Lloramos, pero en el silencio de nuestro cuarto,
mientras conducimos, mientras nos duchamos.
Lloramos a solas.
Así somos las súperchicas.
Porque a pesar del miedo, a pesar del dolor, del daño, del sufrimiento; guardamos las lágrimas para hacer creer al mundo, tu mundo, que todo está bien.
Lloramos en solitario para no hacer llorar al resto. Para que las velas no se inunden con nuestras lágrimas y no se apaguen las llamas que encienden al resto de corazones.
Cuando salimos de un hospital donde todo va mal, y aguantamos el tipo porque las súpermujeres transmitimos ánimos y fuerza.
Somos súperchicas porque gritamos ante el mundo, porque reivindicamos nuestra existencia.
Porque decimos no y sí cuando nuestro sentido nos lo dicta, sin dejarnos llevar por una rueda que gira hacia ninguna parte. Porque tomamos las riendas a pesar de las críticas.
Las que han dado su vida por la familia hasta agotar sus fuerzas, hasta alcanzar el punto de lo inaguantable, hasta morir. Esas que dejaron de vivir, para darle vida al resto... También son las súpermujeres.
Lloramos, pero no ante el mundo.
Lloramos, pero en el silencio de nuestro cuarto,
mientras conducimos, mientras nos duchamos.
Lloramos a solas.
Así somos las súperchicas.
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