4 de diciembre de 2009

ESCLAVA


He vuelto a hablar con el espejo buscando la reconciliación. La convivencia en este espacio a veces se vuelve complicada, y no sé quién tiene la culpa. Él sólo muestra lo que soy, o lo que parece que soy, porque ya no lo sé; y no me gustan las verdades que me cuenta. Porque no es justo, porque no ha mirado dentro de mí para rebuscar y enseñar también lo bueno. Necesito dejar de convencerme y estar de una vez convencida, para que todo sea más fácil. Para borrar estos años de inseguridades que han hecho que reniegue de lo que soy y de lo que he sido, y sólo me haya fijado en lo que me gustaría ser.

Quisiera por una vez escribir primero el título y luego la historia, conociendo todos los puntos y las comas desde la primera a la última, y estar segura de dónde poner el punto y aparte. Pero el espejo me vuelve a contar las verdades o mentiras sobre mí. Soy a la vez víctima y verdugo de mí misma. Esclava de mis juicios y mis odios; y a veces siento que no puedo conmigo. Una vez más desconozco el final, no sé cómo encauzar la historia para que termine bien, o para que termine, simplemente. Porque el círculo es vicioso y se repite siempre, porque me siento incapaz de salir de él, encerrada y atrapada en sus infinitas aristas.

30 de noviembre de 2009

¿CONSTRUIR FELICIDAD?


F
elicidad: Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien. Así al menos viene definida en el diccionario de la Real Academia. Las circunstancias interfieren en la felicidad, y nuestra personalidad condiciona la forma de entender dichas circunstancias. ¿De qué tipo de bien hablamos? Platón, con el mito de la caverna creó la Idea de Bien, siendo ese Bien el máximo exponente para hallar la felicidad, pudiendo alcanzarlo desde, y únicamente, la razón. Aristóteles fue más allá: La causa final. Todo tiende a un fin. Y el nuestro, ser felices. Todos y cada uno de los procesos que vamos labrando a lo largo de nuestra vida, sólo son meros trámites para alcanzar nuestro mayor objetivo, nuestro mayor fin.

Aunque no entiendo la felicidad por sí misma, tan efímera y subjetiva, comprendo los conceptos básicos que la sostienen. A partir de los cuales todo se vuelve trivial, provocando el resurgir de las cuestiones. ¿Existencia o inexistencia del destino? ¿Está todo escrito, estipulado y ordenado o todo lo contrario? ¿Somos capaces de decidir o cambiar nuestro rumbo, o el propio hecho tomar el mando de nuestra vida, creyéndonos dueños únicos de ella, está ya determinado? Por tanto, ¿tenemos el poder realmente de ser felices por nosotros mismos? Y una vez logrado, ¿qué nos espera? La felicidad absoluta vendrá dada por la tranquilidad absoluta, donde todas las inquietudes habrán sido mitigadas. Y quizás ese conocimiento sólo haya sido concedido a un cuerpo divino o extraterrenal. Quizás sólo quien se creó a sí mismo sea capaz de entender su existencia, pero nunca la del propio poder de crearse.

El ser humano podrá labrarse un entorno aparentemente feliz, pero la mente seguirá despierta, y ya no valdrá con consultar a la almohada, no será suficiente con tomar una decisión, porque todas las decisiones importantes ya han sido tomadas. No tenemos tiempo de saber qué ocurre cuando lo tenemos todo. Cuando ya hay trabajo, ya hay familia, ya hay dinero que sostenga los caprichos o ya están cumplidos los deseos. Cuando ya ha pasado un tiempo de disfrute absoluto, sin preocupaciones ni a corto ni a largo plazo. El mundo occidental tiene estipuladas las edades a las que deben ocurrir las cosas, y luego ya no hay tiempo para nada, sólo está la muerte.

Los procesos para alcanzar el Fin son demasiado largos, quizás debamos resignarnos a no conocer la Felicidad, sólo los pequeños momentos felices, así que no me vale la definición de la R.A.E., no existe definición exacta para algo tan abstracto, y mucho menos comprensión ni conocimiento sobre él. Los caminos son extraños e inesperados, y lo que nos depara, esté ya escrito o por escribir, puede destruir nuestro castillo de arena, que aunque llegue a parecer sólido, en cualquier despiste se lo puede tragar la marea.

