26 de marzo de 2020

EMPAQUETADOS

Empaquetados en el drama del éxito social, nos alentamos. Nos convencemos de que vamos a aprender a amar, a confiar, a disfrutar de todo aquello que antes olvidamos. No es pesimismo si te digo que todo ese ruido no es más que una historia mental. Efímero. Volátil. En el más mínimo despiste volveremos a abrirle la puerta a la inconsciencia, a lo superfluo, a lo banal.

Creemos haber aprendido algo de nosotros mismos, de nuestro individuo, del conjunto social. Creemos que vamos a reparar nuestra podredumbre.

Pero, ¿en qué estamos pensando? Si no en volver a nuestro sistema capital. A nuestras excusas del falso bienestar. A nuestras mentiras sobre la necesidad.

No vamos a flexibilizar nuestras vidas. No vamos a recomponer nuestra estructura. Más bien, quizás caigamos en el error del refuerzo, por la falsa creencia de una mejor realidad.

¿Y si tomamos un momento para mirar? Para tomar distancia, y ver, desde lo alto del Universo, QUIENES somos. QUÉ somos. Y por qué hemos renunciado, todo este tiempo, a reconocernos como vida casual, que no causal.

¿Y si tomamos, un instante, para desempaquetarnos? Para quitarnos el plástico que nos protege de vivir. Que nos aísla del viento, del agua, del frescor de la mañana, del calor del medio día.

¿Y si mudamos ya esta piel envejecida por nuestros juicios, y volvemos a resplandecer por nosotros mismos, aceptamos nuestro brillo y abrazamos cada amanecer?

¿Y si florecemos? como el mundo, al pararnos. ¿Y si volvemos a nuestra esencia, y nos ofrecemos, a la vida?

21 de marzo de 2020

MÁS AMOR

No puedo hacer más
que hacer lo que
ayer dejé.
Pero puedo amar,
más, y querer.

Puedo recorrer los pasajes
de una mente inquieta,
en esta primavera extrema,
extraña, cómplice
de una historia
sin breve final.
Puedo valorar
lo que viene y va,
y lo que yo traigo.

No puedo hacer más
que hacer lo que,
pudiendo,
quiera hacer.
Pero siempre puedo
querer querer más.

Más querer,
más amar,
más AMOR.

19 de marzo de 2020

FELICES PAPÁS

Hoy es el día del padre.

Un día del padre con extrañas connotaciones, con la amenaza de un virus que ha derivado en pandemia. Confinados en nuestras casas, en nuestro hogar, en nuestro refugio; miramos el mundo desde nuestras pantallas.

Hoy, la mayoría no podrá ir a comer con su padre, no podrá abrazarlo y besarlo. Pero puede quererlo, igual que siempre, puede amarlo, como toda la vida.

Qué voy a decir yo de mi padre. Es MI padre. Sin descripción, el único, mi Papito Querido. Estos últimos tiempos nos están haciendo crecer, y en nuestra familia estamos recordando lo mucho que nos queremos, y lo importante que es quererse. Y lo difícil que es enfrentarse a lo desconocido que siempre trae miedo. Estamos recordando que estamos, para lo importante y como dice mi hermano: #pasiempre.

Así que este día del padre lo hago extensible también a mi hermano. Porque somos  parte de un mismo origen. El resultado del amor, que no siempre sabemos expresar. Que a veces olvidamos, o que no sabemos valorar en el día a día, por la costumbre de tener una familia con todas sus letras.

No te acostumbres. Valora, el día a día. Y quiere, sin condiciones.

Un aprendizaje que nos servirá, en la extensión de nuestras familias, con el amor de mi vida y el resultado de ese amor. Mi hijo. Gracias por estar siempre y por el gran regalo que eres.

Feliz día del padre, a mi padre, a mi hermano y a mi amor. Por ser personas que se preocupan, que cuidan, que están, que quieren, que arropan y acogen a todos los que lo necesitamos.


19 de febrero de 2020

AMOR DE CINCO MINUTOS

Si me marcho no me dejes,
amor de cinco minutos,
vida de veinte.
Si me marcho recuerda que
aún tengo llaves de esta cerradura.

Si quizás tardo en calcular
el tiempo que nos queda,
todo el tiempo.
Si los atardeceres ya no son rosados,
si no soy capaz de escuchar
el canto de los pájaros;
no me dejes.

No me dejes si no quiero,
si un tiempo no quise,
si algún tiempo no querré,
este amor de cinco minutos,
vida de veinte.

Si me pauso, si me paro.
Si me quedo muda y calla
mi amor para siempre
durante los cinco minutos
más largos de la vida de veinte;
por favor no.
No me dejes.