Incomodidad. Susceptibilidad. Mal humor. Los síntomas pre-menstruales y menstruales, la revolución hormonal y todas sus consecuencias. Quizás esos quejares son los que nos identifican, los que nos diferencia, los que te hacen ser mujer por razón propia. No por el hecho fisiológico de que tu óvulo muera y se desprenda de las paredes del útero. Sino por lo que ello provoca en tu estado de ánimo, en tu forma de comportarte, de encajar situaciones cotidianas como auténticas tragedias.
Cuántas veces habré escuchado el suplicio de ser mujer, y cuántas otras lo habré dicho. Pero qué regalo es en realidad. Somos las del sexto sentido, intuición femenina. Las que han sido fabricadas y amaestradas para luchar, para sobrevivir, para organizar. Nos creen sufridoras por naturaleza, algunos nos consideran el sexo débil, no se han dado cuenta de que a pesar de todas las trabas que nos ha impuesto la historia, englobando todos los factores sociales posibles, en todas las épocas y desde todos los tiempos, hemos conseguido lo que hemos querido, porque nadie ha sido capaz de reducirnos, aunque se haya intentado hasta la saciedad. Realmente, a nivel mental, nos han hecho un favor. Porque todo ese ataque, ese machaque continuo, sólo ha servido para que las nuevas generaciones nazcan con ese sexto sentido, con ese poder que nos hace encajar las adversidades. Que logra que tengamos fuerzas para trabajar a jornada completa: en el trabajo, en casa, en la presión social. En conseguir tiempo para la familia, para hacer y deshacer, para preocuparnos por todo excepto por nosotras mismas. Las mujeres tenemos la capacidad de olvidar nuestros objetivos, de borrar nuestras metas, por los nuestros. Porque la humanidad, la vida, nace de nuestro cuerpo. Nuestro vientre es algo divino y extraordinario, con lo que nada ni nadie podrá jamás compararse, porque no existe comparación posible.
Dios con certeza es mujer!
ResponderEliminar