14 de noviembre de 2009

SEXTO SENTIDO

Incomodidad. Susceptibilidad. Mal humor. Los síntomas pre-menstruales y menstruales, la revolución hormonal y todas sus consecuencias. Quizás esos quejares son los que nos identifican, los que nos diferencia, los que te hacen ser mujer por razón propia. No por el hecho fisiológico de que tu óvulo muera y se desprenda de las paredes del útero. Sino por lo que ello provoca en tu estado de ánimo, en tu forma de comportarte, de encajar situaciones cotidianas como auténticas tragedias.

Cuántas veces habré escuchado el suplicio de ser mujer, y cuántas otras lo habré dicho. Pero qué regalo es en realidad. Somos las del sexto sentido, intuición femenina. Las que han sido fabricadas y amaestradas para luchar, para sobrevivir, para organizar. Nos creen sufridoras por naturaleza, algunos nos consideran el sexo débil, no se han dado cuenta de que a pesar de todas las trabas que nos ha impuesto la historia, englobando todos los factores sociales posibles, en todas las épocas y desde todos los tiempos, hemos conseguido lo que hemos querido, porque nadie ha sido capaz de reducirnos, aunque se haya intentado hasta la saciedad. Realmente, a nivel mental, nos han hecho un favor. Porque todo ese ataque, ese machaque continuo, sólo ha servido para que las nuevas generaciones nazcan con ese sexto sentido, con ese poder que nos hace encajar las adversidades. Que logra que tengamos fuerzas para trabajar a jornada completa: en el trabajo, en casa, en la presión social. En conseguir tiempo para la familia, para hacer y deshacer, para preocuparnos por todo excepto por nosotras mismas. Las mujeres tenemos la capacidad de olvidar nuestros objetivos, de borrar nuestras metas, por los nuestros. Porque la humanidad, la vida, nace de nuestro cuerpo. Nuestro vientre es algo divino y extraordinario, con lo que nada ni nadie podrá jamás compararse, porque no existe comparación posible.

11 de noviembre de 2009

ENCANTADOR DE SUEÑOS

No han venido a doblegarme,
pero eso han hecho tus caricias.
Han podido con mi orgullo,
con mi pausa y con mi prisa.
Son culpables de mi llanto,
son la miel de mi colmena,
soy la ninfa que te espera
al otro lado de la niebla.


Han conseguido calmarme
tus palabras hechiceras,
han logrado engatusarme
con olor de primavera.
Convirtieron en deseo
el contorno de tus labios,
deseé esos rojos suaves
por mi cuerpo navegando.

Han puesto vela a mi barco
tus razones y tus peros,
he derramado mi sangre
por mi encantador de sueños.
Eché el ancla en alta mar
descansando en tu regazo.
Mi pasión abandonada
al calor de tus abrazos.

4 de noviembre de 2009

LA CAIXA IRRITA A LA IGLESIA

Una cruzada en la que sólo los cristianos se libraron del poder de Dios, caracterizada por luchar contra los infieles y por el convencimiento de que sólo el cristianismo constituía la única doctrina para alcanzar al Supremo, fue el gran logro de los Reyes Católicos. En el siglo XXI ya no están de moda las hecatombes, ahora se lleva la demagogia, las palabras se falsean fácilmente.

La Fundación La Caixa ha publicado un libro titulado Violencia: Tolerancia cero, escrito por Inés Alberdi, que se repartía gratuitamente en las oficinas de la entidad y con el que, sin lugar a dudas, se intentaba lograr una mayor concienciación social para prevenir, en la medida de lo posible, que continuaran las muertes por violencia de género. En él, la autora hace alusión a lo que ya todos sabemos: la religión y la familia han forjado las bases fundamentales del machismo más intransigente. Una cultura en la que el hombre es quien debe trabajar, mantener a la familia, ser respetado y venerado por su mujer. Sin embargo, los más conservadores se han llevado las manos a la cabeza, ¿qué parte de la historia española no estudiaron algunos católicos?

Y es que para poner el grito en el cielo por un hecho tan evidente (¿o es que de pronto nadie sabe que el cristianismo se consolida bajo unos cimientos machistas?), se les debió pasar por alto algunas costumbres cristianas. Han tergiversado la información hasta tal punto, que han hecho creer que el libro intenta culpar a la religión y a la familia de la violencia. Han criticado a feministas y hecho eco de que todo es una trama política de izquierdas para desacreditar a la Iglesia y sus seguidores.

