A continuación expongo una comparativa para entender, desde mi punto de vista, cómo debería funcionar el Estado para que, como entidad empresarial, fuera rentable.
1. INTRODUCCIÓN
Conceptos como la igualdad o la democracia nacieron hace miles de años en la Antigua Grecia, y a lo largo de la historia estos conceptos han ido ganando o perdiendo importancia según la época y los gobernantes. Desde la aparición de La República en Roma, donde se creó la primera codificación de las leyes, la destrucción de los logros romanos por el pueblo Vikingo, pasando por los Señoríos Feudales, donde imperaba la ley demás fuerte, hasta la imitación del modelo de Justiniano de la época romana por Napoleón Bonaparte, parece que en algunas partes del mundo se sigue funcionando con estos conceptos de libertad, igualdad o democracia.
2. EL ESTADO COMO EMPRESA
Según la Real Academia Española una empresa se define como:
1. Acción o tarea que entraña dificultad y cuya ejecución requiere decisión y esfuerzo.
2. Unidad de organización dedicada a actividades industriales, mercantiles o de prestación de servicios con fines lucrativos.
3. Lugar en que se realizan estas actividades.
De forma que una empresa no es más que una manera de obtener beneficios a través de diferentes actividades teniendo un lugar donde desarrollarlas. Y justamente esto lo podemos asimilar al objetivo que tiene un Estado. No existe empresa mayor ni más completa que la propia de un país, y para que las empresas individuales que coexisten en él salgan a flote, funcionen y sean perdurables en el tiempo, resulta de primordial necesidad que el país, como entidad empresarial, funcione. Tenga empleados, ofrezca trabajo y todo ello resulte rentable.
En teoría, actualmente, la Unión Europea debería funcionar como una unión entre empresas, que, mediante una serie de acuerdos, trabajasen en común y cooperasen entre sí para obtener resultados a la alza en sus cuentas. Para que un Estado prospere, lo más básico y esencial radica en su estructura social y el buen funcionamiento del Estado de Derecho. Sin embargo, es tiempo de plantear preguntas y realizar hipótesis: Quizás la situación que se vive actualmente sea el resultado de una mala visión. Quizás se ha desvirtuado y manipulado la forma de enfocar un Estado de Derecho, y debamos plantearnos fórmulas alternativas de convivencia, sacar de los cajones los conceptos que nacieron en la Antigua Grecia y que durante tanto tiempo hemos ido guardando, hasta olvidarlos por completo, para conseguir que esta gran empresa, globalizada y profundamente capitalizada, emerja del estado de recesión en el que se encuentra.
3. GESTIÓN DE LA EMPRESA: GOBIERNO
Para facilitar la productividad del Estado, resulta imprescindible que el cerebro de la empresa esté compuesto por personal competente, con cualificación y aptitudes para desarrollar su trabajo, además de factores personales como responsabilidad, empatía con el trabajador, sentido de la justicia... Una empresa no sólo debe ser rentable, sino que además debe invertir en rentabilidad. Tratar mal a los trabajadores, no ser respetuoso con el medio en el que se desarrolla, anteponer proyectos individuales a los globales de la sociedad o dar la máxima importancia únicamente al beneficio, son agentes que conducen a una mala gestión y una escasa capacidad moral, que derivará en malos resultados.
No es posible hacer variaciones desde el punto de vista puramente económico, sino atendiendo a las necesidades de cada sector y asegurando cuál es el funcionamiento del sistema, sin perder nunca de vista que estamos ante una Empresa de gran envergadura con grandes proyectos y de la cual dependen millones de personas. Un político debería tratar la gestión del país para el que trabaja como si fuera su propia empresa y los resultados del mismo fueran sus propias ganancias, no basándose en un sueldo individual que cobrará independientemente de cuáles sean los resultados de su mandato.
