Empaquetados en el drama del éxito social, nos alentamos. Nos convencemos de que vamos a aprender a amar, a confiar, a disfrutar de todo aquello que antes olvidamos. No es pesimismo si te digo que todo ese ruido no es más que una historia mental. Efímero. Volátil. En el más mínimo despiste volveremos a abrirle la puerta a la inconsciencia, a lo superfluo, a lo banal.
Creemos haber aprendido algo de nosotros mismos, de nuestro individuo, del conjunto social. Creemos que vamos a reparar nuestra podredumbre.
Pero, ¿en qué estamos pensando? Si no en volver a nuestro sistema capital. A nuestras excusas del falso bienestar. A nuestras mentiras sobre la necesidad.
No vamos a flexibilizar nuestras vidas. No vamos a recomponer nuestra estructura. Más bien, quizás caigamos en el error del refuerzo, por la falsa creencia de una mejor realidad.
¿Y si tomamos un momento para mirar? Para tomar distancia, y ver, desde lo alto del Universo, QUIENES somos. QUÉ somos. Y por qué hemos renunciado, todo este tiempo, a reconocernos como vida casual, que no causal.
¿Y si tomamos, un instante, para desempaquetarnos? Para quitarnos el plástico que nos protege de vivir. Que nos aísla del viento, del agua, del frescor de la mañana, del calor del medio día.
¿Y si mudamos ya esta piel envejecida por nuestros juicios, y volvemos a resplandecer por nosotros mismos, aceptamos nuestro brillo y abrazamos cada amanecer?
¿Y si florecemos? como el mundo, al pararnos. ¿Y si volvemos a nuestra esencia, y nos ofrecemos, a la vida?
No puedo hacer más
que hacer lo que
ayer dejé.
Pero puedo amar,
más, y querer.
Puedo recorrer los pasajes
de una mente inquieta,
en esta primavera extrema,
extraña, cómplice
de una historia
sin breve final.
Puedo valorar
lo que viene y va,
y lo que yo traigo.
No puedo hacer más
que hacer lo que,
pudiendo,
quiera hacer.
Pero siempre puedo
querer querer más.
Un día del padre con extrañas connotaciones, con la amenaza de un virus que ha derivado en pandemia. Confinados en nuestras casas, en nuestro hogar, en nuestro refugio; miramos el mundo desde nuestras pantallas.
Hoy, la mayoría no podrá ir a comer con su padre, no podrá abrazarlo y besarlo. Pero puede quererlo, igual que siempre, puede amarlo, como toda la vida.
Qué voy a decir yo de mi padre. Es MI padre. Sin descripción, el único, mi Papito Querido. Estos últimos tiempos nos están haciendo crecer, y en nuestra familia estamos recordando lo mucho que nos queremos, y lo importante que es quererse. Y lo difícil que es enfrentarse a lo desconocido que siempre trae miedo. Estamos recordando que estamos, para lo importante y como dice mi hermano: #pasiempre.
Así que este día del padre lo hago extensible también a mi hermano. Porque somos parte de un mismo origen. El resultado del amor, que no siempre sabemos expresar. Que a veces olvidamos, o que no sabemos valorar en el día a día, por la costumbre de tener una familia con todas sus letras.
No te acostumbres. Valora, el día a día. Y quiere, sin condiciones.
Un aprendizaje que nos servirá, en la extensión de nuestras familias, con el amor de mi vida y el resultado de ese amor. Mi hijo. Gracias por estar siempre y por el gran regalo que eres.
Feliz día del padre, a mi padre, a mi hermano y a mi amor. Por ser personas que se preocupan, que cuidan, que están, que quieren, que arropan y acogen a todos los que lo necesitamos.
Si me marcho no me dejes,
amor de cinco minutos,
vida de veinte.
Si me marcho recuerda que
aún tengo llaves de esta cerradura.
Si quizás tardo en calcular
el tiempo que nos queda,
todo el tiempo.
Si los atardeceres ya no son rosados,
si no soy capaz de escuchar
el canto de los pájaros;
no me dejes.
No me dejes si no quiero,
si un tiempo no quise,
si algún tiempo no querré,
este amor de cinco minutos,
vida de veinte.
Si me pauso, si me paro.
Si me quedo muda y calla
mi amor para siempre
durante los cinco minutos
más largos de la vida de veinte;
por favor no.
No me dejes.
¿Te ha pasado alguna vez? Estar con alguien perfecto. Que lo mires, y percibas la belleza de su ser. Que admires todos sus movimientos. ¿Te ha pasado alguna vez? Estar con alguien que adoras en las profundidades del alma, estar con un ser perfecto que al mirarte, sin decir nada te habla. ¿Te ha pasado alguna vez? Alguien al que valorar simplemente por lo que es. Que lo mires, y lo mires, y lo mires... y veas siempre el azul y verde perfecto que habita en su sencillez.
Supongo que existo, a pesar de la incertidumbre. A pesar del no hacer, del desconcierto, de la utopía y su antónimo. Existo, como cuerpo que envejece, mientras espero un milagro.
La Ciudad continúa (y nunca duerme), ni el país ni la gente se han hundido por el movimiento que puedo percibir desde mi ventana. Los andares tangibles siguen vagando por ahí, de un lado para otro; algunas veces con destino.
Así que entre tanto flujo intermitente deduzco que en realidad nada de esto era para tanto. La gente sigue viviendo de una u otra manera. Las plantas y los árboles nos observan atónitos y expectantes, esperando que el viento les regale un balanceo.
Somos el espécimen con suerte del planeta. Al menos, y en teoría, los que vivimos en este lado del mundo. Ese mundo que se ha ido despiezando como el puzzle que descompones sin haberte dado tiempo a terminar; porque te cansa seguir buscando la pieza correcta; así que lo devuelves a su caja y lo olvidas por un tiempo.
Un día, como por arte de magia, atraída por una fuerza ajena a ti y ante la que te doblegas sin esfuerzo, lo recuperas de su caja y de pronto las piezas empiezan a encajar poco a poco, fácil, espontáneamente. De pronto el antiguo y olvidado puzzle resurge y de nuevo toma forma.
La realidad es que a las piezas, a veces, les cuesta encajar. Tienen que esforzarse para lograrlo, a veces, no quieren. A veces sí. Pero si alguien las guía en el camino, pueden entender que encajar sólo es un juego, la ilusión de una verdad.
Así que existo, a pesar de mi pieza. A pesar de mi puzzle. Más allá de la ilusión.
Un trozo roto de papel conquista horizontes y crea espacio, murmura en silencio a tu corazón.
Invade tu cuerpo lo extraordinario, melancolía...de vuelta a tu ilusión. A tu ilusión.
A tu ilusión...
Crea materias,
dibuja cielos,
rompe colores,
lleva reflejos,
de tu alma y mía,
de mía y tuya.
Espacio exterior
que veo azul,
que miro lejos,
que me da miedo,
que rompe el sol.
Que rompe el sol.
Tengo pequeños
regalos dentro,
con alegría,
con sentimiento,
rompen mis mierdas,
rompen mis miedos,
una belleza
que petrifica
y que atraviesa
todo mi cuerpo.
Y llego a casa,
y miro al cielo,
y un papel roto,
un trozo roto,
un miedo menos,
un cielo eterno,
instante inmenso.
Un trozo roto,
un trozo roto,
un trozo roto
de
papel.