Hace cinco años, un grupo de católicos de derechas creó una fundación llamada “Hazte Oír”, que presionando han conseguido que este libro ya no se distribuya libremente, pues para conseguirlo ha de pedirse en las entidades bancarias de La Caixa. Pero atención, aún no ha llegado lo mejor: En su página web han publicado una carta dirigida al presidente Ricardo Fornesa y al Director General Isidro Fainé, para que todos los que quieran envíen el escrito por e-mail a los susodichos, pidiendo rectificación, retirada del libro, y preguntando “si uno de los fines de su “Obra Social” consiste en difundir el odio al cristianismo”.

Es decir, todos los españoles debemos soportar su intolerancia, su estancamiento social y cultural, su fanatismo y sus gritos de “España Católica” así como las manifestaciones por parte de la extrema derecha y de aquellos cristianos que arremeten contra todo lo que no se asemeje a su doctrina; pero ellos no son capaces de aportar un granito de arena para un bien común: la lucha contra la violencia. Lo que pretendía ser un objeto sensibilizador que ayudase a informar a la sociedad española de por qué, cómo y la manera de detectar y evitar lo que ocurre, se ha convertido en una estúpida lucha de ideologías políticas y religiosas. Aquí cada cual tira para el lado que le interesa.

En cualquier caso, es totalmente surrealista intentar convencer de que este problema no viene precedido por nuestra cultura, en la que ha intervenido de forma directa durante toda la historia de España, el venerado catolicismo. Piden que se les respete, se les tenga en cuenta, pero luchan en contra de una educación laica e igualitaria. Algo falla en el planteamiento. Hace siglos asesinaron personas, ahora matan las palabras.


Artículo escrito por AG publicado en el periódico digital El Crisol, finalista del concurso para estudiantes del diario El País (http://estudiantes.elpais.es).

1 de noviembre de 2009

20 POEMAS DE AMOR Y UNA CANCIÓN DESESPERADA


POEMA XX

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.


Pablo Neruda.

Uno de mis favoritos, siempre que termino de leerlo estoy un rato pululando, no entiendo cómo se puede escribir así, cómo es posible llenar y llegar tanto. Estoy enamorada de este hombre.

30 de octubre de 2009

YELLOW



Sentada, esperándote. 
Escuchando tus pasos lejanos y armónicos. 
Sosteniendo el reloj en las manos, contando cada segundo que tardas en llegar.
Imaginando gestos y palabras, balanceándome en tus ojos, en tus caricias.


Te encontré y caminé, esperando que algún día siguieras mi senda, que olvidaras el resto y vinieras por mí, y me cansé. 
No he mirado hacia atrás, tengo miedo de tu ausencia. 
No sé si has perdido mi rastro, pero cuánto tardas en venir... 

Por el camino dejé restos de mí para que pudieras encontrarme, fui vaciando mi bolso hasta que lo tiré a él también. 
Me quité la coleta y lancé el lazo; mis pendientes, mis zapatos. 
Anduve descalza, por ti. 
Y creí que de nuevo te perdiste, me perdiste; y otra vez. 

Desabroché mi pantalón y mi camisa, y los dejé en el arcén. 
Me quedé con el reloj para observar, sufrir y agonizar con cada minuto, 
y seguí el camino desnuda y sola. 
Y de nuevo no llegabas, y dejé mi alma para que la recogieras y la cuidaras mejor que nadie. 

Y ahora ya mi cuerpo no da más de sí. 
Estoy sentada, esperándote. Excusando tu tardanza. 
Odiando al reloj y al tiempo por seguir avanzando sin que tú hayas llegado.
Ven, encuéntrame ya, te necesito.

27 de octubre de 2009

EL TIEMPO NO CURA

Por esos paseos interminables, donde yo te cuidaba a ti, y tú a mí, para que no nos llevaran los coches. Por esa protección desinteresada que siempre que pudiste me brindaste. Y por los sorbitos de café y las conversaciones cuando jugaba a ser mayor. Por todas las noches que pasé contigo, y las risas que convertías en inevitables. Por quererme siempre más, por darte cuenta de mí. Por buena hija, buena madre y buena abuela. Por tu capacidad para ser justa y coherente, aún cuando no tenías capacidad para ello.

A la luz del patio, donde nada estaba diseñado para la lluvia, cogías calorcito bajo esa tela metálica que hacía a la vez de asadero y de techo, no sé cómo sobrevivían las flores. Una cocina azul muy pequeña, que parecía de mentira, me servía para “jugar a las casitas”, mientras tú andabas de un lado para otro. Ya no queda nada de eso, ni una mísera foto. Aún, después de tanto tiempo, te recuerdo cada día, porque me niego a que se borre tu memoria. Porque me angustio al escuchar la respiración agotada, de esos gatos que te maullaban dentro.

