Felicidad: Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien. Así al menos viene definida en el diccionario de la Real Academia. Las circunstancias interfieren en la felicidad, y nuestra personalidad condiciona la forma de entender dichas circunstancias. ¿De qué tipo de bien hablamos? Platón, con el mito de la caverna creó la Idea de Bien, siendo ese Bien el máximo exponente para hallar la felicidad, pudiendo alcanzarlo desde, y únicamente, la razón. Aristóteles fue más allá: La causa final. Todo tiende a un fin. Y el nuestro, ser felices. Todos y cada uno de los procesos que vamos labrando a lo largo de nuestra vida, sólo son meros trámites para alcanzar nuestro mayor objetivo, nuestro mayor fin.
Aunque no entiendo la felicidad por sí misma, tan efímera y subjetiva, comprendo los conceptos básicos que la sostienen. A partir de los cuales todo se vuelve trivial, provocando el resurgir de las cuestiones. ¿Existencia o inexistencia del destino? ¿Está todo escrito, estipulado y ordenado o todo lo contrario? ¿Somos capaces de decidir o cambiar nuestro rumbo, o el propio hecho tomar el mando de nuestra vida, creyéndonos dueños únicos de ella, está ya determinado? Por tanto, ¿tenemos el poder realmente de ser felices por nosotros mismos? Y una vez logrado, ¿qué nos espera? La felicidad absoluta vendrá dada por la tranquilidad absoluta, donde todas las inquietudes habrán sido mitigadas. Y quizás ese conocimiento sólo haya sido concedido a un cuerpo divino o extraterrenal. Quizás sólo quien se creó a sí mismo sea capaz de entender su existencia, pero nunca la del propio poder de crearse.
El ser humano podrá labrarse un entorno aparentemente feliz, pero la mente seguirá despierta, y ya no valdrá con consultar a la almohada, no será suficiente con tomar una decisión, porque todas las decisiones importantes ya han sido tomadas. No tenemos tiempo de saber qué ocurre cuando lo tenemos todo. Cuando ya hay trabajo, ya hay familia, ya hay dinero que sostenga los caprichos o ya están cumplidos los deseos. Cuando ya ha pasado un tiempo de disfrute absoluto, sin preocupaciones ni a corto ni a largo plazo. El mundo occidental tiene estipuladas las edades a las que deben ocurrir las cosas, y luego ya no hay tiempo para nada, sólo está la muerte.
Los procesos para alcanzar el Fin son demasiado largos, quizás debamos resignarnos a no conocer la Felicidad, sólo los pequeños momentos felices, así que no me vale la definición de la R.A.E., no existe definición exacta para algo tan abstracto, y mucho menos comprensión ni conocimiento sobre él. Los caminos son extraños e inesperados, y lo que nos depara, esté ya escrito o por escribir, puede destruir nuestro castillo de arena, que aunque llegue a parecer sólido, en cualquier despiste se lo puede tragar la marea.