En cualquier empresa si un directivo despilfarra, malgasta o malversa dinero de la compañía su destitución es inmediata y con absoluta decisión, al igual que se despiden a trabajadores de menor rango que resulten incompetentes o lleven a cabo alguna actividad ilegal. De manera que el hecho de que los políticos no se vean abocados a ninguna consecuencia si sus acciones no resultan beneficiosas supone, de alguna forma, que no sientan una conexión directa con la empresa que gestionan y que los resultados, como a nivel personal no les afectan, no les supongan una motivación para sacar adelante unos proyectos globales sanos y equitativos.
Para el éxito de la empresa, esto supone una lacra que debemos ser capaces de eliminar, y para ello es necesario una renovación sociocultural y entender que no todo el mundo debe ser político, porque para desempeñar esta función no sólo se ha de estar instruido en conocimientos, sino además tener valores de honestidad y trabajar realmente para el Estado, sin beneficiarse más allá de lo que corresponde.
4. ¿CÓMO ELEGIMOS QUIÉN DIRIGE NUESTRA EMPRESA?
La forma de gobierno es algo que viene variando con el transcurso de los años. Haciendo referencia a la época de los griegos, primero Platón y después Aristóteles, hicieron una clasificación en tres maneras diferentes de gobernar:
La monarquía es aquélla en la que el gobierno es unitario, en la aristocracia Platón dice que gobiernan los mejores, mientras que Aristóteles dice que gobiernan "los menos" y por último
la democracia, que para Platón supone el gobierno de la multitud y para Aristóteles el de "los más". Este concepto es un poco más amplio:
Existe democracia directa, si es el pueblo quien toma directamente las decisiones, mientras que será indirecta o representativa cuando éstas las toman personas reconocidas por el pueblo como sus representantes. En la democracia participativa se facilita a los ciudadanos capacidad para asociarse y organizarse de manera que puedan ejercer una influencia directa en las decisiones públicas.
Actualmente, el proceso electoral para elegir a los representantes democráticamente funciona de maneras diferentes según en qué países. En Francia, por ejemplo, se hace una primera votación y otra posterior en la que se elige a los dos partidos políticos más votados. En España sólo hay una vuelta y en función de los escaños obtenidos, gobernarán unos u otros.
Según Aristóteles, las formas de gobierno pueden verse viciadas cuando los mandatarios se corrompen, de manera que la monarquía se convierte en dictadura y la democracia en demagogia. Tal y como funciona hoy el mundo, parece probable que este último caso esté presente en gran parte de las democracias de muchos países. ¿Tiene el pueblo recursos suficientes para intervenir en las decisiones del país en el que vive? ¿Se tiene en cuenta la importantísima labor de estos trabajadores en esa gran empresa que representa un Estado?
Para que un país pueda formar parte de la Unión Europea, aparte de tener en cuenta aspectos económicos, se considera imprescindible que la forma de gobierno de este país sea la democracia. Como ciudadana, he de expresar mi enorme desacuerdo en la forma de "tener en cuenta al pueblo": La única manera que tenemos para expresarnos parecen ser las urnas, y una vez que los resultados hablan, los que gestionan el dinero que tantos aportamos para que nuestra Gran Empresa se mantenga a flote se ven con el derecho suficiente para tomar decisiones a su antojo, obviando, incluso, las promesas que hicieron durante la campaña. El derecho a huelga o a manifestación, se mantiene simplemente como eso, y los representantes hacen caso omiso a las peticiones del pueblo, dan por hecho que con el resultado electoral tienen carta blanca para hacer lo que pretendan. Las cuestiones son varias: ¿Puede cualquier persona formar parte de un partido político? ¿Es fácil presentar una candidatura a la presidencia de un país? ¿Existe una representación parlamentaria real de los ciudadanos? En consecuencia: ¿vivimos realmente una democracia?
Los políticos, directivos de esta gran empresa, son elegidos por los ciudadanos, pero nadie les exige que deban tener una carrera en concreto o conocimientos en el campo sobre el que van a trabajar. Si elegimos a un partido político para que nos represente, deberíamos poder exigir qué cualidades deben tener los directivos de nuestra empresa para manejarla. Un Ministro de Fomento debería estar titulado en Ingeniería Civil, al igual que el Ministro de Sanidad haberse instruido en Medicina; porque aquél que haya estudiado y trabajado en su campo, es quien mejor conoce los cambios y mejoras que han de realizarse.