Seguí la línea roja, la de la vida, según estaba escrito, y te encontré, pero tú no ibas por ese camino. Estabas tan triste y apagada… tu mirada vacía me decía todo por ti, apenas eras capaz de pronunciar palabra. Quise cuidarte y verte cada día, no sabes cuánto siento no haberlo hecho. Son los recuerdos más duros. Tú en esa cama, sin posibilidad de decir cómo estabas, si sabías o no qué iba a pasar contigo, despertándote enferma y dolorida y sin conocimiento de qué hacías ahí. Me pregunto mil veces qué habría en tu cabeza, si en algún momento fuiste consciente de lo que pasaba, de que te morías.

No puedo seguir. Cada letra me duele. Pasa el tiempo y siempre espero que haya sido suficiente para hablar de ti sólo desde el cariño, desde el recuerdo dulce y alegre, pero siempre me doy cuenta de que nunca es el momento, de que la herida no cicatriza, y el tiempo no la hace sanar.

15 de septiembre de 2009

EL FIN COMO FIN

Toda acción tiende a un fin, un propósito, una conclusión. Pero, ¿hacia dónde tienden nuestras mentes? ¿Actuamos siempre para alcanzar o llegar a algún punto? o, por el contrario, ¿basamos nuestras acciones en el azar como resultado?

¿Somos mentes de pájaro en mano o de ciento volando?

Nuestro cuerpo, en el presente. Demasiado simple.
Nuestra mente quiere traspasar las fronteras del tiempo, ir más allá, un día en el pasado y otro en el futuro, adelantando las horas, atrasando los segundos, jugando con lo establecido.

Hemos convertido el mundo en nuestra imaginación, hemos inventado, innovado, avanzado con la historia, con tragedias y victorias. Jugamos a ser dioses, a girar la tierra con el índice, a retar a la natura sin contemplar su respuesta.

¿Dónde está la perfección? Aristóteles, seguidores, ¿y vuestra felicidad?
¿Por qué si sabemos el fin, no conocemos el proceso? ¿Y por qué aún sabiendo que en las guerras nadie vence, no cesamos en su intento?
¿Es el hombre el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, o es el hombre el único animal?

El cielo se cae, el mar se ennegrece, y nosotros, algunos gritamos y otros contemplan. Limitados al rebaño, aquí estamos, y ahí está: El fin como fin, la catástrofe como resultado.

CASCADA DE MARAVILLAS

Los olores me invaden, me absorben. Soy incapaz de eliminar tu aroma, suave y masculino, sumisa ante él y su significado. Te tengo dentro sin que estés dentro, eres dueño de mi gusto, tu sabor no me abandona. Siento tu halo, tu brillo, tu esperanza. Está en mí y no lo quiero, o sí lo quiero, tengo miedo de ti y de mí. De que desaparezca mi vaga y fina fragancia y de que mi desdén por recuperarla, obligada por el encanto de la tuya, me suma en tu olor para siempre.
Pasó el tiempo, como debe ser, y no fui consciente. No sentí diferencias entre el día y la noche, simplemente vivía, por placer. Natural y libre, pensamientos insensatos y divertidos acompañaban instantes que parecían perfectos. Como si una nube de paz y tranquilidad hubiera absorbido mi cuerpo y hubiera eliminado el estrés y el pesimismo. El espacio fue indiferente, daba igual el lugar o el momento, las sensaciones se repetían una y otra vez como una cascada de maravillas que nunca sabría describir.

27 de agosto de 2009

HOY, UNO DE ESOS...

Hoy es uno de esos días que quieres ver la cara buena del mundo, de los que enciendes la tele y pones el programa divertido, el de los niños que dicen disparates. Uno de ésos en los que te gusta pensar que nada es en balde, que es necesario y justo luchar por tus principios, por los de los demás. Y quieres leer todos los derechos humanos, para asegurarte que ni uno sólo se deja de cumplir. Uno de ésos en los que te encanta creer que los sueños se cumplen, que las utopías son mentira, que todo lo bueno nace. Y con tantas ganas y tantas fuerzas, y tanta moral alzada, comienzas el camino.

Pero antes paras y piensas. Si hay una cara buena es porque existe otra mala, y detrás de ésta, una peor. Y no puedo evitar preguntarme si todas esas cosas buenas lo son realmente, o se tratan del producto de comparaciones entre lo malo y lo no tan malo. La base de la conformidad, del existir por no llevar la contraria. Al valorar los problemas de cada cual y mirar los del resto es muy fácil entender que lo bueno es bueno por comparación.

