Porque la mente jamás cesa.
No calla, no aguanta, no para.
Y llevo unos días con una intranquilidad constante, que ni escritura ni deporte, ni mar, ni agua, ni nadie.
Como si tuviese dentro a un cualquiera ajeno a mí del que no soy capaz de desprenderme, al que tengo que escuchar de todas formas. Alguien que aunque no hable notas su presencia, como un pitido agotador y permanente.
Eso es mi mente, una maldita pesadilla en ocasiones. Mejor dicho: habitualmente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario