30 de julio de 2011

ESENCIA

Las cosas son lo que son, pero no somos capaces de percibirlas como tal, nos dedicamos a dramatizar situaciones absurdas y a centrarnos en los pensamientos que nos surgen, indentificándonos hasta la saciedad. Todos los males son nuestros, el sufrimiento es la termita que nos carcome, y nos encanta alimentarla.

Estamos decicidos a que lo que nos acontece debe ocurrir tal y como nosotros lo hemos planeado, no damos lugar a dudas sobre lo que queremos ser y, definitivamente seremos, de mayores. Cuando crecemos y echamos la vista atrás nos damos cuenta de que en cada momento deseamos una cosa diferente, y casi siempre que la conseguimos, la olvidamos y buscamos un próximo objetivo que lograr; como si nuestra vida se basara en el triunfo, en obtener una medalla tras otra para acumularlas en el baúl y sacarlas sólo cuando nos sentimos indefensos. Es la necesidad de reforzar nuestro ego, nos queremos tanto, y nos gusta tanto cómo somos cuando sentimos que ganamos algo, por pequeño que sea, que no nos queremos separar de esa sensación, volviéndonos incapaces de encajar un fracaso.

Ya no me creo a las familias intachables, ni a los novios maravillosos, ni a las relaciones que parecen ser idílicas. Todo el mundo se ha dedicado a publicar en redes sociales fotografías de sus amores, de sus amistades, de sus fiestas, con todo el mundo divino y perfecto. Pero sin olvidar el previo paso por photoshop, ése es el filtro en este caso. Cambias la iluminación y borras un pequeño desperfecto, y listo. La realidad no es así, es tal cual, y la sometemos a un tamizado que nos vuelve ineficaces ante situaciones "adversas".

En lugar de aceptar las cosas tal como vienen, nos basamos en cómo nos gustaría que fueran, sin darnos cuenta de que éso sólo alimenta nuestro convencimiento de cómo deberían ser, en lugar de cortar de raíz con nuestras creencias y nacer ante la vida, de nuevo. Cada situación es distinta, y así tendríamos que reaccionar ante ellas, adaptándonos. Dejar de actuar a través de lo que pensamos, de lo que nos han inculcado, sólo funcionar, sin prejuicios.

"La obviedad a veces queda tan lejos de lo que uno quiere ver, que se vuelve ciego ante ella" Lo escribí hace mucho tiempo en una entrada, y refleja exactamente lo que ahora quiero expresar. La realidad es sólo lo que percibimos, y eso la convierte en una mera idea. Somos capaces de negar lo más evidente, y de ver claro lo más complicado, todo es cuestión de cómo catalogues la información al recibirla, y en qué carpeta de tu memoria la guardes.