Un trozo roto de papel, que crea vida, que nace y muere con el sol, que te regala el momento, que te devuelve al centro, que magnifica el interior, que te abre a la alegría, que te conquista, que te avisa de que tú, no eres tú. Representación de ti misma. Amor a la vida, existencial, amor profundo en un trozo roto de papel. No quieres perderlo. Que no desaparezca este momento, en este instante en el que la montaña y el cielo son uno, y el sol el tercero, y se abrazan, y se funden, y tú como espectadora, el mayor disfrute de tu vida.
Creyendo que no sois machistas, que eso sólo se deja para los que nos pegan y nos matan.
Hablando de feminismo sin tener ni puta idea de lo que es el feminismo. Sin haber consultado, ni leído, ni mostrado el más mínimo interés por entender lo que significa y cómo surge el movimiento.
Diciendo que en vuestro entorno no hay machismo, sin haber analizado vuestro entorno.
Condenando a las mujeres por sus acciones sexuales, por su vestimenta, por su maquillaje.
Podéis continuar alimentando vuestra mierda ignorante. No importa.
La lucha se inició hace mucho tiempo, pero ya ha llegado la revolución; y no la podréis parar.
Simplemente quería un cartel distinto. Un cambio, un cero para volver a empezar.
Una obra diferente, abrir una ventana que me habían obligado a cerrar. Quería reconstruir los cimientos de mi vida. Y así surgió este espacio.
Había creado una historia que lo explicaba todo. Una historia en la que tú eras un egocéntrico de manual (voy a permitirme hablarte directamente, porque no pude hacerlo cuando debía) en la que nadie, claro, sabía que eras tú. Y yo un trofeo que creíste ganar. Un trofeo que al principio cuidabas y que utilizabas como éxito ante los demás, pero que luego fuiste olvidando en el estante del salón. Lo bueno de la historia es que al principio el lector no sabía que el trofeo era "yo", o "ella", en realidad da igual, podría haber sido cualquier mujer de este mundo.
Pero he tachado y emborronado toda la historia porque la verdad es que en estos casos es más efectivo hablar, sin tapujos:
Aparentemente eras alguien normal. Con tus cosas, pero normal. La realidad es que eras alguien miserable que odiaba ver cosas buenas en ella. Que la obligabas a reprimirse, que la insultabas y le gritabas. Que la utilizabas para explotar cuando tus inseguridades sembradas por el poco afecto de tu padre podían contigo.
Eso tiene un nombre.
Por suerte ella, o yo, o cualquier mujer de este mundo, se dio cuenta. No fue a tiempo, porque lo podía haber visto el primer día, y evitarse tus dramas de macho resentido con la vida. Pero tampoco fue tarde, porque pudo reponerse de tu mierda, y ser feliz.
Incapacitación forzada desde edades tempranas. Inhabilitación de sus cualidades personales, emocionales y mentales, en favor de la pretensión del culto a una única cosa: el cuerpo femenino.
Y en base a esto crecen nuestras niñas y niños: haciéndoles creer que pintarse las uñas y maquillarse es jugar a algo y, además, sólo de chicas. Que el rosa es de ellas y no está permitido para ellos. Que los juegos de construcción tienen carácter masculino y los muñecos femenino.
Que los niños no pueden llorar, y deben jugar bien a todos los deportes. Deben ser fuertes.
Que las niñas deben ser angelicales, sentimentales e intentar no mancharse. Ah, y siempre le tienen miedo al balón. A cualquier balón.
¿Creías que el machismo afecta sólo a uno de los géneros? Uno de ellos, ya sabes cuál, siempre sale peor parado ante los ojos de una sociedad que señala con el dedo. Pero el otro debe enrolarse también en un personaje suficientemente estudiado para no ser acusado.
Hoy es el día de la mujer, así lo llaman. No es un día de celebración. Es un día en el que se le recrimina al mundo, al unísono, que millones de personas son discriminadas por su género.
Maltratadas.
Violadas.
Calladas.
Invisibilizadas.
Subyugadas.
Obligadas.
Olvidadas.
Aterrorizadas.
No existe suficiente vocabulario en la rica lengua española para describir el estado de millones de personas a las que se les arrebata su libertad, su dignidad y sus derechos más básicos y fundamentales. Y la mayoría de ellas, son mujeres. Las madres de este jodido mundo.
Luchamos por nuestras hijas, nuestros hijos, nuestras hermanas y hermanos, sobrinos, sobrinas, madres y padres. Da igual su género. No es una defensa de unos sobre otros.
Quizás creas que no te afecta, como hombre.
Quizás creas que no te afecta, como padre.
Quizás creas que no te afecta, como hermano.
Quizás creas que no te afecta, como amigo.
Quizás creas que no te afecta, como vecino.
Quizás creas que no te afecta, como compañero.
Quizás creas que no te afecta, como pareja.
Quizás creas que no te afecta, como persona.
Quizás entonces deberías reducirlo todo a una cuestión puramente existencial, y entender que tú y tu alrededor sin mujeres, sin buenas mujeres, al igual que sin buenos hombres, resultaría inconcebible. Las mujeres luchamos día a día. Necesitamos que los hombres alcen el puño con nosotras, por nosotras y por ellos.
Te recomiendo: http://nochedesetas.blogspot.com.es/2017/03/aimez-vous-bordel.html?spref=fb noesnadapersonal.blogspot.com
¿Por qué el 8 de Marzo? => http://www.lasexta.com/noticias/sociedad/asi-fue-verdadero-origen-dia-internacional-mujer-sangre-barbarie-injusticia_2017030758bf0a4e0cf209599682e676.html
Martes por la tarde, delicada libertad.
Un horizonte plano revela la inexistencia
de aquello que tus ojos grises
no alcanzan vislumbrar.
Desde tu vientre, una linea vertical se despliega.
Tu pecho se expande, inmenso.
El aire oxigena tus pulmones, tus poros, tu pelo.
Tu cuerpo late y sientes el segundero de un reloj
que abraza tu muñeca,
como gotas de agua que rompen
sobre tu frente despejada.
Alzas el cuello al cielo,
el peso de tus hombros descansa sobre un no-cuerpo,
sostenido en el vacío.
Martes por la tarde, inesperada libertad.
La lucha se desvanece
y permites que ocurra lo inevitable:
el milagro del presente.
Enciendo mi ordenador. El trabajo agota mis sentidos y merma mi cuerpo, acumulando estrés en cada rincón. Durante la primera mitad de la mañana estudio presupuestos, valoro ofertas y atiendo a mi teléfono móvil. En cada llamada se repiten los mismos rolles. Yo acentúo el de mujer trabajadora.
Llega la hora del café. Mi estomago ruge y mi cerebro pide tregua. Un compañero me da el aviso y charlamos sobre más trabajo de camino al bar.
-Un desayuno completo.- Pide él.
-Tostadas con tomate y menta poleo, por favor.- Mi sistema digestivo no admite caprichos desde hace días.
Mientras esperamos ansiosos la comida, conversamos de una manera no demasiado natural ni distendida sobre el funcionamiento de las empresas, la situación laboral y el estrés. En la televisión, que no tiene sonido, continúan las noticias sobre el atentado en Bélgica.
-Joder, esto es increíble...- Afirmo a la vez que gesticulo con la cabeza hacia la pantalla.
Mi compañero gira su tronco ligeramente para entender el motivo de mi comentario y responde: "Es una pena".
