15 de septiembre de 2009

EL FIN COMO FIN

Toda acción tiende a un fin, un propósito, una conclusión. Pero, ¿hacia dónde tienden nuestras mentes? ¿Actuamos siempre para alcanzar o llegar a algún punto? o, por el contrario, ¿basamos nuestras acciones en el azar como resultado?

¿Somos mentes de pájaro en mano o de ciento volando?

Nuestro cuerpo, en el presente. Demasiado simple.
Nuestra mente quiere traspasar las fronteras del tiempo, ir más allá, un día en el pasado y otro en el futuro, adelantando las horas, atrasando los segundos, jugando con lo establecido.

Hemos convertido el mundo en nuestra imaginación, hemos inventado, innovado, avanzado con la historia, con tragedias y victorias. Jugamos a ser dioses, a girar la tierra con el índice, a retar a la natura sin contemplar su respuesta.

¿Dónde está la perfección? Aristóteles, seguidores, ¿y vuestra felicidad?
¿Por qué si sabemos el fin, no conocemos el proceso? ¿Y por qué aún sabiendo que en las guerras nadie vence, no cesamos en su intento?
¿Es el hombre el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, o es el hombre el único animal?

El cielo se cae, el mar se ennegrece, y nosotros, algunos gritamos y otros contemplan. Limitados al rebaño, aquí estamos, y ahí está: El fin como fin, la catástrofe como resultado.

CASCADA DE MARAVILLAS

Los olores me invaden, me absorben. Soy incapaz de eliminar tu aroma, suave y masculino, sumisa ante él y su significado. Te tengo dentro sin que estés dentro, eres dueño de mi gusto, tu sabor no me abandona. Siento tu halo, tu brillo, tu esperanza. Está en mí y no lo quiero, o sí lo quiero, tengo miedo de ti y de mí. De que desaparezca mi vaga y fina fragancia y de que mi desdén por recuperarla, obligada por el encanto de la tuya, me suma en tu olor para siempre.
Pasó el tiempo, como debe ser, y no fui consciente. No sentí diferencias entre el día y la noche, simplemente vivía, por placer. Natural y libre, pensamientos insensatos y divertidos acompañaban instantes que parecían perfectos. Como si una nube de paz y tranquilidad hubiera absorbido mi cuerpo y hubiera eliminado el estrés y el pesimismo. El espacio fue indiferente, daba igual el lugar o el momento, las sensaciones se repetían una y otra vez como una cascada de maravillas que nunca sabría describir.