La teoría dice que vivimos en un Estado de Derecho, que participamos en una democracia, que se tiene en cuenta a los ciudadanos. ¿Se corresponde con la práctica? Quizás lo cierto sea que nos hayamos vuelto esclavos del Estado de Derecho, para el cual nos formamos, organizamos y trabajamos, en el que nuestra riqueza supondrá la suya, pero donde no podemos participar activa ni directamente.
5. CIUDADANOS
Cada trabajador es parte necesaria y esencial del engranaje de una empresa. Los resultados de su trabajo dependerán en gran medida de la motivación, de la estabilidad o de la presión a la que estén sometidos. Es importante que el trabajador se sienta identificado con la empresa a la que pertenece, para que su esfuerzo sea mayor y que cada crecimiento de la misma suponga un logro para él. Como se ha citado anteriormente, es de vital importancia un cambio sociocultural para que entre todos, ciudadanos y políticos, seamos capaces de poner en marcha el plan que nos conduzca hacia el crecimiento. Los ciudadanos se encuentran enclaustrados en sus propios problemas y en sus metas individuales, y, en general, no son conscientes de que sus acciones podrían repercutir de forma directa en las decisiones que posteriormente tomaran los políticos. Crecemos con la idea de que ya todo está establecido e inventado, que el funcionamiento del mundo, de la humanidad, del país o incluso del pueblo en el que vivimos no puede modificarse, y coexistimos en el mundo de la conformidad; como si nada tuviera que ver con nosotros. Como si el Estado del Bienestar se fuera a mantener eternamente, pasara lo que pasara.
La generación a la que, en este caso, pertenezco, parece estar registrada en el no actuar, en el consentir todo lo que quieran hacer los que están en la cúpula de la empresa a la que pertenecemos; y a veces no nos damos cuenta de todo lo que se ha luchado, no sólo durante un par de generaciones anteriores, sino a lo largo de toda la historia, para conseguir formar el mundo en el que ahora nosotros vivimos.
Resulta complicado que una mayoría sienta interés por lo que ocurre hasta que no vean cómo les afecta personalmente, y por ello es básico que este tipo de educación se introduzca en la enseñanza. Si desde pequeños creciéramos con estas nociones, si cada día en el colegio los niños pudieran debatir sobre cuestiones como la democracia, la situación que vive su país, el mundo... Si se lograse inculcar un sentimiento de responsabilidad y se invirtiera en ello, el futuro de la Empresa sería mucho más favorecedor. Para nada nos interesa cultivar a las personas en la ignorancia, porque eso sólo lleva al mal hacer de las cosas.
A mayor participación, mejores resultados. Y esto también está en manos de los gerentes de la Empresa, a los que a veces parece que resulte mejor que las personas no caminemos por la trayectoria del aprendizaje moral. Invertir en enseñanza, es invertir en futuro, crear expectativas, curiosidades, críticas, competitividad. La combinación perfecta para generar discusiones y debates, que, como nos enseñaron los griegos, es la mejor forma de sacar conclusiones y consensos.
6. DÉFICIT: LA EMPRESA TIENE PERDIDAS ¿QUÉ SE ESTÁ HACIENDO MAL?
Si los ingresos que recibe tu empresa son menores que el capital que invierte, significa que sufre déficit. Cuando se llega a esta situación, es necesario buscar alternativas que transformen este resultado, y lo principal sea, quizás, la reducción de gastos. Esta reducción puede llevarse a cabo de diferentes maneras, pero debe tenerse en cuenta que esto generará cambios importantes a la hora de crear un producto. Por ejemplo, no es lo mismo optar por ahorrar en personal (despidos) que hacerlo en el proceso de fabricación, intermediarios o transporte.