Nos traen el desayuno. La camarera me comenta que se han equivocado y además del tomate me han añadido salmón.
-¿Te importa?
-¿Salmón? No como salmón. - Respondo confundida, con tono de incomprensión e indignación.
Mi compañero y yo nos miramos:
-¿Pero qué le pasa?
-¿Pides tomate y te traen salmón?
-¿Y me pregunta que si no me importa?
Criticamos la actuación de la camera y la cocinera con sorna. De vez en cuando mis ojos ponen atención en la pantalla. Veo humo y gente llorando. Mientras, seguimos hablando de cómo elaborar proyectos y yo vuelvo a quejarme porque aún no han llegado mis tostadas a la mesa.
Definitivamente, no era lo más fácil. No se trataba de algo con lo que fuese a disfrutar constantemente. Se tendría que conformar con felicitarse a sí mismo alguna que otra vez por los supuestos logros conseguidos.
No era aquello con lo que sentía una conexión cósmica, en donde los planetas alineados y un karma reverenciado frente a sí podría haberse tomado como normalidad.
Más bien era algo que en ocasiones, más de las que le hubiese gustado, producía una fuerte contracción en su estómago, un bloqueo en su mente y un pinchazo en su corazón; como si una aguja que entra suave y dolorosamente le desangrase el alma. Algo que le hizo dudar tanto de sí, de su potencial, de sus posibilidades, de su fuerza; que todo lo bueno parecía desvanecerse, evaporarse; cual agua que no tiene suministro constante.
Enclaustrados en el "No podrás" forjaban una cárcel de barrotes cuyo diámetro no paraba de crecer exponencialmente; hasta fundirse y crear una pared de hierro infranqueable. Pero lo hizo: Luchó contra sí, contra él y contra todos aquellos que decían no; y con el paso del tiempo entendió que vencer al miedo fue la gran heroicidad de su vida.
Hay que tirarse, porque en las piscinas sólo hay agua; y el agua siempre se evapora, pero el miedo nunca para de alimentarse.
Un túnel interminable.
Un mar de agua helada que bloqueaba el cuerpo.
Una llamada inoportuna que alargó lo inevitable.
Unas calles de pendientes pronunciadas que mis tacones eran incapaces de soportar de vuelta a casa.
Un masaje de pies con el que me conformaba como recompensa, con palabras escondidas entre tus manos suaves.
Las canciones que bailaba contigo eran una excusa.
Un momento de ligera intimidad entre la gente en un bar de jóvenes a las siete de la mañana.
Tres minutos de música en los que me escapaba de la realidad, cuando si me acercaba podía verse normal y abrazarte no era una locura.
Porque a pesar del miedo, a pesar del dolor, del daño, del sufrimiento; guardamos las lágrimas para hacer creer al mundo, tu mundo, que todo está bien.
Lloramos en solitario para no hacer llorar al resto. Para que las velas no se inunden con nuestras lágrimas y no se apaguen las llamas que encienden al resto de corazones.
Cuando salimos de un hospital donde todo va mal, y aguantamos el tipo porque las súpermujeres transmitimos ánimos y fuerza.
Somos súperchicas porque gritamos ante el mundo, porque reivindicamos nuestra existencia.
Porque decimos no y sí cuando nuestro sentido nos lo dicta, sin dejarnos llevar por una rueda que gira hacia ninguna parte. Porque tomamos las riendas a pesar de las críticas.
Las que han dado su vida por la familia hasta agotar sus fuerzas, hasta alcanzar el punto de lo inaguantable, hasta morir. Esas que dejaron de vivir, para darle vida al resto... También son las súpermujeres.
Noche de Luna blanca, gigante.
Noche de Luna que refleja
la luz que emana el Sol,
que regala vida en la Tierra.
Noche de Luna en transformación.
Adaptativa, cambiante, invisible.
Luna que evidencia el engaño
de nuestros sentidos.
Luna que aparece y desaparece,
Luna que cambia en perfil como
pequeños gajos de mandarina,
y que se torna suave y ligera,
con ese tono color marfil.
Añorándote en tu ausencia,
admirándote en tu plenitud.
Ahí, colgada del cielo,
sobre un mar inmenso
y una tierra que te abraza;
cual decorado de un escenario
donde una obra de teatro
está a punto de empezar.
Y con la Luna como musa,
en la entrada un cartel distinto,
otra historia por contar,
una nueva obra maestra...
De nuevo compartiendo lo que llevo meses guardando en mi libreta de mariposas y colibrís. Los teclados y las pantallas se alejan de mí en mi tiempo libre, pero nunca el sonido del trazo de mi bolígrafo con el papel.
Hartísima de escuchar a alguien. De que no te deje en paz con su verborrea y su palabrería abundante. Pues así estoy hoy: HARTA DE MÍ.
Porque la mente jamás cesa.
No calla, no aguanta, no para.
Y llevo unos días con una intranquilidad constante, que ni escritura ni deporte, ni mar, ni agua, ni nadie.
Como si tuviese dentro a un cualquiera ajeno a mí del que no soy capaz de desprenderme, al que tengo que escuchar de todas formas. Alguien que aunque no hable notas su presencia, como un pitido agotador y permanente.
Eso es mi mente, una maldita pesadilla en ocasiones. Mejor dicho: habitualmente.
Martina Valentía buscaba un libro especial. Sin demasiadas particularidades. Uno que, simplemente, la hiciera despertar. Se encontraba rebuscando en una vieja biblioteca de un pueblo muerto en cultura, donde se cuidaban las carátulas sin poner acentos en la lectura.
Entre polvo y columnas de libros desechados, optó por uno simple, más bien apocado. Una historia de un gato gruñón y muchas veces amargado. Se lo trajo a casa, y ahí, en una estantería lo dejó aparcado; con poca ilusión por su contenido, con cero esperanza en su vocabulario.
Tras unos días, Martina recuperó al libro del gato, levantándole el castigo. Jamás imaginó lo que desde entonces se había desatado. Se trataba de algo más que la graciosa historia de un gatito malo: tenía en su poder un arma que convertiría en cenizas todo entendimiento humano.
Era noche cerrada, las estrellas tiritaban y los lobos aullaban a una luna enorme. Era una de esas noches en las que miras al cielo y te pierdes en el infinito del Universo, una noche de aire fresco y sonido intenso. Al tomar el libro entre sus manos éste cayó al suelo. Abriose, y sin dar lugar a una breve lectura, a una mirada, a un primer contacto, todo alrededor de Martina comenzó a cambiar. ¡BUM! Los muebles se desplazaron a base de un golpe seco y la pobrecita Martina cayó al suelo sin remedio.
Se recompuso y corrió a asomar su naricita por la ventana, pero ¡¿Qué estaba ocurriendo?! Vio entonces la Luna más clara, mas grande y poderosa que jamás se había mostrado ante sus ojos. Una luna de belleza aterradora, que parecía doblegar ante ella cada ser de la tierra que Martina habitaba.
Sintió el cambio de rumbo, velocidad, mareo y vértigo. Cuando entendió que ahora en el satélite habitaban ellos. Se cambiaron las tornas del tiempo, de la existencia, de la física más simple y del profundo conocimiento: La Tierra giraba alrededor de La Luna, ¡como lo estás oyendo!
Martina intentó poner en orden sus pensamientos, recogió como pudo una habitación sumida en un desorden mucho mayor del que ella misma podía soportar. Cerró el libro del estúpido gato y lo colocó de nuevo en la estantería cercana al sofá.
