28 de junio de 2013

aMOR CON MINÚSCULA

   Te echo de menos, amor. Echo de menos la calidez de un abrazo, de ésos que resultan tan difíciles de encontrar.  Porque hace tiempo que ya nadie abraza, y no hay nada mejor, nada más placentero en este mundo, que un abrazo al levantarte de la cama. Un abrazo que te envuelva y embriague, y te recomponga de tus sueños y pesadillas.

Echo de menos el amor con minúscula, el amor simple, el cariño profundo que se expresa naturalmente entre gente sencilla, entre amigos, familia o simples desconocidos. El de ir por la calle y encontrar miradas dulces que sonríen alegremente y te brindan un momento especial en tu jornada, que te aísla del caos social o de tu estrés mental por unos breves segundos. Cuando limitamos la expresión del amor, cuando la coartamos y controlamos,  aparece una carencia de algo esencial, se esfuma esa energía positiva que nos ayuda a activarnos corporal y sensorialmente.


Te echo de menos, amor. O al menos echo de menos a la expresión de ti. Lo echo de menos en todas las personas que van entrando y saliendo en mi percepción, en mi entendimiento de la vida. Porque las relaciones cada vez más me resultan de una superficialidad absoluta, como si hubiésemos anulado nuestra capacidad para comunicarnos más allá de palabras vacías, más allá de un interés comercial que practicamos continuamente cuando son nuestros intereses superfluos los que nos guían. Comerciamos con simpatías o antipatías según nos convenga, vendemos, compramos o pactamos relaciones siempre que de alguna manera nos beneficie. Algo así como un contrato entre partes que no hace falta escribir ni verbalizar, pero que ambas conocen.

No me canso de decirlo: somos unos pesados. Tenemos esa incomprensible manía de hacerlo todo difícil, anteponiendo nuestro ego, nuestras ideas, nuestras intenciones, a las de los demás, porque siempre somos más importantes, siempre nuestros pensamientos tienen la razón y es el resto quien se equivoca.

Hoy le doy paso a la simplicidad, le concedo un instante a la sencillez y doy por anulado el contrato. Prefiero el amor desinteresado con abrazos y sonrisas gratuitas, porque es ese amor al que echo de menos, al que puede o no ser recíproco y del que no esperas nada a cambio; un aMOR con minúscula que pasa desapercibido.