La dificultad está en que tu empresa debe seguir desempeñando su labor partiendo de menos dinero, y eso supone directamente una modificación en cómo se estaban haciendo las cosas hasta ahora. Sin embargo, aunque haya cambios en la forma de producción, el valor del producto final debe conservar su funcionalidad. Si recortas en los valores esenciales que conforman tu producto, a medio y largo plazo esto supondrá una devaluación progresiva de tu empresa. Si en una obra decides ahorrar en materiales como el hormigón, es posible que la cantidad ahorrada afecte directamente a la estabilidad de la estructura, lo que supone un riesgo que no deberías correr.
La situación en la que actualmente se encuentra el Estado de España es el resultado de lo que se acaba de ilustrar. Gastar por encima de lo que se ingresa encierra un peligro que debería tenerse en cuenta antes de llevar a cabo cualquier acción que incluya una inversión. Los gobiernos de Europa apuestan por la austeridad y el recorte, y exigen la reducción a corto plazo de la deuda de los países que la forman. Resulta evidente que es necesario ahorrar, pero ¿se puede ahorrar en todo? Recortar en educación es como si una fábrica de coches no pusiera algunas piezas en su vehículo: en un periodo de tiempo éste se estropearía.
En cuanto a la calidad de trabajo de los empleados de una empresa, hay que tener en cuenta que es algo en lo que no se debería recortar, y si fuera necesario, hacerlo de la forma de menor repercusión posible. Si en un Estado reduces la cantidad de profesores y aumentas el número de alumnos por aula generas una peor enseñanza. Aumentar las tasas de las Universidades y reducir las becas supone que sólo cierta clase de gente pueda acceder a ella. Recortar en sanidad deriva en que la calidad de vida de las personas que forman parte de un país deban gastar más para invertir en lo más importante, lo que conlleva a que el resto de sus actividades disminuyan.
Una empresa nunca debería recortar en la calidad de trabajo de sus empleados ni en el aprendizaje que requieren para ser más competentes, porque entonces será la empresa quien se vea afectada por la ineficacia o los problemas de salud de sus propios empleados.
Para que las medidas adoptadas funcionen realmente, han de hacerse mirando cada caso detenida e individualmente, no aplicando una regla general que afectará de forma indiscriminada a todos por igual, sin tener en cuenta factores familiares, sociales o económicos. Para que el resultado sea óptimo hay que realizar mayores y mejores estudios de la situación.
7. CONCLUSIONES
Al igual que el Estado de Derecho cumple con la teoría pero es complicado llevarlo en su totalidad a la práctica, lo que se ha expuesto en este análisis también supone una tarea difícil de plasmar en la realidad a la que pertenecemos. Siempre hay obstáculos que atravesar y barreras que saltar, pero son esos momentos los que sirven para darse cuenta de que las cosas no han ido por buen camino.
El Estado funciona como una potente empresa, y como tal hay que tratarlo, de forma objetiva y contando, por supuesto, con todos aquellos que la componen. Teniendo los derechos y obligaciones de cada cual siempre presentes, para que el mundo cada vez se convierta en un lugar un poco más justo.
Es necesaria una reforma, pero no sólo económica. Debe ser una reforma de nuestro entendimiento de la sociedad, del mundo, del funcionamiento de cada una de las cosas que nos rodea. Es complejo hablar de igualdad, cuando en función del dinero y de las amistades que tengas recibes un trato u otro en esta sociedad. Donde si eres político tienes una cantidad de privilegios que cualquier otro trabajador nunca las tendrá, independientemente de cómo realice su trabajo. Las palabras se las lleva el viento, y hay que demostrar la valía con acciones y decisión.
Quiero hacer mención a las palabras de Martin Luther King, porque muchos aún seguimos soñando, y tenemos cada vez más esperanzas de que , por fin, su sueño se haga realidad:
"Yo tuve un sueño. Soñé que un día en las rojas colinas de Grecia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de sus amos se sentaban juntos en mesa de hermandad. Soñé que un día mis cuatro hijos negros no eran juzgados por el color negro de su piel, sino por el contenido de su responsabilidad.
Hoy he tenido un sueño. He soñado que un día los valles serán rellenados, las montañas serán aplanadas, los caminos tortuosos serán enderezados y la gloria del Señor se revelará y todos la contemplaremos juntos. Esta es nuestra esperanza".
Martin Luther King