¡BUM! ¡De nuevo todo revuelto! Otra vez un frenazo en seco. Ahora, más intrigada que antes, se deslizó por la pared poco a poco, hasta que sus ojos alcanzaron divisar lo que fuera ocurría: La luna volvió de nuevo a hacerse pequeña, etérea, sumisa. Subordinada al gran peso de La Tierra.
Saltaron todas las alarmas. Las noticias lo contaban: "un fenómeno extraño" mientras la ciencia lo negaba: "¡físicamente imposible!" Mientras, la gente asustada, no sabía qué había de verdad o de estafa. Martina advirtió a sus padres: ¡Ha sido el libro, Papá, ha sido el libro! Pero ya conocen a los mayores: incrédulos, sabelotodos, enclaustrados en conocimientos empíricos demostrados por las autoridades, pero nunca comprobados por ellos mismos, simplemente aceptándolo como verdades.
Esto no podía quedar así. Martina tenía que comprobarlo personalmente. Se acercó a ese dichoso libro. De pie, lo miraba con recelo. "No me gustas y no eres de fíar". Pronunció con tono despectivo y sin pensar. Lo atrapó fuerte entre sus manos y su pecho para evitar caídas y malos entendimientos. Colocado suavemente sobre el suelo, estaría a salvo de una nueva embestida. Respiración profunda... Martina Valentía. Pero el libro una nueva jugarreta le haría. Al abrirlo comenzó otra vez el caos, una Luna poderosa resurgió, se colocó como cuerpo dominante y La Tierra fue dibujando la trayectoria que ella le iba dictando.
"¡Lo sabía! ¡Es el libro! ¡Es el libro!". Exclamó mientras la adrenalina recorría el pequeño cuerpo de Martina.
Después de todo el vaivén de estos sucesos tan extraños, a los científicos del mundo no les quedaban más teorías. ¡Inventaron mil máquinas extrañas para obtener alguna prueba fehaciente de que aquello alguna lógica tendría!
Martina intentó explicarle al mundo que nada es lo que parece, que los conocimientos no son tan exactos a veces... y que tenemos el poder de ser planeta o satélite. Que los estereotipos son roles absurdos y que seremos lo que queramos cuando nos encontremos, aceptemos y descubramos en el interior de nuestro gran libro encantado. No necesitamos nada especial que nos despierte, solamente estar abiertos a explorar el presente.
Martina Valentía fue juzgada por la sociedad, catalogada de trastornada y trasladada a una clínica experta en inyectar medicamentos. Era más sencillo negar una nueva realidad que aceptar que vivieron dormidos durante todo el tiempo.
Porque, algunas veces, aflora una esencia de lo que conocí algún día.
Porque en la soledad de mi cuarto no necesito parecer guapa ni lista.
Porque es más sencillo
desnudar el alma ante unas lineas
que guardan secretos,
que escuchan y callan,
sin otro remedio;
que contar historias
a mentes perversas
de malos deseos.
Lo siento por ellos.
Se acabaron las argucias
para enjaular mis sueños,
y no dejar al descubierto
mis dudas, fatigas y miedos.
Aquí están, aquí estoy,
expuesta al infierno
de sus pensamientos.
Los versos me acogen,
me arropan, me esconden.
Cuentan con ternura
que temo a la gente
de mirada oscura
y ojos hechiceros.
Porque, algunas veces, aflora una esencia de lo que conocí algún día.
Porque en la soledad de mi cuarto no necesito parecer guapa ni lista.
No estoy aquí para dedicarte palabras bonitas. Tampoco para hablarte sobre la cruel realidad de la que todo el mundo tiene algo que decir. Vengo a contarte que el simple hecho de existir hace que todo esto sea maravilloso. Que no hay decisiones que tomar, ellas vienen y te eligen.
Sé que vas a sufrir cuando creas que la vida es injusta. Cuando catalogues lo que acontece como bueno o malo, cuando aparezca una bifurcación en el camino y pienses que no sabes elegir, o que tienes que elegir. Sufrirás cuando te montes en el carro del mundo, donde, al parecer, todo va fatal y eso se extiende a todos los seres del Universo... pues no hace falta que te montes. El mundo no eres tú, no soy yo, sólo es una habladuría más, otra manera de encasillar la realidad.
Las cosas simplemente suceden, a pesar de ti. Da igual que sufras, llores, grites o maldigas. Eso no cambiará nada. Tenemos la maravillosa capacidad de adaptarnos, ¿por qué no utilizarla? Cuando pase el tiempo, un día, dos horas, tres semanas o cinco años podrás mirar atrás, y te darás cuenta de la cantidad de cosas buenas que finalmente ocurrieron tras ese periodo de sufrimiento en el que te sumergiste. Entonces, quizás podrás encontrarle el sentido a lo que en su momento te generaba malestar, y quizás, también comprenderás que sin ese suceso no podrías ser lo que hoy eres, o que posteriormente algo increíblemente bueno te sucedió gracias a él.
Intentamos buscarle un sentido al presente, cuando sólo el futuro puede dárselo. Al mirar hacia atrás es más fácil ver cómo cada pieza del puzzle encaja fácilmente. Todo lo bueno está por venir, pero lo verdaderamente magnífico está ocurriendo en el instante. Resistirte a aceptarlo sólo hará más difícil vivir lo que inevitablemente te toca vivir.
Regalarte,
a sabiendas de que puedes tropezar.
Entregarte sin pensar.
Soltar lastre.
Descartar el "qué dirán".
El miedo carece de libertad.
Te encierra en una jaula
de barrotes forjados
en el "no puedo",
en el "¿qué vendrá?".
Suelta tu alma.
Vuela,
cual gaviota sobre el mar.
Fluye,
como pez en el agua,
como el río cristalino
donde viven nutrias adorables.
Camina como elefante,
pisando fuerte y trompa elegante.
Rescata a los demás prisioneros
que, como tú, se volvieron presa fácil.
Cuéntales cómo es vivir
sin miedo al miedo,
para que el "no puedo"
se desintegre, se deshilache.
Que caigan una a una
todas sus letras,
hasta que por sí mismo
deje de tener sentido
y abandone la batalla,
sin siquiera un último aliento.
Eres vida, energía,
cuerpo y alma.
Eres nada.
Una mota de polvo
sin importancia,
¡qué agradable insustancia!
Eres arte, armonía, perfección.
Eres baile subordinado
al movimiento finito
de tu corazón.
No eres pensamiento,
no eres mente,
no eres Yo.
No eres más que la expresión
de una belleza que se impone,
que se muestra,
que se regala a través
de cada insignificante ser,
o no ser,
que percibes.
Eres pura poesía
que viaja con el viento.
Que se posa en la hoja
de un árbol y cae con
ella en otoño.
Eres pasión,
sentimiento desbordante,
alegría.
Eres conciencia, inmensidad,
eres palabras vacías.
Por eso, no huyas.
Por eso, no temas.
La existencia, la vida, el amor
y todo lo que se presenta
bajo el encanto de tus pestañas,
se revela ante ti
para que asumas esta armonía,
este sentir,
como la perfección en sí misma.
Así, rodeada de maravillas,
una profunda felicidad aparece.
Sin deseos ni esperanzas
te entregas por completo
y acoges, sin memoria.
Existes, simplemente.
Tan sencillo como regalarte,
regalarte...
al presente.
