He vuelto a hablar con el espejo buscando la reconciliación. La convivencia en este espacio a veces se vuelve complicada, y no sé quién tiene la culpa. Él sólo muestra lo que soy, o lo que parece que soy, porque ya no lo sé; y no me gustan las verdades que me cuenta. Porque no es justo, porque no ha mirado dentro de mí para rebuscar y enseñar también lo bueno. Necesito dejar de convencerme y estar de una vez convencida, para que todo sea más fácil. Para borrar estos años de inseguridades que han hecho que reniegue de lo que soy y de lo que he sido, y sólo me haya fijado en lo que me gustaría ser.
Quisiera por una vez escribir primero el título y luego la historia, conociendo todos los puntos y las comas desde la primera a la última, y estar segura de dónde poner el punto y aparte. Pero el espejo me vuelve a contar las verdades o mentiras sobre mí. Soy a la vez víctima y verdugo de mí misma. Esclava de mis juicios y mis odios; y a veces siento que no puedo conmigo. Una vez más desconozco el final, no sé cómo encauzar la historia para que termine bien, o para que termine, simplemente. Porque el círculo es vicioso y se repite siempre, porque me siento incapaz de salir de él, encerrada y atrapada en sus infinitas aristas.
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