8 de abril de 2013

TU LADO DE LA CAMA

   Territorialidad. Como todo, sólo un concepto, pero hacemos de ella nuestra forma de vida. Nos agarramos a lo que tomamos por propio y lo queremos como si a nivel existencial su valor fuera incalculable. Tu taza del desayuno, tu toalla color pastel, tu sitio perfecto del sofá... ¡Que nadie lo toque!

Pero no nos queda otro remedio que compartir. Incluso el más aferrado y tacaño sin darse cuenta lo hace, porque la existencia no se concibe sin ello. No se trata de regalar objetos, no se trata de ceder tu lado de la cama por complacer al otro, es cuestión de entender que todo y nada es nuestro. Que tú eres yo y yo soy tú, y seremos mucho más felices si bebemos del mismo tazón de vez en cuando, porque conseguiremos deshacernos de esa idea de propiedad que nos persigue. Cuando soltamos el lastre y los objetos toman un segundo plano, querernos es lo más fácil y sencillo que se nos presenta. 

"El que da, da y recibe, el que recibe, sólo recibe. (...) Como cuando un niño pequeño te regala un dibujo horrible, y tu lo recibes como si fuera la cosa más bonita" Las palabras exactas no están en mi recuerdo, pero sí la sensación de regalar dibujos horribles y sentirme infinitamente feliz. Cuando das, recibes doblemente. Si amamos sin intención, si nos alejamos del proyecto, nuestro lado de la cama carece de sentido.

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