguir atragantado. Por eso de evitar daños colaterales.

Pero como digo, los tenis siguen siendo los de antes, y también las personas. Es mi mirada la que cambia, la que me irrita, y la que, en definitiva, se me atraganta.

10 de mayo de 2013

SI ME ACEPTAS, NO SOY PERFECTA

   Te doy un tiempo, uno que sea razonable, dos, tres semanas quizás. Más sería desproporcionado, inapropiado, incluso falto de dignindad. Tres semanas y dos días a lo sumo. Ésa es mi oferta. 

Un tiempo para digerirme después de que descubras que en realidad no soy perfecta. Sí, me quejo mucho, soy a veces irritante y desinquieta, pero puede que mi desorden te llegue a parecer sexy... No, supongo que mi desorden no. 

Está bien. Apúntalo, valóralo, piensa y reflexiona. Tres semanas y dos días, ni uno más. Anque a mi favor has de saber que no canto en la ducha, es algo a tener en cuenta sabiendo lo mal que lo hago.

Eso sí, no esperes que cambie si me aceptas. Quizás, a lo mejor, sólo si te veo sufrir demasiado, podré mejorar en algo. Pero sin presiones ni reprimendas. ¡Ah! Y no vale recriminarlo, si lo aceptas.

Pero si no me aceptas, si no puedes con mi inmadurez o con mi cabeza terca, te aviso y advierto de que, seguramente ninguna muñeca flaca, rubia, alta y de ojos angelicales, callada, responsable y complaciente; seguramente, nunca, nunca, nunca, podrá quererte más que yo.

9 de mayo de 2013

BRUCE LEE - "BE WATER MY FRIEND"


 Hay vida. Siempre, en cualquier situación, bajo cualquier circunstancia. Y nosotros la vemos pasar mirando las agujas del reloj de ese tiempo que no existe. La vemos pasar y pasamos con ella sin percatarnos de la quietud, de la paz, del silencio. De las oportunidades que desperdiciamos y cada día se nos brindan.

La vemos pasar sin darnos cuenta de que en realidad no pasa, sin abrir los ojos para observar cómo todo se conserva, se transforma, se adapta, evoluciona, pero nunca desaparece, y nos inventamos cosas como el tiempo o la velocidad, para añadir nuevos imposibles a nuestra existencia. Quizás me llamen loca, quizás me miren con cara rara, pero de verdad que nada de esto tiene sentido. Todas las ecuaciones que dependen de unas variables que sólo son conceptos, que no existen, que se definen únicamente por argumentos de la mente humana, no pueden tampoco existir.

¿Qué es el tiempo? Sé lo que es un árbol, sé lo que es el amor, o la amistad, o una de esas figuras de un gato chino de la suerte. Pero, ¿qué es el tiempo? Sólo un buen instrumento para realizar actividades en el conjunto de la sociedad, nada más que una manera de organizarnos y desarrollarnos. Sólo un concepto, una invención, una gran idea para medir... no sé muy bien el qué. Y esta estúpida idea nos ata sobremanera, nos impide vivir el momento presente, el único momento, el único "tiempo" que realmente existe.

Reducimos nuestra libertad, planeamos nuestro futuro inexistente, recordamos el peso de nuestro pasado y le damos vueltas a eso del tiempo sin dejarnos descansar. Ve a la montaña. Mira la vida. Observa su quietud. Y entonces mira cómo cae el agua de la montaña y nace el río, y el agua del río sale al mar y la del mar entra en el río. Y vuela a los cielos para descender y volver a subir una y otra vez, repitiendo el mismo ciclo sin cesar, siendo sólo agua, omnipresente. ¿Qué narices pinta ahí el tiempo?

El agua siempre está en movimiento, en cambio, en transformación, pero nunca deja de existir; y es que el tiempo, simplemente, no pasa.