2 de enero de 2014

EL GRAN APRENDIZAJE DE MI VIDA

   A fin de cuentas este espacio siempre habla de mí, de mi visión, de mi experiencia. Pero hoy voy a darme un homenaje; hoy me expando hacia la inconsciencia, para asentarme un poco más en este cuerpo con el que me identifico y bajo el que me creo persona. Y lo hago por algo que me ha costado mucho conseguir y que significa para mí algo más que una definición profesional.

Nunca me vi capaz de hundirme. Era una de esas personas fuertes que podía con todo, que no se achantaba, que nunca nada se le hizo grande. Era una de esas personas con un ego poderoso, que se alimentaba con cada éxito y no se había preparado para afrontar un fracaso.

Fui como uno de esos globos de cumpleaños en los que a medida que pasan los días se van desinflando y al final parecen una pasa gigante, arrugada, de color amarillo y que jamás puedes recuperar. El miedo tomó mi cuerpo como hogar durante años y mi mente lo dejaba campar a sus anchas, cediéndole el control. Pero un día decidí recuperar las riendas; un día decidí enfrentarme a un miedo inventado por mí, y volví a recordar las palabras que mi padre me decía cuando en mitad de la noche aparecía el miedo y en ese entonces no era capaz de comprender: "ANA, EL MIEDO NO EXISTE". 

Es cierto. Es todo una invención de tu mente, es el producto de no querer enfrentarse a la realidad, la consecuencia de creerse indestructible hasta que aparece la destrucción de tus estructuras mentales. Y las expectativas le dan de comer, porque en cuanto aparece una dificultad ahí está el miedo para hacerse un hueco. El miedo a no dar la talla, el miedo a la estupidez, el miedo a no ser lo que creías. El miedo al fracaso.

Cuando acepté el miedo, cuando aún seguía estando en mí pero decidí plantarle cara, cuando ya no me quedaba ni un espacio en todo mi cuerpo que no estuviese invadido por la oscuridad que provoca y aún así conseguí enfocar mi atención en una dirección diferente; fui capaz de ser capaz. Son las dificultades las que me han hecho crecer; son los inconvenientes los que han conseguido que me dé cuenta de la fortaleza real que reside en mí, de que puedo caerme y levantar cuantas veces haga falta, que puedo renacer y reconstruirme, que la capacidad de adaptación es la máxima cualidad de una persona, y que sin ella no habríamos podido persistir en ese desconocido llamado tiempo. El éxito de apoyar el puño, la rodilla y levantar la cabeza; el gran aprendizaje de mi vida. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario