15 de abril de 2012

CRÍTICAS JUSTAS, VISIÓN INCORRECTA

Gobierno. Corrupción. Manipulación. Estafa. Clasismo.

No tengo ninguna intención de hablar en este espacio sobre política, porque ya todos sabemos lo cansados que estamos de que nos tomen el pelo, de que se inventen términos para intentar disimular sus recortes y sus subidas de impuestos. La ambigüedad revela falta claridad, y a eso le acompaña el hecho de que no quieran que conozcamos sus verdaderas intenciones. Pero quiero hacer una reflexión sobre el hecho de ser político.

Su labor no es fácil. Entiendo la presión a la que deben estar sometidos, porque siempre se espera algo de ellos. Los votantes depositan su confianza, sin ni siquiera confiar realmente; porque según parece no existen alternativas. Y quizás, en muchas ocasiones debas pasar por muchos aros por los que antes nunca hubieras pasado; y quizás, entonces, tener por profesión "político" sólo sea posible para un cierto tipo de gente, donde al final por sacar adelante un proyecto, no te quede más remedio que desechar tus ideales. El hábito hace al monje.

Ser político es algo más que ir al Congreso vestido de traje con carpeta en mano, dispuesto a dejar a tu contrincante en ridículo ante el resto de diputados. No consiste en estar recordando continuamente lo mal que otros hicieron las cosas en el pasado; tampoco en olvidar los errores que uno mismo cometió, sin asumirlos ni disculparse. Se trata de actuar de acuerdo a tus convicciones y a las del país al que representas, y poner todo de tu parte, de manera honesta y sin tapujos, para salir adelante ante una situación adversa.

Y todo esto me conduce a planteamiento de si realmente son políticos las personas que deben serlo. El político debe tener don de gentes para que le voten; y por "don de gentes" se entiende practicar cosas como el enchufismo, el dinero por debajo de la mesa, la concesión de privilegios a tus amigos... Porque lo más importante de ser político, según parece, es que puedes hacer muchos favores.

El verdadero político no debería dejarse engañar por la conveniencia de sus falsos amigos, debería trabajar como político con todas las consecuencias, para poder decir alto y claro: Sí, soy político, y honrado. No robo, no engaño, no manipulo, y he sido capaz de rectificar cuando he tomado una decisión poco acertada. Sólo ése es el que verdaderamente mira por y para el pueblo. Quizás no es el político que a nivel personal más nos convenga, porque no es tan simpático o no me va a ayudar a saltarme la burocracia para conseguir un permiso. Pero ÉSE, ÉSE que no te gusta a nivel personal es el que no te va a robar ni va a jugar con tu país, porque es quien hace las cosas como debe hacerlas.

Si analizamos a la sociedad, ¿cuántas personas conoces que realmente hagan las cosas como son? ¿A cuántas conoces que no intenten sacar partido en su beneficio de una situación? ¿Que no sean capaces de pisar al otro para conseguir un ascenso? En definitiva, ¿cuántas, de verdad, juegan la partida limpiamente?

Por desgracia, el comportamiento de nuestros políticos no es nada más que el reflejo de la sociedad en la que vivimos; y no los excuso de ninguna manera, pero tristemente es así. Cualquier trabajador de a pie que se encuentre jodido por los recortes que le están aplicando: bajándoles el sueldo, reduciendo las becas de sus hijos, aumentando los impuestos... ¿Si no se viera afectado a nivel personal, sino incluso, le viniera bien, cual sería su respuesta? ¿Se pondría en el lugar del prójimo? ¿Si le otorgaran poder político mantendría sus convicciones hasta el fin?

Sólo una pequeña parte de las personas son así. Sólo una pequeña parte de nuestra sociedad es capaz de dejar al dinero y al poder en un segundo plano, y aún una parte más pequeña se pone en la piel del otro, en cualquier situación. Estamos sumidos en el egoísmo, la avaricia y la ambición, de forma que nuestros representantes, no pueden ser otra cosa nada más que nuestro propio reflejo.

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