Aún así, hoy es uno de esos días. Hoy los recuerdos se vuelven sonrisas y la melancolía felicidad. Cada canción lleva consigo algo por lo que vale sufrir todas las penas posibles. Es el momento de salir al balcón para chillar alto y claro que nada importa, que dejen de inculcarnos deseos por estupideces, que olviden por una vez la doble moral que rodea nuestras vidas y se atrevan a darlo todo por las personas que aman. Que ignoren al pequeño ser que nos incita al odio, ¡estamos cansados de él!

Hoy sabes que quizás vas a lidiar en ruedos complicados, y que es posible que tus esfuerzos se queden sólo en eso. Pero también sabes que hoy es el día en el que todo lo puedes. Hoy nada se interpone entre tú y tus demencias, porque hoy te has levantado con los ojos más abiertos y a la vez más cerrados que nunca. Porque hoy, por fin, eres feliz.

23 de agosto de 2009

ENSÉÑAME

Súbeme a un rascacielos y
llévame a ver el océano, libre.
Vamos a contar baldosas al parque
y a montarnos en columpios viejos y cansados.
Construye un castillo con hadas y duendes.

Tráeme chocolate y fresas.
Regálame cosquillas de azúcar
y hazme caricias con sabor a café.
Juguemos al escondite para que no te encuentre
y vuelve cuando te haya olvidado.

Rescátame de la rutina,
atravesemos la ciudad corriendo,
por medio de la gente.
Llena mi cama de caramelo y aceite.
Escúrrete por mi cuerpo poco a poco, fúmame.

Ordena mi desorden y dibuja nubes blancas.
Vamos al cielo a contar estrellas y
a saltar a la comba en Saturno.
Siéntate conmigo en un banco, miremos qué hace el mundo.
Dejemos que pase el tiempo sin sentir que se va la vida.

Explótame en cada segundo al mirarme,
arrópame después de la leche caliente,
un beso en la tripa… dulces sueños.
Conquístame con nada y olvídame con todo.
Acaríciame despacio en el balcón, mientras pienso.

Ayúdame a ver el mar en el horizonte.
Corramos desnudos por el desierto
hasta alcanzar un paraíso de arena mojada,
con diosas azules y música cálida.

Retózame, cántame y ríe.
Caliéntame, sofócame, déjate hacer.
Enséñame a soñar…

MAÑANA SERÁ OTRO DÍA

Hay días que mejor no levantarse. En los que da igual con qué pie comiences. Días en los que tienes un estado por defecto, sin posibilidad de modificar su configuración. Diriges al baño tus primeros pasos, mirada perdida e inconsciente, aún te duelen los ojos. Subes la vista hacia tu reflejo y ahí te encuentras: hinchada, enfadada, ojerosa y triste. Y entonces pronuncias tus primeras palabras: “vaya mierda”.

Se te han secado los ojos. Te has cansado de pensar y de luchar. Te has resignado a escuchar lo que no te gusta y a aceptar tu destino momentáneo. Así que, ausente de tus principios, sin demasiados ánimos para gritar en tu nombre, te rindes por unas horas ante tu adversario, confiando que en algún punto, se aburra de competir sólo.

Dentro de ti, a la altura del estómago, bichos que te comen te atormentan. Han formado una pelota gigante que te absorbe poco a poco y te han convertido en prisionera de su existencia. A pesar de tu inapetencia, decides llevarte algo a la boca, deseando que el desayuno sea el remedio. Tras un par de intentos, la leche se va por el sumidero y el pan al cubo de la basura. Otra vez los bichos ganan.

Tu yo gris no está por la labor de negociar, se ha enrabietado y ha cogido una pataleta de niño malcriado que no piensa abandonar tan fácilmente. Intentas hablar con él y le preguntas qué le pasa, y a mitad de la historia te aburres y te olvidas. En realidad no te interesa conocer su versión, sólo quieres que te deje en paz y desaparezca. Total, que después de debatir contigo misma durante un buen rato, empíricamente deduces y afirmas que, tarde o temprano, mañana será otro día.

