Súbeme a un rascacielos y
llévame a ver el océano, libre.
Vamos a contar baldosas al parque
y a montarnos en columpios viejos y cansados.
Construye un castillo con hadas y duendes.
Tráeme chocolate y fresas.
Regálame cosquillas de azúcar
y hazme caricias con sabor a café.
Juguemos al escondite para que no te encuentre
y vuelve cuando te haya olvidado.
Rescátame de la rutina,
atravesemos la ciudad corriendo,
por medio de la gente.
Llena mi cama de caramelo y aceite.
Escúrrete por mi cuerpo poco a poco, fúmame.
Ordena mi desorden y dibuja nubes blancas.
Vamos al cielo a contar estrellas y
a saltar a la comba en Saturno.
Siéntate conmigo en un banco, miremos qué hace el mundo.
Dejemos que pase el tiempo sin sentir que se va la vida.
Explótame en cada segundo al mirarme,
arrópame después de la leche caliente,
un beso en la tripa… dulces sueños.
Conquístame con nada y olvídame con todo.
Acaríciame despacio en el balcón, mientras pienso.
Ayúdame a ver el mar en el horizonte.
Corramos desnudos por el desierto
hasta alcanzar un paraíso de arena mojada,
con diosas azules y música cálida.
Retózame, cántame y ríe.
Caliéntame, sofócame, déjate hacer.
Enséñame a soñar…
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