20 de noviembre de 2014

NO HACE FALTA QUE TE MONTES

   No estoy aquí para dedicarte palabras bonitas. Tampoco para hablarte sobre la cruel realidad de la que todo el mundo tiene algo que decir. Vengo a contarte que el simple hecho de existir hace que todo esto sea maravilloso. Que no hay decisiones que tomar, ellas vienen y te eligen.

Sé que vas a sufrir cuando creas que la vida es injusta. Cuando catalogues lo que acontece como bueno o malo, cuando aparezca una bifurcación en el camino y pienses que no sabes elegir, o que tienes que elegir. Sufrirás cuando te montes en el carro del mundo, donde, al parecer, todo va fatal y eso se extiende a todos los seres del Universo... pues no hace falta que te montes. El mundo no eres tú, no soy yo, sólo es una habladuría más, otra manera de encasillar la realidad.

Las cosas simplemente suceden, a pesar de ti. Da igual que sufras, llores, grites o maldigas. Eso no cambiará nada. Tenemos la maravillosa capacidad de adaptarnos, ¿por qué no utilizarla? Cuando pase el tiempo, un día, dos horas, tres semanas o cinco años podrás mirar atrás, y te darás cuenta de la cantidad de cosas buenas que finalmente ocurrieron tras ese periodo de sufrimiento en el que te sumergiste. Entonces, quizás podrás encontrarle el sentido a lo que en su momento te generaba malestar, y quizás, también comprenderás que sin ese suceso no podrías ser lo que hoy eres, o que posteriormente algo increíblemente bueno te sucedió gracias a él. 

Intentamos buscarle un sentido al presente, cuando sólo el futuro puede dárselo. Al mirar hacia atrás es más fácil ver cómo cada pieza del puzzle encaja fácilmente. Todo lo bueno está por venir, pero lo verdaderamente magnífico está ocurriendo en el instante. Resistirte a aceptarlo sólo hará más difícil vivir lo que inevitablemente te toca vivir.

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