Seguro que saben que desde no hace mucho está penado hacer apología del terrorismo por las redes, pero al parecer sólo cierto tipo de terrorismo. El machismo no parece estar considerado como tal, y vaya si lo es.
Para ponerles en contexto les voy a facilitar unos datos escalofriantes:
Desde 1975 a 2010 las víctimas mortales de ETA son 801. Ochocientos un muertos a lo largo de 35 años.
Si comparamos estos datos con los que he podido recopilar de las víctimas mortales por violencia de género nos damos cuenta del genocidio y la misoginia que existe y que aún se está produciendo en España: Desde 1999 al año 2010 se produjeron 893 muertes; y de 2011 a lo que lleva este 2014 suman 211. Lo que hace un total de 1104 muertes en 15 años.
801 muertes por ETA en 35 años => Terrorismo
1104 muertes por violencia de género en 15 años => ????
Cuando unas muertes están avaladas por un arraigo cultural y religioso, no se les da el tratamiento que se debe. Esto es un genocidio en toda regla que no se está teniendo en cuenta, contra el que no se está luchando lo suficiente. Los colegios e institutos deberían tener algún plan de acción que EDUQUE contra este tipo de pensamientos, para que los niños sigan viendo a las niñas como a un igual cuando crezcan y que no se dejen influenciar por toda la publicidad machista de este mundo.
Todo esto viene porque hoy vi un vídeo estúpido que no les comparto para no difundirlo porque me da cierta vergüenza. Ya saben que ahora está de moda que todo el mundo haga videoblogs dando su opinión sobre cualquier tema. En este caso básicamente era un tío que venía a decir, entre otras cosas, que era normal que una chica sintiese miedo en el metro si llevaba un pantalón demasiado corto, porque eso significa que es una "facilona", y que si liga es "porque es una facilona" (y claro, ya saben, un hombre no tiene armas suficientes para poder resistirse ante una "facilona").
A la estúpida persona de este individuo y a todo aquél que sea capaz de pronunciar ese tipo de palabras tengo un par de cosas que decirles:
1. LAS MUJERES NOS VESTIMOS COMO NOS DA LA PUÑETERA GANA, Y ESO NO LE DA DERECHO A NADIE A TOCARNOS, INSULTARNOS O AGREDIRNOS SEXUALMENTE. NO LES JUSTIFICA. Y NO SOMOS LA RAZÓN DE SU PROVOCACIÓN, ES SU PROPIA MENTE SUCIA LA QUE LES PROVOCA.
2. NINGUNA MUJER ES "FACILONA". LAS MUJERES DISFRUTAN DEL SEXO IGUAL QUE LOS HOMBRES, AL MISMO NIVEL Y BAJO LAS MISMAS CONDICIONES, SIEMPRE QUE SEA ALGO MUTUO Y CONSENTIDO POR AMBAS PARTES.
En fin, no saben a qué nivel de tristeza me lleva hablar de todo esto. Los hombres son más libres por tener más fuerza física, sí, muy triste. No tengo sinónimos para no repetirme. Algunas veces pienso que ojalá hubiese nacido hombre, porque las mujeres siempre tenemos que demostrar más para hacer entender al mundo que valemos lo mismo.
Los datos los pueden encontrar en los siguientes enlaces:
Hazme un hueco en el tiempo que te pertenece, que nos pertenece. Hazme un hueco en el calor de tu manta, acurrúcame en tu pecho... Carita de corazón amable. Quiéreme como antes, como nunca. Quiéreme más allá de mí, de ti, de nuestro acuerdo no escrito. Mátame sin anestesia con la verdad por delante. Dibuja mi silueta como lo hace el viento con cada punto de esta tierra: por rozamiento. Hagamos el camino. Un sendero por el que andar sin fin. Girando a nuestro antojo, con la intención de ir a ninguna parte, o a cualquier parte. Sólo con pasos tranquilos, envueltos en felicidad...
Quizás sea que ya dejé de querer cambiar el mundo, de interesarme por el mundo, de verme a mí misma luchando por utopías.
Quizás ya no me interese, o quizás sea que colectivamente estoy perdida, y mi individuo no es lo suficientemente fuerte para salir solo adelante.
Quizás ya pasó mi tiempo, quizás mi mente ya cae en la resignación ante la realidad, quizás los principios no eran tan profundos.
Algunas veces nos miro con distancia, como cuando vas a algún lugar por primera vez y todo te resulta extraño y así nos veo: Irreconocibles. Yo y mi teórica idea del comportamiento humano, y mis correspondientes dudas: ¿Voy a ser capaz de vivir libremente? ¿Voy a ser capaz de defraudar, de no llevar el camino esperado, de escuchar reproches, de aceptar y renunciar a hacerme responsable del sufrimiento ajeno; para realizar mis sueños, si es que aún los tengo?
Quizás ya he abandonado,
o quizás ahora sea el momento perfecto para soltar lastre,
para dejar de parecer culpable, para no responsabilizarme.
Pero todos esos sentimientos no sé si son reales, no sé si tienen alguna validez a nivel sensorial, si necesito aliviarlos o simplemente olvidarlos. No sé si son sólo el fruto del miedo al no-futuro, a la idea que yo tengo de mí y a la que los demás tienen de mí con ellos. No sé cuál es el momento.
Perdida.
Perdida.
Pensaba que lo difícil ya había pasado. Creía que los baches llegarían, pero sin más inseguridad. Sin miedo.
Siempre esperando la claridad en el futuro, siempre queriendo amarrar la vida...
Creo en ti, bajo esta luz que nos calienta.
Creo en ti, y camino kilómetros siguiendo el olor de tu cuerpo si hace falta,
con los ojos cerrados a cal y canto.
Porque creo en ti,
creo en ti,
creo en ti;
y en todas las perfecciones e imperfecciones
que dan forma a esta belleza convertida en persona
que lleva tu nombre y tu rostro.
Creo en ti mi amor,
mi amado,
mi pequeño y dulce desconocido,
que me regalas días, tardes y noches de vida.
Creo en ti por tu templanza, por tu armonía.
¿Cómo no iba a creer,
si contigo nací de nuevo,
si contigo se abrió el cielo
y descubrí otros horizontes?
Sería de tonta ilusa no saber, no valorar,
lo que tengo entre mis brazos al caer la noche,
lo que abrazo cuando despierto cada amanecer.
Porque PUEDES,
porque ERES,
porque ESTÁ en ti todo lo bueno.
Porque cada cosa que te propones
tiene suerte de que la hayas escogido,
porque tienes el don del buen hacer,
de la responsabilidad exterior e interior,
del pensamiento profundo.
Del amor verdadero.
Creo en ti.
Y no importará el espesor de la niebla,
ni la lluvia, ni los truenos de esta tierra;
no importarán la distancia,
el amor, el desamor o la añoranza.
Qué importa si no vuelves, si no vuelvo,
mientras tú estés aquí, en el mundo...
dejando tu olor en el viento que yo también respiro.
Mientras tú estés aquí, en el mundo;
sabré que todo aquello que te rodee estará a salvo,
y sabré también que en el peor momento,
siempre podrás venir a salvarme.
No es necesaria dedicatoria, ni siquiera hacían falta las palabras porque ya sabes quien eres, quien soy y quienes somos. Aún así lo hago, porque la inspiración surge y hace que me dé cuenta de lo maravilloso que es tenerte cerca. Trata de conquistar el mundo, estás hecho para ello.