NO SÉ

No me limpian las lágrimas ni me curan el dolor. No se me duermen los labios y no me preocupa, por suerte. Pero la mente se me ahoga en un mar gigante, que no tiene ni fin ni principio. Y el cuerpo es un acomodado del vicio, no hace más que pedir sin dar nada a cambio. No quiero no saber, y últimamente no sé ni qué no sé, y en el mar nado y nado y no llego a ningún puerto, y todos saben que odio nadar, mucho mejor flotar y dejar que a algún sitio me lleve la corriente. Pero, mientras tanto, no paro de pensar un mejor método para encontrar la costa, y sólo se me ocurren disparates. Desencadenantes que, para variar, no sé si me benefician, aunque tampoco creo que lo haga estar en medio de la nada, tumbada bocarriba sobre un mar ficticio intentando no hundirme. A veces siento cómo tiemblan ondas en mis oídos, y creo ver un pequeño barco a lo lejos, me remuevo y grito pero nadie escucha, así que supongo que no es más que fruto de mi imaginación, que me da tantas alegrías como tristezas cuando me doy cuenta de que sólo estoy pensando, que no es cierto. Y por eso en mi asquerosa y desesperante espera, cambio de formas repentinas de la risa al llanto, del sufrimiento a la felicidad en distancias tan infinitamente cortas que en muchas ocasiones se me cruzan todos los sentimientos a la vez y comienza el caos. El principio de lo difuso e incoherente.

No es posible negar lo evidente, pero la obviedad a veces queda tan lejos de lo que uno quiere ver, que se vuelve ciego ante ella. Y yo, de nuevo, no sé si me han puesto una venda o si lo que ocurre es que los axiomas juegan conmigo al escondite, pero está claro que yo siempre me la quedo y pierdo, porque todavía no he gritado un dos tres por ninguno de ellos. Aún me cuestiono, y no tiene nada que ver, por qué negamos afirmando, y por qué nadie me entiende cuando lo pregunto. Supongo que para alagar al oído, que si no se disgusta. Aunque yo odio que lo elogien porque sí. Cuando te lo regalan todo sólo con sonidos y te dibujan la mejor música que jamás escuchaste, luego tropiezas, te partes los dientes, levantas a duras penas y, aún así, quieres creer que lo que ocurre es que estás sorda. Por eso siempre mejor que vengan antes las bofetadas, para enjaular tus órganos y protegerte del posterior miedo.

Cuando no sé decir lo que quiero decir, los pensamientos se me aturullan y mezclan, y aunque desee sacar algo a relucir, cualquier resto de facilidad de palabra y muestra de diálogo coherente que pudiera yacer en alguna parte de mi cuerpo, mente o espíritu, se esfuma, se evapora. Como el agua del mar sobre el que floto. Es triste cuando comienzan a reproducirse imágenes en tu cabeza, recuerdos de personas, voces, caras, manos, de gente que estuvo en tu vida y ahora son sólo eso. Las relaciones humanas no hacen referencia al nombre. En ocasiones nos muestran las caras y las cruces, y a veces, incluso lo que ni siquiera el dueño de sí sabe sobre él. Y es increíble cómo, a pesar de los golpes, seguimos creyendo que cada ser nuevo, cada personalidad diferente nos va a dar todo lo que nos faltó, o lo que echamos de menos en algún momento de nuestra vida. Ponemos toda la carne en el asador confiando que por fin todos los fracasos serán recompensados, y que de verdad existe una relación cósmica en la que lo que perdiste un día lo recuperarás de alguna forma en otro. Joder con el optimismo…

Piensas y piensas y crees que en algún momento llegarás a una conclusión satisfactoria y merecedora de llevarla a cabo, pero después de todo el vaivén que te acompaña con la marea, sólo te has dado cuenta de la simplicidad de las cosas, y de cómo te empeñas sutilmente en complicarlas, engañándote sin enterarte. Pero así es más divertido, aunque me reitero en lo que tantas veces a mi misma me repito: no sé si…

22 de agosto de 2009

DE MUDANZA

Soy nueva. Me acompaña una mezcla de curiosidad y despiste, vienen y van ideas absurdas que aún no entiendo. Me balanceo en mis propias críticas sintiéndome idiota e incoherente, y aquí estoy, luchando contra eso. Sosteniendo un rincón anónimo y vacío, como una mudanza. A veces tonteo con la necesidad de abrir las ventanas que sujetan el aire, pero nunca termino la faena. Y hoy, con un grado de timidez y vergüenza, he decidido subir las persianas, para que sea más fácil leer en mi habitación.

Y por eso, después de todo,
se apagan las luces y se acaba la función.
Y en la entrada un cartel distinto,
otra historia por contar,
una nueva obra maestra...