Tal y como nos hemos criado y crecido, el entendimiento occidentalizado que tenemos sobre la forma de vivir nos ciega y nos encierra en actuaciones que cada vez que analizo con cierta distancia, me parecen más absurdas. No tengo la menor idea de cómo se organizan los residuos en el resto de España, ni siquiera en el resto de islas, pero aquí, en Tenerife, los montones de basura se llevan al P.I.R.S.; un lugar donde se preparan los residuos para luego trasladarlos (pagando para poder depositarlos, evidentemente) a donde realmente se acumula toda la porquería que generamos a lo largo de nuestra vida.
Se trata de una especie de pirámide de mierda que se va tapando en cada tongada con algo que parece tierra, y se confunde perfectamente con el paisaje. Desde el verano del pasado año a este, la pirámide ha crecido vertiginosamente y ya cada vez falta menos para que llegue a la cúspide. Según lo publicado en la página web del Municipio de Arona, en menos de una década se va a producir el colapso de este vertedero. No sé qué harán entonces para resolverlo. Tenerife debería poseer un plan ambiental más solido y considerado con el entorno, con plantas de reciclaje, porque realmente la mierda nos come. Pero no se trata únicamente de lo que el P.I.R.S. absorbe, sino de todos los trastos inútiles que vamos amontonando en nuestras casas. Somos dueños de pequeños basusreros que en el futuro son vaciados y trasladados al lugar de la basura común. He dejado de ver objetos para pasar a ver basura.
Quizás creemos que necesitamos todas estas cosas, quizás tenemos la idea de que es necesario vivir en una casa bien decorada, o que los alimentos vengan envasados en plástico hasta un nivel que traspasa los límites (de verdad, no hace falta que dentro de un paquetito de té, cada porción venga también cubierta por una funda de plástico!, y es sólo uno de múltiples ejemplos...). Cuando veo a gente comprar muebles, no puedo dejar de pensar que dentro de un tiempo querrán volver a cambiarlos y todo ello terminará en el vertedero de la isla, en lugar de encontrar una manera cómoda para reciclar y renovar al mismo tiempo. Y lo hacemos con todo continuamente.
Puede parecer inusual, estúpido o sin sentido, pero estoy convencida de que, no sólo no nos hacen falta todos los objetos que poseemos, sino que con un lugar donde poder sembrar y un techo donde dormir calentito nos basta para vivir y ser felices. Sin necesidad de preocuparse por la economía, por dar la talla, por el trabajo, por la presión social. Sólo vivir con quien quieres y, por fin, ser feliz. Podríamos volver a tomar contacto con la tierra, de manera natural y limpia. Realmente no encuentro la necesidad que existe de crear un objeto con el cual puedas conseguir otros, el valor que se le ha dado a la ropa, a la electrónica, al dinero mismo... en este momento se escapa de toda lógica vital.
Seguramente vivir de esa manera ahora se consideraría volver atrás, malvivir, pasar trabajos innecesarios. Si tantos placeres proporciona esta tipo de vida, si es tan buena y tan satisfactoria como para que otras culturas quieran imitarla, ¿Por qué entonces existe tanta infelicidad? ¿Por qué no somos capaces de apreciar todo lo bueno de lo que que se supone gozamos? Ser feliz no puede tener nada que ver con esta forma de actuar que nos hemos inventado, ni con este régimen social, sólo con nuestra propia paz y la del entorno que nos rodea.
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