Aquí no hay matices, debemos elegir. El SÍ o el NO. Eso es todo.
Quizás no sea tan sencillo.
Todos, en mayor o menor medida, hacemos un millón de actos al día que encajados y puestos en conjunto, destruyen el planeta. Desde poner la lavadora utilizando detergentes, con la aportación de sulfitos a la tierra y la contaminación que eso conlleva, hasta darse diez minutos de ducha sin cerrar el grifo, ¿saben ustedes cuántos litros de agua desperdiciamos al día?
Entonces, para empezar, debemos plantearnos un cambio de conducta serio. Yo no estoy a favor de las prospecciones petrolíferas en Canarias, ni en Ibiza, ni en ningún lugar del mundo. Pero voy en coche y en avión. Ese hecho no me hace culpable por supuesto, no he sido yo quien ha decidido imponer el carburante como sistema de generación de energía para el transporte; pero sí soy responsable de hacerlo eficientemente.
Necesitamos un giro de tuerca, ir un punto más allá, porque cada vez parecemos necesitar generar más energía incluso para estornudar. No se trata de encontrar nuevas y nuevas y nuevas fuentes del poder, sino de reducir notablemente nuestra dependencia.
Ya se tuvo que ampliar hace unos años las líneas eléctricas que alimentan al sur de Tenerife, por el consumo tan garrafal que había y no se era capaz de abastecer. Me he cansado de buscar por Internet y no he encontrado nada que me diga que los hoteles de lujo en Canarias, que consumen tantísimos recursos de nuestra tierra, paguen unos suplementos o mayores impuestos al año que el resto de canarios. Entonces yo me pregunto de qué va eso del turismo, y dónde están esos supuestos brutales ingresos que generan, ¿se queda realmente el dinero del alemán en busca de sol, en Canarias? Sólo en los trabajos indirectos y los impuestos que ellos generan; poco más. No sé si merece la pena agotar las galerías y los pozos de la isla para llenar las piscinas de los "súper lujo" y mantener encendidas las luces de sus pasillos.
¿Eres consciente de la contaminación que se genera para que llegue un trozo de carne a tu plato? No, no lo eres; mi querido carnívoro. Y no pasa nada; pero es una buena era para informarse, y sobre todo para colaborar con lo que estamos pidiendo. Porque resulta que contamina mucho más a nivel global comer carne que viajar en cualquier medio de transporte existente hoy por hoy. Por cierto, ¿te has fijado en cuánto plástico utilizas al día con todo este sistema de hiper-envasado que se han montado? Porque el plástico también procede del petróleo...
Supongo que muchos pensarán que lo ideal son las energías renovables, y estoy de acuerdo. Pero tampoco podemos llenar cada rincón de nuestra tierra de paneles solares o placas fotovoltáicas, ni nos vamos a poner un aerogenerador en cada casa. Las renovables también tienen un impacto ambiental que hay que tener en cuenta. Entonces, renovables SÍ, pero con cabeza. Con la cabeza de reducir el consumo de energía, de apagar el pilotito rojo de todos los aparatos eléctricos de casa, de no dejar enchufados los cargadores del móvil y de un sin fin de detalles minúsculos que unidos hacen una montaña casi más grande que la de la basura que tenemos acumulada en el PIRS.
Lo que me pregunto, es cómo podemos luchar para que no perforen nuestras islas, si nuestro sistema de vida se basa en un cúmulo de despropósitos ambientales. ¿Se trata de echarle el muerto a otro? ¿Que obtengan el petróleo de otra parte? Vale, pero sabes que esa "otra parte" corre el mismo riesgo que Canarias. Cuidado con pecar de egoísmo.
Si decimos NO a las prospecciones deberíamos empezar a decirnos NO a nosotros mismos. Decirnos no, alguna que otra vez, cuando creamos que necesitamos todas estas supuestas comodidades. Hay que pensar en cómo vives cuando luchas por algo; porque si no lo haces puede que tu causa deje de tener sentido.
Luces, sombras y matices. Grises, amarillos y verdes. Rojo pasión.
No es un juego.
No lo entiendas, no.
No lo intentes, no.
No te dejes llevar por la mente,
sólo siente.
No comprendo la técnica, pero no se basa en la técnica. No conozco el trazo. No sé en quién, ni dónde, ni en qué pensabas al escribir, mi querido Neruda, pero sí en quién, en dónde y en qué pienso yo cuando leo tus versos.
No es otra cosa más que mi experiencia,
mi percepción,
mis sentidos,
quienes definen lo experimentado,
lo percibido
y lo sentido.
Cuando pretendes limitar aquello que te rodea llevándolo al terreno racional, cuando todo debe estar definido por unos parámetros concretos, cuando quieres convertir lo que conoces en ciencia demostrable intentando aplicar la lógica en cada momento de tu vida, destrozas todos los momentos de tu vida.
Pero si sientes, sin preguntas; y acoges, sin respuestas;
Una botella de vino a medio terminar. Ojos de mirada amarga y una boca que escupe palabras fulminantes; el menú de esta noche.
Mientras llueve, truena y se despeja continuamente, nos espera la ciudad cambiante. La ciudad de la cara de acelga. La ciudad del verano que se esconde entre estas nubes negras de otoño e invierno. Y nosotros esperamos el transforming aletargados, impacientes; mientras terminamos la mitad de este vino espumoso, que no sabe a vino y que gracias a eso baja por mi gaznate.
Y no es posible,
no es posible mantener la paz en este contexto.
No es posible avivar un ambiente de templanza
en medio de una tormenta tormentosa.
Sí, redundancia.
El alcohol me sincera y la lluvia me altera.
Sí, pareado.
Hasta que ya no aguanto como H y me lanzo hacia las mil y una barbaridades que mi boca furiosa no puede contener.
La locura, el menú de esta noche. Cereales integrales para desayunar.
Los mejores recuerdos que tengo son los de mi infancia, y una de las cosas que más adoraba en el mundo era ver los dibujos con mi Papito querido. Hoy es el día del padre y, para mí, el día del mejor padre: Papi. Nunca lo podré llamar por su nombre conocido, sólo por ese cariñoso nombre que utilizo desde siempre; añadiéndole el "querido" en los días especiales como hoy, o en cualquier día en que quiera recordarle lo mucho que le quiero.
El caso es que veíamos juntos unos dibujos llamados Canuto y Canito; y de ahí su nombre extra-cariñoso; y como la distancia no me permite darle un abrazo enorme, no veo mejor forma para celebrar con él su día que viendo un capítulo de los dibujos que compartíamos en aquél sofá minúsculo:
Mil gracias por todos estos años, por la vida, por el amor, por las risas, por la comprensión y por todas esas cosas que me has dado que van más allá de lo material y que me han hecho ser la persona que soy ahora; porque lo material nos da cosas, pero todo lo demás es lo que puede hacernos infinitamente felices, y es lo que entre tú y Mami han conseguido conmigo.
Gracias por ser mi Papito querido, el mejor padre del mundo mundial.
Siempre me pareció curiosa la manera en la que la mente teje redes de relación entre temas aparentemente dispares:
Estaba leyendo
Siempre que leemos nos fijamos en las palabras
En la forma en la que están escritas
En su significado
En la resonancia que queda en nosotros
Y en este caso me fijé en los puntos
En lo importante que son los puntos finales, los puntos y aparte, los puntos y seguido; y en la relevancia de su uso en nuestra escritura
Seguro que tú también te has dado cuenta que en todo esto falta algo, que vas a continuar leyendo y no puedes hacerlo de forma natural
Claro, porque no hay puntos.
