14 de marzo de 2013

QUE VIENE EL LOBO. Y EL LOBO VINO.

     Me planto. No tengo interés en aportar ni un sólo grano de arena, ni un segundo de mi tiempo en un modelo político que convierte en pirámide la justicia social. Hace tiempo lo escribí, y hoy de nuevo lo reitero: somos esclavos del Estado de Derecho, con el que colaboramos, para el que trabajamos, adaptamos nuestro enfoque y el cual no nos ofrece nada a cambio. Bueno sí, nos ofrece unos derechos que nos se nos garantizan y que en cualquier circunstacia se nos arrebatan.

Es la historia de la humanidad: alcanzar la cúspide para recaer luego en la decadencia. Para qué cotizo si no voy a recibir mi pensión, y cómo cotizo si vivo en un sistema que no me ofrece la oportunidad de hacerlo. Las normas, las leyes y las modificaciones de éstas, deben ajustarse al cambio de la sociedad, no al contrario. Si este modelo no nos sirve hay que cambiarlo, pero no en perjuicio de las personas que lo ejecutan. Dicen que no es posible, que sólo se trata de echar cuentas y que los números no cuadran: hay demasiados mayores para tan poco dinero. ¿Dónde está ese dinero, en vuestros sueldos vitalicios y finiquitos millonarios?

Trabajar más y cobrar menos, pensionistas que necesitan un minijob para llegar a fin de mes porque las generaciones que deberíamos estar pagando su jubilación no tenemos dónde trabajar... éstas son las propuestas de los que dictan las normas. Para cobrar tu pensión sólo te salvarán dos cosas: ser político o discapacitado. Aunque me temo que nos referimos a estos dos sectores con los términos intercambiados, porque aún espero encontrar la capacidad de los políticos que manejan este puto mundo. Bueno, ahora se dice que en realidad los políticos tienen las manos atadas, que los que mandan son los mercados, que el Congreso Alemán está plagado de lobbys que se mueven a sus anchas... !No sé entonces para qué les estamos pagando esos voluminosos sueldos si luego resulta que no pueden hacer nada¡ Políticos sin capacidades para lo que no les interesa.

Que no. Que no puedo colaborar con una comunidad que limita el derecho sanitario, que pide a los mayores que se mueran más pronto (así sería más fácil), que ofrecen como gran alternativa una esclavitud camuflada, que ha transformado el mundo desarrollado en un mundo desarrollado sólo para los ricos que viven en él. Que se olvida de que la cooperación es la única solución, el bien común la mejor salida y la educación la base para sostener a una sociedad.

Me tendré que ir a vivir a una comunidad hippie, o al campo a alimentarme de mis propios cultivos. Quizás al Polo Norte a congelarme en un iglú o a algún lugar en el que no me traten como a una puñetera mujer estúpida. Porque encima eso, no nos basta con tantas absurdeces, que además tenemos que mantenernos en nustras diferencias sociales: de sexos, de raza, de riqueza, de países, de comunidades, de provincias, pueblos, vecindarios e inclusio de habitaciones dentro de nuestras casas.

Que no aguanto ya con tanta tontería, con tantas falacias y buenos términos para malas acciones. No voy a esconderme más del lobo, y no voy a seguir alimentándolo para que cuando venga pueda comernos.

2 de marzo de 2013

NO TE REPRIMAS, NO SUFRAS, NO TE CALLES: ¡ACTÚA!

   Difícilmente lo conseguiremos, si inevitablemente nos lanzamos al abismo. Algunos días al despertame quiero negar al mundo: lo que me rodea no puede estar ocurriendo realmente. Todo depende del punto de vista, pero últimamente existe una visión común de desesperación y cabreo, mezclada con un desdén impulsado por el no actuar. Damos por echo que el cambio no es posible, que los gritos son vacíos y que nuestras voces cada vez más mudas. Porque nadie nos hace caso.

Ése es el problema: esperamos que nos hagan caso. Y al no conseguirlo generamos esa idea de que no tenemos poder. ¡Sí lo tenemos! Tenemos todo el poder del mundo, y aunque algunos quieran negarlo, viciarlo o arrebatarnoslo, debemos mantener presente la ceterza de que es imposible que lo hagan, porque tu fortaleza, la nuestra, la de todos, no se puede mermar ni es función de unas personas que creyéndonos tontos sólo demuestran su ignorancia.

Colectivamente los logros pueden ser infinitos, pero también individualmente, sólo con tu actitud ante estas situaciones que nos desesperan. Porque si os pasa como a mí algunas veces, que queréis negar lo que ocurre, odiáis toda esta mierda que nos está salpicando por culpa de unos irresponsables que nos quieren hacer responsables a los demás,  que sepáis que éste no es el camino. No, porque nos centramos en nuestro malestar, en nuestra desdicha y en el pésimo comportamiento de unos idiotas; en lugar de buscar la forma de salir adelante.

Sí, estamos hasta los cojones. Estamos indignados, cabreados, exaltados y profundamente dolidos mirando esta situación desde la barrera, con la sensación de que no podemos hacer nada. Basta ya de recordarlo. Lo estamos, ahora es el momento de cambiarlo.

Ahora se trata de ser funcionales, ser conscientes de cómo nos maneja todo este sistema de intereses y conseguir darle la vuelta con cada pequeña acción del día a día. Reclama hasta el último derecho que te corresponda, hasta el último céntimo y alza la voz ante cualquier mínima acción que te parezca mal, injusta, inadecuada o incompetente. No lo dejes pasar, no pienses que vas a perder el tiempo, que se enteren de que no somos mudos, y de que somos capaces de chillar y de remover hasta el último grano de arena para salirnos con la nuestra. El poder sólo es actitud. Los demás reflejarán un comportamiento hacia ti en función del tuyo hacia ellos. Mejor o peor en función de tu fuerza. Y tu fuerza no es de su propiedad. 

¿Algo te enfada? Manifiéstalo. Revienta la bandeja de entrada de Cospedal si hace falta. Cuelga carteles mostrando tu desacuerdo, hazte un blog, grita por la ventana y vete a todas las manifestaciones con las que te identifiques. Actúa individual y colectivamente dentro de tus posibilidades. Sé consciente de las injusticias, pero no dejes que las injusticias tomen parte en tu consciencia.