Después de todo, se apagan las luces y se acaba la función. Y en la entrada un cartel distinto, otra historia por contar, una nueva obra maestra.
28 de septiembre de 2011
NO SOMOS QUÉ
27 de septiembre de 2011
GLADIADOR CONTRA GLADIADOR, TORO AGOTADO CONTRA HOMBRE
Absurdeces. Es lo que hacemos bajo el nombre de “tradiciones”, todo está justificado mientras se lleve practicando mucho tiempo.
Estamos anclados, tenemos miedo al cambio. Necesitamos las tradiciones para reafirmar y recordar quienes somos, y no nos damos cuenta de que precisamente ellas nos alejan de lo que somos en realidad. Existe un vínculo tan fuerte entre tradición y persona, que la creencia de que forman parte de nosotros nos impide deshacernos de ellas de una forma sencilla, ¿acaso perdemos una parte de nuestro ser con su desaparición? ¿Tiene más peso la tradición que la coherencia? Todo se transforma, el cambio es la evolución, es la naturaleza de todo cuerpo y, por supuesto, de todo sistema social, pensamiento y costumbres. No tiene sentido mantener elementos de una época en un entorno totalmente distinto. Que un acto sea una costumbre no quiere decir que sea bueno, ético, moral o enriquecedor; si lo fuera no supondría un problema mantenerla, sino todo lo contrario.
“Los toros que van a las plazas son los que mejor viven, los que mejor se alimentan, gozan de grandes espacios”, lo que, en consecuencia, y como trato oficial firmado por toro y hombre, justifica que lo lleves a una plaza, lo sometas a un estrés innecesario, lo pinches, se desangre poco a poco y, finalmente, intentes matarlo; con un poco de suerte lo conseguirás a la primera. El toro muere y la gente aplaude. A todos los animales domésticos que dejamos que coman de nuestras manos y duerman junto al sofá, como les brindamos una vida provista de placeres, los llevaremos a una plaza y los someteremos al mismo proceso que al “respetado” toro. Según el trato, es lo justo, ¿no?
El autoengaño toma parte de una forma crucial en esta actividad tan sumamente educativa: “el toro no sufre”, “la sangre que le sale no es nada comparada con la cantidad de sangre que tiene el toro”, “la gente no va a la plaza para ver cómo matan al toro”, “al toro se le tiene un gran respeto”. ¿Razonamientos basados en qué? Sobran comentarios.
Si la gente no asiste a las corridas específicamente para ver cómo matan al toro, que simplemente lo toreen. Que el torero se ponga arrodillado frente a él (esa mítica imagen) sin que esté desangrado, ni drogado, ni desfallecido (vamos, lo que es un toro en plenas facultades) y que toree, simplemente. Y luego el toro a pastar y el torero a cobrar. Es más simple, menos doloroso y por supuesto, menos morboso. No hay sangre, no hay sufrimiento, no hay muerte. En la época de los romanos, sin esos tres elementos, las luchas entre gladiadores tampoco habrían tenido éxito.