Tras darme cuenta de la importancia de los puntos, recordé una canción que escuchaba muy a menudo cuando era joven (más joven, quiero decir); por su cantidad de puntos, comas y putos y comas (adoro los puntos y comas, son como el reflejo del amor entre dos seres totalmente diferentes):
Lo cual me llevó a querer leer el soliloquio más bonito jamás leído por esta que escribe, el cual releo y releo sin cansarme; el de Segismundo:
Es verdad; pues reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición,
por si alguna vez soñamos.
Y sí haremos, pues estamos
en un mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña
que todo el que vive sueña
lo que es hasta despertar.
Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, (¡desdicha fuerte!),
¡¿que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?!
Sueña el rico en su riqueza
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende;
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí
de estas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sobra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños sueños son.
Por el gran Calderón de la Barca.
Leído esto, recordé una conversación de tarde que tiene que ver con los sueños, y cómo éstos se reproducen en nuestro sistema haciéndolos reales cuando se nos acelera el corazón o nos despertamos contentos por haber visto a alguien que nunca más podremos volver a ver la realidad palpable. Pero, ¿no es real lo que sientes? ¿qué es, sino el propio sentimiento lo que le da sentido a la existencia?
Te espero aquí, con una taza de té a medio tomar, mientras se impregna la tinta de la planta rojiza en el blanco pulcro de la porcelana. Te espero aquí, entre el desbordante e inspirador desorden, que me recuerda tu ausencia con cada puerta de armario sin cerrar. Te espero aquí, en el caos de comer, o no comer, o comer mal. Te espero aquí, En el tener que hacer y no hacer, en el pensamiento de más tarde, mientras te espero, te espero, te espero aquí.
¿Es la Tierra quien soporta el peso de mi cuerpo, o es mi cuerpo quien soporta el peso de la Tierra? Mis pequeños pies van dejando huella en este mundo remoto; y es que el mundo se vale de mis pies para sus antojos.
Concebimos al planeta como algo que está a nuestro servicio, que utilizamos a nuestra conveniencia y que no tiene nada que decir. Yo, en cambio, tengo la sensación de que más bien es él quien decide qué hacer con nosotros. Mientras nos deja destrozarlo un poquito, a veces se da el gustazo de devolvernos el golpe con alguna que otra catástrofe mortal.
Realmente no tenemos nada que hacer ante la cruel realidad de la naturaleza. Absolutamente nada. Estoy convencida de que algún día esta plaga humana será reducida con algún espectacular ataque por su parte, porque hemos inventado todo lo inimaginable para vivir y vivir y vivir. Porque el miedo a perder lo que amamos, el hecho de no querer aceptar a la muerte como parte integrada y fundamental de la vida, ha conseguido que desarrollemos curas para casi todas las enfermedades, que podamos engendrar hijos aunque la naturaleza nos los haya negado, que vivamos a pesar de que nuestro sistema esté muriendo; en definitiva, hemos conseguido que el ciclo de la vida, que la ley de la supervivencia más básica, desaparezca en nuestra especie.
Al olvidar que somos un mecanismo de la naturaleza que se vale de nosotros para desarrollarse, para traer y llevar semillas, para crecer, cambiar y transformarse; nos convertimos en estúpidos egocéntricos, que se creen por encima del bien y del mal. Y nuestro nivel de crueldad está muy por encima del animal o del instinto, porque lo hacemos a conciencia. Porque matamos y maltratamos a nuestra propia especie, a las demás especies y también al maravilloso mundo que aún es tolerante con nuestra falta de armonía.
A fin de cuentas este espacio siempre habla de mí, de mi visión, de mi experiencia. Pero hoy voy a darme un homenaje; hoy me expando hacia la inconsciencia, para asentarme un poco más en este cuerpo con el que me identifico y bajo el que me creo persona. Y lo hago por algo que me ha costado mucho conseguir y que significa para mí algo más que una definición profesional.
Nunca me vi capaz de hundirme. Era una de esas personas fuertes que podía con todo, que no se achantaba, que nunca nada se le hizo grande. Era una de esas personas con un ego poderoso, que se alimentaba con cada éxito y no se había preparado para afrontar un fracaso.
Fui como uno de esos globos de cumpleaños en los que a medida que pasan los días se van desinflando y al final parecen una pasa gigante, arrugada, de color amarillo y que jamás puedes recuperar. El miedo tomó mi cuerpo como hogar durante años y mi mente lo dejaba campar a sus anchas, cediéndole el control. Pero un día decidí recuperar las riendas; un día decidí enfrentarme a un miedo inventado por mí, y volví a recordar las palabras que mi padre me decía cuando en mitad de la noche aparecía el miedo y en ese entonces no era capaz de comprender: "ANA, EL MIEDO NO EXISTE".
Es cierto. Es todo una invención de tu mente, es el producto de no querer enfrentarse a la realidad, la consecuencia de creerse indestructible hasta que aparece la destrucción de tus estructuras mentales. Y las expectativas le dan de comer, porque en cuanto aparece una dificultad ahí está el miedo para hacerse un hueco. El miedo a no dar la talla, el miedo a la estupidez, el miedo a no ser lo que creías. El miedo al fracaso.
Cuando acepté el miedo, cuando aún seguía estando en mí pero decidí plantarle cara, cuando ya no me quedaba ni un espacio en todo mi cuerpo que no estuviese invadido por la oscuridad que provoca y aún así conseguí enfocar mi atención en una dirección diferente; fui capaz de ser capaz. Son las dificultades las que me han hecho crecer; son los inconvenientes los que han conseguido que me dé cuenta de la fortaleza real que reside en mí, de que puedo caerme y levantar cuantas veces haga falta, que puedo renacer y reconstruirme, que la capacidad de adaptación es la máxima cualidad de una persona, y que sin ella no habríamos podido persistir en ese desconocido llamado tiempo. El éxito de apoyar el puño, la rodilla y levantar la cabeza; el gran aprendizaje de mi vida.
Quiero que sepas, tú, cabeza insolente que me dices como debería sentirme en lugar de ayudarme a abrirme a la experiencia del sentimiento; que te abandono.
Quiero que sepas que es normal lo que ocurre mientras ocurra. Cualquier otra teoría es la extraña en esta única realidad y en esta única experiencia, en éste; el verdadero momento existencial. Dime si no, cuál es la razón de que acontezca lo que inevitablemente acontece, si no es porque simplemente es lo único que podría suceder; y eso lo envuelve en un aura de perfección que aún no hemos sabido valorar.
Tú o tu alrededor puede inventar una vida para ti, quizás planear cuán perfecto será todo en tu futuro inexistente, tu felicidad, tus coches o tus viajes. Tu pareja. El tiempo que dedicas a estudiar, a trabajar, a comer o a lavarte los dientes. El hecho de que no vas a morir joven, o de que tienes toda la vida para hacer aquéllo.
Voy a decirte algo: nada de eso depende de ti, así que no te esfuerces; porque cuanta más esperanza deposites, cuanto más esperes recibir a cambio de tu esfuerzo, cuanto más insistas en lo que tú o lo que cualquier cosa debería ser; más te alejas de aceptar el momento y, por tanto, más te acercas a la infelicidad.
No hablo de conformidad. Hablo de aceptación, de abrirse al espacio y a la experiencia sin juzgar. Si te sientes triste, siente la tristeza. Si te sientes enfadado, siente el enfado. El sentir está disponible para ti; ¿lo estás tú para él?
De mayor quiero ser rapera o escritora de poemas, poeta.
Pero el flow no llega. Dicen los dichos que "nunca es tarde" pero mi prosa es mejor que mi verso y aquí está el arte del versículo díscolo y descompuesto, que no rima y desentona, el que es imposible recordar, el que nunca será canción del verano o del invierno.
Leí a Neruda y a Benedetti, y el último me descubrió lo que decía Schopenhauer: "el amor es la compensación de la muerte, su correlativo esencial". Aceptemos a la muerte, a la vida y al amor, y fluyamos en armonía entre el triángulo de nuestra composición, entre las aristas que separan el área de lo esencial, de lo trascendental; aunque flotemos en el espacio de la pirámide que forma el vértice del miedo. El miedo a la muerte, el miedo a la vida y el miedo al amor.
De mayor quiero ser rapera o escritora de poemas, poeta.
El arte del desastre, del desorden o del caos en orden. El arte de entenderte o comprenderte, o quizás aborrecerte. El arte o el descarte. Todo depende del ojo que observa; todo depende del cuerpo que mira; de si algún loco entiende la locura que imaginas.
Ya no hay tiempo para el dolor. No queda tiempo para el recuerdo. Dicen que las cosas cambian y que nada es eterno, pero sí etéreo como la belleza que se esfuma. Como la inocencia que se pierde o la juventud que se merma. Vamos a hacer verso de prosa, vamos a contonear nuestras formas ante el ojo que asoma o esconde, que limpia o que ensucia, al que envuelve este aroma a frescura temprana, este aroma a siete de la mañana.
Estoy harta de las etiquetas. Literalmente. Son imposibles de arrancar. En serio, las únicas que terminan saliendo son las de los vasos de Nocilla y después de unos cuantos días de remojo y a base de frotar.
Mientras no sabía sobre qué escribir comencé a intentar despegar las pegatinas de una laca de uñas, que para mi sorpresa no resultó muy costoso; pero el resultado fue extrañamente inquietante: El envase pasó de ser alguien, a ser nadie. Tan sólo de quitarle la etiqueta se convirtió en una pintura que igual podría haber comprado en los chinos como en una gran superficie, o quizás en una perfumería. Pero más bien se volvió rancio, desconocido, inapetente. Da igual lo que hubiese pagado por él, sin su etiqueta no valía absolutamente nada. De haberlo conocido sin ella yo habría apostado por unos de esos bazares, que ahora se llaman "XINXUAN" en sustitución al clásico "Casi TODO a 150".
De ahí la siguiente pregunta: ¿Somos algo sin nuestras etiquetas?
Cuando vas a una entrevista de trabajo, o te presentas a un concurso, o conoces a alguien; el guión exige que que hables sobre ti o sobre tus pegatinas. Y mientras tú cuentas lo que crees que eres, mientras dices cosas que a nadie le interesan, la gente va creando su propia historia mental sobre ti, hasta que ya tienen listo su rectángulo mental con tu definición: "Gilipollas" -por decir algo-. Y entonces da igual las etiquetas que tú quieras ponerte, el otro ya te ha asignado la suya propia.
Por eso, porque queremos creer que le gustamos a la gente, insistimos en la idea que tenemos de nosotros mismos y no descartamos eliminar todos esos buenos adjetivos que hemos dejado en nuestro muestrario para tratar que el mundo no nos quite la razón. Actuamos como buenos comerciales y vendemos nuestro producto estrella continuamente; hasta que nos convencemos de que es así como somos: tal y como hemos escrito en nuestra etiqueta. Ahora ya sólo falta plastificarla y pegárnosla en la frente; porque tenemos un miedo terrible a quedarnos como mi pintauñas: despojados de nuestra identidad y vendidos en el todo a cien.
A lo mejor el mundo se ha vuelto loco y a mí ya me aburren las personas interesantes. O quizás tú, particularmente común y socialmente previsible no eres todo lo interesante que te piensas; y los extraños soñadores nos preguntamos por qué lo normal es raro y difícil de encontrar.
Puedo quejarme y hablar de lo que realmente sería lo normal, pero eso es caer -y caigo- en hablar bajo mi propio entendimiento, que para ti, persona que se siente normal, sería una autentica locura. Por eso digo que quizás el mundo esté chiflado, quizás yo no deba hacerme caso, y en verdad "lo normal" son todas estas tonterías a las que nos dedicamos.
Sigamos con nuestra normalidad, en nuestras estructuras inventadas y nuestro estrés auto-inculcado, queriendo alcanzar no sé cuántas metas con no sé qué finalidad, no vaya a ser que alguno de nosotros se vuelva un poco raro y los demás empiecen a contagiarse de nuestra extraña genialidad... "...Algunas veces dices cosas muy interesantes..."
"Las endorfinas son péptidos opioides endógenos que funcionan como neurotransmisores. Son producidas por la glándula pituitaria y el hipotálamo en vertebrados durante el ejercicio físico, la excitación, el dolor, el consumo de alimentos picantes o el consumo de chocolate, el enamoramiento y el orgasmo, y son similares a los opiáceos en su efecto analgésico y de sensación de bienestar".
No sé cuál fue el momento en el que comenzó la curiosidad por verse a uno mismo, pero estamos totalmente diseñados para percibir al mundo y para sentir lo que ese mundo nos provoca; no para vernos como terceras personas ante un espejo que nos cuenta sólo lo que nosotros mismos queremos ver, porque al fin y al cabo es el único momento en el que crees conocerte físicamente. Pero nunca ante un reflejo podrás saber cuál es la forma en la que el resto te percibe; y por mucho que lo intentes, eso no está en tus manos. Da igual cuánto maquillaje o la cantidad de laca que uses, tu belleza florece por sí misma cuando sonríes, cuando haces deporte, cuando practicas sexo, cuando disfrutas con la comida o abrazas a tus seres queridos. Tu cuerpo comienza a liberar endorfinas y una sensación de bienestar aparece en cada órgano, se abre a la plenitud y a la belleza ante la tranquilidad de la existencia, cuando por un instante olvidas que eres una persona, un cuerpo, una materia palpable.
La vida te ama tal y como eres. No necesita ni un sólo cambio en ti, y tú no debes darle ni un mínimo valor a tu apariencia, porque si realmente el tamaño de tus pechos o el brillo de tu pelo fueran algo importante o trascendental, estarías diseñada o diseñado para poder verte a ti mismo como un cuerpo, como una persona, con pechos hermosos y un fantástico cabello. No es un tópico, simplemente el mundo no necesita eso de ti. No es lo primordial, ni lo necesario, ni siquiera ocupa un tercer puesto en el podio. La belleza física es ínfima y subjetiva, y su vida útil diferencial con respecto a nuestras expectativas.
El mundo necesita que liberes sus endorfinas, como lo hace tu cuerpo cuando comes chocolate. Dale placer, ofrécele tu mejor versión, desata todo tu potencial y emite esa onda de bienestar que todos a tu alrededor necesitan.
Despierta y deshazte de lo que crees ver en tu reflejo, porque no nos hace falta gente guapa, sino personas que nos abran las puertas de la belleza.